Llevaba dos años con Isaac pero nuestra relación nunca fue especialmente buena porque a él le gustaba mucho su independencia y yo deseaba pasar más tiempo juntos y poder compartir diferentes aficiones.

Considero que conmigo siempre fue buena persona, nunca tuvo una mala palabra ni hubo un mal gesto, siempre estaba alegre y me daba la libertad que yo no había encontrado en mis parejas anteriores. A pesar de ello, a Isaac le gustaba mucho salir con sus amigos y eso me hacía sentir rechazada en muchas ocasiones. Yo le decía una y otra vez que necesitaba que saliera menos, que necesitaba pasar más tiempo juntos.

Él por su lado intentaba ceder pero no lo conseguía, al final, siempre me decía que el problema lo tenía yo y que lo que necesitaba era tener más vida social.

Debería haber entendido para entonces que no éramos compatibles, y simplemente debería haber dejado la relación sin más. Pero me costó mucho dar el paso hasta que, al final, me armé de valor y lo dejé a pesar de seguir totalmente enamorada de él.

Además, seguía pensando que Isaac era una persona con muchos valores y que su cariño y amor me llenaba más que cualquier relación que hubiera podido tener antes. Cuando lo dejamos, yo lo pasé mal. Lo echaba de menos y aunque hablásemos de vez en cuando, sentía mucho despecho por no haber conseguido que cambiara esa parte de él que era la única que no me gustaba. Sentía que realmente no me había querido suficiente, que si lo hubiera hecho hubiera sacrificado tiempo con sus amigos para estar conmigo.

Una noche, salí de fiesta con mis amigas y me emborraché, supongo que era lo que necesitaba o lo que creía que necesitaba para aquel entonces.

Como vivimos en un pueblo y nos conocemos todos, mis amigas empezaron a hablar con el grupo de amigos del hermano mayor de Isaac. Acabamos todos tomando la última copa en casa de una de ellas y no sé ni cómo fue, ni cómo pasó, pero acabé acostándome con el hermano de mi exnovio, porque algo me recordaba a él y porque lo echaba tanto de menos que la añoranza se mezcló con el despecho. A la mañana siguiente, no me sentí nada orgullosa de lo que hice, y supongo que su hermano tampoco, así que nos despedimos y no volvimos a hablar más.

A los meses, Isaac y yo seguíamos echándonos mucho de menos y decidimos retomar la relación. Él prometió cambiar aquellas cosas que me hacían sentir mal y todo empezó a ir sobre ruedas. Pero yo no podía dormir tranquila, no podía estar con alguien escondiendo un secreto tan grande.

Un buen día, me armé de valor y decidí ser sincera con Isaac. Le dije que cuando nos separamos me acosté con su hermano, que no fue nada premeditado, que me arrepentía mucho de ello, y que si pudiera volvería atrás en el tiempo para cambiarlo lo haría, pero no podía. Le pedí que empezáramos de nuevo olvidando todo aquello.

Se le cayó el mundo encima, me preguntó miles de veces por qué le había hecho eso y juró no volver a hablar nunca más con su hermano. Me pidió tiempo para pensar, porque no podía verme de la misma forma y que aunque no estuviésemos juntos cuando me acosté con su hermano, él nunca me habría hecho algo así.

Cuando Isaac confrontó a su hermano, al principio este se lo negó todo, pero después admitió la verdad.

Isaac estuvo mucho tiempo sin volverle a hablar, de hecho, creo que nunca más han vuelto a tener la misma relación de antes, lo que sí sé es que a mí no me pudo perdonar. Intentamos seguir juntos, pero él no pudo, y aunque lo entienda, me duele en el alma que no haya podido pasar página.

Hace ya unos meses que Isaac y yo lo dejamos definitivamente, a veces hablamos, pero no hemos vuelto a vernos. No hay día en que no me arrepienta de lo que hice y daría lo que fuera para que pudiéramos empezar de cero como si aquello nunca hubiera pasado.

 

Anónimo

envía tus movidas a [email protected]