A lo largo de los años, tanto en mi vida personal como profesional, me he llevado a la cama auténticas maravillas, pero también verdaderos desastres.
TODO REQUIERE UN TIEMPO
Ya sean personas o productos, no se puede esperar que todo vaya como la seda en un primer encuentro, se requiere de cierto tiempo para poder entrar en sincronía. Por supuesto, cuando hablamos de amantes, puede llevar más tiempo, por aquello del libre albedrío. De primeras no sabes qué le gusta a la otra persona, cómo, con qué ritmo, si le da cosquillas que le hagan sexo oral, si muge cuando alcanza el orgasmo, si le pone eso que estás haciendo, si gusta de dar o recibir azotes, o si es de esas personas que cambian tanto de postura que necesitas una brújula para orientarte.
Para que las cosas fluyan, se requiere un rodaje.
Probar varias veces, dar las indicaciones adecuadas, escuchar las que nos ofrezcan y tener la voluntad de que el disfrute sea compartido. Cuando todo fluye de primeras, es algo mágico, como un unicornio sexual. Pero no nos engañemos, eso se ve pocas veces.

PRUEBA Y MÁS PRUEBA
Creo, la mayoría de las veces, en las segundas oportunidades. Eso me ha hecho descubrir personas y productos estupendos que sólo necesitaban un poco más de tiempo de prueba. Los nervios, el desconocimiento, el miedo a lo nuevo, la falta de batería… A veces hace que seamos más torpes que Urkel, pero si tenemos una segunda oportunidad, quizá encontremos (o nos convirtamos) en una joya.
Con las segundas oportunidades hay que ser selectiva, no siempre merece la pena darlas (o que nos las den) porque aquello no va a fluir ni aunque nos bañemos en aceite. Es importante poder fiarse del instinto para evitar pasar ratos de mierda. Y lo que es peor, repetirlo.
LO PEOR QUE ME HE LLEVADO A LA CAMA
En general diría que he tenido suerte, buen instinto, o una combinación de ambas. Pocas veces me he encontrado con la mirada perdida mientras intentaba entender por qué mierda había acabado en la cama con ese desastre. Pero por selectiva que sea, no soy infalible.
He de aclarar, antes de continuar, que follo por placer y pruebo productos eróticos por trabajo (bueno, algo de placer también hay). Igual que cuando conoces a alguien no sabes cómo será en la cama, con los juguetes sexuales pasa algo parecido. Y lo que parecía una gran idea, se convierte en lo peor que me he llevado a la cama.
EL OPOSITOR
Típico rollo de App. Nos conocemos una noche, nos embalamos en mi parcela a punto de follar contra una pared y le freno porque ni condones y ganas de que me echen de la comunidad. Unos días más tarde quedamos para ir a un love hotel que pagamos a medias. El hombre más parado que una señal de STOP. Tomo la iniciativa, no hay problema, pero el feeling de la otra noche ni está, ni se le espera.
Vamos de la cama al sofá tantra. Julio, ola de calor, completamente desnudos, sofá de polipiel. Aquello tiene menos adherencia que la piel de un plátano. Nos movemos, o lo intentamos, pero en cuanto parece que cogemos la postura y el ritmo, alguno de los dos se resbala y vuelta a empezar. Volvemos a la cama.
Lo doy todo, porque para follar a medias me quedo en casa. El opositor se corre entre espasmos. Todo ok. Se tumba a mi lado y mira al techo recobrando el aire. Ok.

