Me da pena escribir esto. Mas que pena, creo que me da rabia. Aquí os contaba mi amiga como la rechazaron de un trabajo simplemente por tener hijos. Y por desgracia, estos casos son más abundantes que el que os vengo a contar ahora.

Otra de mis amigas, llamémosla María, tiene el mejor jefe del mundo. Que no es más que un jefe normal, no debería de ser una excepción, pero por lo visto lo es.

Mi amiga María llevaba la tira de años trabajando en una farmacia. Todos la conocían en el barrio porque es muy habladora con todo el mundo, y estaba segura de que se iba a quedar allí para siempre, puesto que estaba casi al lado de su casa. Sin embargo, un día, de repente, su jefa la despidió cuando se quedó embarazada.

No tal cual, le dio una excusa ridícula y fuera. La denunció y ganó el juicio. Pero su jefa aceptó pagarle por un despido improcedente con tal de quitársela de encima.

A los días, su hermana fue a la farmacia de su barrio, y hablando con las chicas de allí comento lo que le había pasado a María y lo injusto que es todo. El dueño de la farmacia la escuchó y le pidió su teléfono, pues estaba buscando a alguien.

María se presentó allí esa misma tarde, currículo en mano, no muy convencida. ¿Quién en su sano juicio iba a darle trabajo en su estado, sabiendo que iba a tener limitaciones por el embarazo, y teniendo una baja por maternidad a la vuelta de la esquina?

Sin embargo, cuando le contó al jefe sobre su embarazo, éste simplemente le dijo ¿Y? ¿Eso te hace menos válida para el trabajo? Le explicó que buscaba una empleada para largo plazo, y que unos meses de baja no iban a ser relevantes cuando llevase 20 años trabajando allí. Además, le aseguró que le iba a apoyar todo lo que pudiera con su embarazo.

Sin creérselo del todo, aceptó. En el peor de los casos se podría marchar, con la indemnización del trabajo anterior y el paro tendría para tirar hasta que naciera la peque.

Pero el hombre cumplió todo lo prometido y más.

El hombre, normalmente, se queda en la oficina haciendo sus cosas, y deja a las asistentes despachando a los clientes y haciendo “el trabajo de campo”. Sin embargo, en cuanto vino el primer pedido que había que descargar y guardar, el jefe salió de su oficina, mandó a María a descansar y se puso a mover cajas con las demás.

Lo mismo el día que tuvo que ausentarse un rato por una cita con la matrona. Ella intentaba cogerlas fuera del horario laboral, pero trabajando a horario partido no siempre era posible. O los días de antes de poder coger la baja en los que llegó a trabajar ojerosa, cojeando por la ciática y con pocas ganas de seguir viviendo. Tal cual la vio entrar, cogió las llaves de su coche y la llevó de vuelta a casa para que descansase.

Los meses pasaron, mi amiga tuvo a su bebé y llegó el momento de decidir qué hacer.

Por un lado, quería cogerse una reducción de jornada porque quería pasar mas tiempo con su pequeña. Por otro, le sabía mal sobrecargar de trabajo a sus compañeras. Porque seamos sinceros, en la mayoría de los casos que un trabajador coge una reducción de jornada, son los compañeros los que tienen que cargar con el trabajo que dejas por hacer.

Sin embargo, el jefe le aseguró que eso no era así. Que volviera las horas que ella considerara necesarias, y él se encargaría del resto.

Feliz como una perdiz mi amiga aceptó y volvió a trabajar a media jornada, solo de mañanas.  El jefe se pone en el mostrador por las tardes en su puesto y cubre esas horas.

Además, le ha preparado una salita en la trastienda con un sillón y una neverita por si necesita sacarse la leche poder hacerlo a gusto y tener donde guardarla.

Ella sabe que esto no es lo habitual. Que tiene, lo que ella considera el mejor jefe del mundo.

Pero sigue siendo muy injusto que lo veamos así. Es simplemente un poquito de decencia con otro ser humano. Algo que no debería de ser la excepción, si no la norma.

¿En qué momento hemos normalizado que tengamos que adaptarnos a coger una mayor carga de trabajo porque otra compañera ha decidido ser madre? ¿Cuándo dejaremos de ver estas acciones como algo extraordinario?

Andrea M.