A estas alturas de la película ya hace tiempo que he aceptado las cartas que me ha dado la vida. No siempre fue así, en el pasado me cagué en mi mala suerte, mucho. Sin embargo, hoy sé que podría ser peor, que al final no es para tanto… Que vale que no me ha tocado la mejor salud, pero soy una persona muy afortunada en muchos otros aspectos. Tengo una familia maravillosa, unos amigos a los que adoro, un trabajo que me da de comer. Y en el amor… ay, no, en el amor también me va como el culo, la verdad. Las relaciones se me complican por lo que sea o mis parejas me salen rana. Como el último, el que me dejó porque siempre estoy enferma.

Como si no lo supiera desde antes incluso de empezar a salir juntos. Como si mi condición hubiera sido una desagradable sorpresa con la que se hubiera encontrado de repente.

Él era muy consciente y supongo que, lo que al principio no le parecía tan relevante, al final resultó ser una carga que no quería asumir. Así que me dejó porque siempre estoy enferma. Sus palabras, no las mías.

No me sorprendió cuando me lo dijo. Llevaba tiempo notando que se estaba cansando de lo que conlleva estar conmigo. Quiero pensar que tampoco es algo tan, tan grave. Que ya habrá quien me quiera a mí y a mis circunstancias. Pero eso no me impidió ver que a él le pesaban demasiado.

Lo que al inicio de la relación era todo empatía y comprensión, conforme pasaba el tiempo se acabó convirtiendo en malas caras y resoplidos. Incluso en reproches del tipo: ‘Contigo es imposible organizarse’ o ‘Pues nada, ya les digo que no vamos, como siempre’. Los últimos meses ya eran: ‘Pues yo iré igual’. Y yo lo entendía, qué le vamos a hacer.

Solo que él no entendía que no es capricho ni ganas de tocarle los huevos. El tema es que mis diversas patologías me provocan dolor, entre otras muchas cosas. Que las enfermedades que él ya sabía que sufro, no siempre me permiten estar a tope. Muy a menudo resultan de lo más limitantes.

Muchas veces no me permiten siquiera moverme con normalidad. Llevo toda mi vida adulta cancelando mis propios planes por causas del todo ajenas a mi voluntad. Lo siento si eso le afectaba a él y a los suyos. A mí también me da mucha rabia cuando me pasa. No me hacía ninguna gracia no poder seguir el ritmo de sus actividades, su ocio y su vida social. Ojalá pudiera sanar mi cuerpo y acabar con mis males. Pero no puedo. Y no pienso sentirme mal por ello ni pasar penurias, dolor e incomodidades para tenerlo a él contento.

 

Anónimo

 

 

Envíanos tus movidas a [email protected]

 

Imagen destacada