Yo sigo masturbándome, no he pagado la mitad de la habitación sólo para hacer el aquapark en el sofá. Él sigue mirando al techo. Le pido que me ayude un poquito. Me toca un pecho y a los 2 minutos se cansa, se levanta de la cama y se mete en la bañera de hidromasaje. WTF!! ¿Sabes lo difícil que es correrse mientras él se ducha y te cuenta su vida? Lo conseguí, no gracias a él. Más bien, a pesar de él.
El hotel peor aprovechado de mi vida. Con lo bien que estaba yo en el sofá.
EL ASA PARA BOLSAS
¿Recuerdas que hace años (muchos) se popularizaron unas asas de plástico para llevar las bolsas del súper y que no te cortaran la circulación de los dedos o los seccionaran directamente? Pues me contrataron la review de un producto erótico con un diseño muy similar a eso.
Cuando te dedicas a esto profesionalmente muchas veces no eliges el producto en cuestión, la marca o tienda decide qué quiere promocionar y es lo que te envía (puedes negarte, claro, pero una es autónoma y pobre), salvo que puedas negociar.
El producto llega a mis manos, y me encuentro consultando las instrucciones —algo muy poco frecuente— porque no logro entender qué va dónde, ni cómo. No me extenderé en lo mierda que era el juguete, sólo te diré que acabé con dolor en la vulva, el juguete se recalentó varias veces, agoté la batería por completo (90 minutos) en un solo uso y el orgasmo no lo vi ni en tarjetas. Que no es que yo me corra a la velocidad del rayo en cualquier circunstancia, pero era la primera vez que, en condiciones propicias, no era capaz de correrme durante una prueba de producto.
Aquella review ha sido una de las más difíciles de redactar. Fui honesta, de la manera más educada posible, pero sin destrozar el producto. Al fin y al cabo, puede que para otra persona fuera el mejor juguete del mundo.
EL ACTOR PORNO
O eso se creía él que era. Sinceramente, pocas veces he visto algo tan sobreactuado. Te seré sincera, esta vez sí repetí. No porque ese rollo de actor prono me gustara, sino porque la primera vez que follamos no se comportó como si alguien sostuviera una cámara frente a nosotros.
Esa segunda vez fue en mi casa. Con eso de que mi ámbito de trabajo es lo relacionado con la sexualidad, muchos se confunden y creen que lo he probado todo, de todas las formas y que mi estado natural es el de actriz porno mainstream de los 90. Nada más lejos de la realidad. Pero el actor porno —y la gente como él— creyó, porque se lo debió decir el oráculo de la estupidez, que me gustaban determinadas cosas, y ni se molestó en preguntar. Tremendo imbécil.
Perdí la cuenta de las veces que me preguntó si me gustaba su polla mientras se la comía, mientras follábamos, e incluso cuando «terminamos» y el único orgasmo presente era el suyo.

Yo, que odio mentir, me vi obligada a hacerlo. Todo por esa ética mía que evita que vaya hundiendo moralmente a quienes se creen dioses del sexo.
Algo me decía que NECESITABA oír que sí, aunque, entre tú y yo, tenía una de las pollas más feas que he visto.
EL DESPERTADOR
¿Quién no querría despertarse con la genitalia latiendo de gozo? Eso pensé yo cuando encontré un vibrador despertador que podrías programar; así, en lugar de sonar la horrible alarma, a la hora marcada empezaría a vibrar. La noche antes me leí las instrucciones, puse el vibrador en hora, programé la alarma, me coloqué el juguete bajo las bragas y me fui a dormir. Me despertaría con el cosquilleo de un inminente orgasmo. Un plan sin fisuras.
Eso pensé, pero estaba equivocada. Para empezar el aparato era grande y duro. Tenía una ligera forma cóncava para adaptarse mejor a la vulva, pero tan extremadamente rígido que era como si intentara ponerme el móvil entre los labios (y no de canto, precisamente). Lograr dormirme con eso entre las piernas fue un suplicio, pero creí que merecería la pena.
Quizá podría haber caído en que tengo dos formas de dormir: momia inerte o culebra bailonga. Y la segunda es la más común. Para cuando la alarma vibró, el juguete estaba a la altura de las rodillas, y ni siquiera rozando piel. Pasé una noche de mierda para que me despertara el soniquete vibrado en las sábanas.
Imagina si era malo el producto que ni despierta, y con el vibrador colocado de nuevo —yo me había prometido un orgasmo y lo iba a tener-, logré un mínimo de gustito. Las bazofias que puede llevarse una a la cama por falsas ilusiones…
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Por fortuna son más las veces que el balance ha sido positivo, aunque qué sería de nuestras vidas sin desastres así para echarnos unas risas… Y tú, ¿Qué es lo peor que te has llevado a la cama?