Cuando mi pareja me pidió matrimonio llevábamos juntos ocho años. Realmente, el hecho de que nos prometiésemos era algo que todos deberían haberse estado esperando, dada la cantidad de años que llevábamos saliendo. Además, él había caído bien desde el principio en mi círculo familiar y de amistades, le tenían mucho cariño y todos esos años había sido uno más, así que estaba deseando contarles la buena noticia. Sin embargo, la reacción que observé en algunos de mis seres queridos no fue tan, tan, tan efusiva como imaginaba que sería. Familia y amigos me dieron la enhorabuena, por supuesto. Todos aplaudieron, nos abrazaron, nos besaron. Lo habitual cuando anuncias una boda, supongo. Pero quizás yo esperaba ver más ilusión en determinadas personas, como por ejemplo en mi madre o mi mejor amiga. No puedo decir que se las viera infelices, en absoluto, pero las conocía tan bien que me daba en la nariz que algo les rondaba la cabeza. De todos modos, decidí no decir nada. Igual me estaba pasando de paranoica, pensé, así que lo dejé estar.

felicidades

Pero no, no me equivocaba, y no tardé en conocer qué era eso que yo había notado. Mi mejor amiga, la que sería mi dama de honor, fue la primera en abordar el asunto. Estábamos cenando en mi sofá un viernes noche mientras hablábamos de los preparativos de la boda cuando me dijo que me quería preguntar algo que esperaba que no me sentase mal. Me asusté un poco, lo reconozco, pero le dije que podía preguntarme lo que quisiera, como había sido siempre. Fue entonces cuando me planteó la siguiente pregunta: «¿Estás segura de querer dar este paso?». Me quedé congelada. Le respondí que no entendía su pregunta y que pensaba que mi novio le caía bien. «No es eso, para nada», me dijo, «pero es que ha sido tu único novio y la única persona con la que has estado en la cama. Siempre pensé que él sería solamente el primero para ti. Ese con el que te abres al mundo de tener una pareja, el primero de la saga. Incluso nos daba pena pensarlo así, porque sabes bien que todos lo adoramos. Es decir, no es que quisiera que rompieseis, ni de coña. Pero las cosas suelen ser así. No te casas con tu primer novio, eso no pasa. Y sin embargo, aquí estamos, planeando tu boda… ¿No se te hace extraño? ¿Estás segura de querer acostarte con tu primer y único novio durante lo que se supone que será el resto de tu vida?».

Me quedé en shock. No me esperaba en absoluto que me plantease esas cuestiones, ya que a mí no se me habían pasado por la cabeza. Al menos no de manera consciente o importante. Pero debo confesar que esa noche le di un par de vueltas al asunto. Ni siquiera puede responderle como me gustaría entonces, porque había anidado en mi interior la semilla de la inseguridad. Poco a poco, la paranoia hizo aparición y la sombra de la duda quería ganar terreno. Pero me congratula decir que me hicieron falta solo un par de minutos para despejarla.

think

Sí, es cierto que, visto desde fuera, casarte con tu primera pareja no es lo habitual. Las hay, lo sé. Pero es como que hoy en día suena a antiguo, a otros tiempos. De hecho, yo misma no conocía a nadie que estuviese casado con su primer amor. Pero yo le quería. ¡Joder si le quería! Si había algo de lo que estaba 100% segura en el mundo era de que le amaba. Yo no sentía que me faltase nada o que me estuviera perdiendo experiencias por estar con él. Al contrario, junto a él yo me sentía plena. Y sabía que era recíproco. Me hacía sentir amada, acompañada, protegida, comprendida. Sentirse así no podía ser un error, me dije.

Por eso, cuando mi madre me abordó con la misma pregunta mientras íbamos buscando vestidos de novia, la respuesta estaba más que madurada. Le conté mi conversación con mi amiga, las dudas que me hizo tener y mis conclusiones. Entonces ella me miró y, sonriendo, me dijo: «Si tú eres feliz, yo también. Y si tu felicidad está junto a él, no hay más que hablar». Fue ahí cuando respiré tranquila del todo. La opinión de mi madre siempre había sido fundamental para mi y saber que me comprendía y apoyaba me dio la sensación de seguridad definitiva. No volví a pensar en el tema. La preparación de mi boda fue una de las etapas más bonitas de mi vida, y el gran día fue sin duda el más especial.

wedding

Hace ya doce años de ese día. Algunos de mis seres queridos se han marchado y algunas amistades se marchitaron por el camino, entre ellas la que me unía a mi mejor amiga y dama de honor. Pero lo que sigue fuerte y férreo desde entonces es nuestro matrimonio, mi vínculo con mi marido, mi incondicional mejor amigo. Y el amor que siento por él sigue intacto. Hemos envejecido y nuestros sentimientos han madurado con nosotros, como es natural, pero os juro que le quiero del mismo modo que cuando éramos dos jóvenes enamorados, hace ya más de veinte años.

Escrito por Carol M., basado en una historia real anónima.