Hacía añísimos que no tenía una fiebre tan alta. Ni un malestar tan grande ni el cuerpo tan hecho polvo. Yo que pensaba que el chico con el que salía había exagerado cuando canceló nuestra cita y luego nos pasamos algo más de una semana sin vernos. Le creí en cuanto empecé a sufrir en mis carnes el gripazo que suponía que me había pasado. Pero el sarpullido aquel no me parecía normal ni nada asociado a la gripe, así que levanté mi cuerpo dolorido y febril de la cama y me planté en el médico. Allí me confirmaron que, a estas alturas de mi vida, tenía sarampión. El médico medio me sermoneó y todo. Me dijo que era una enfermedad que ha de pasarse de niño, que en los adultos puede ser incluso letal. Como si lo hubiera cogido por gusto, no te fastidia.

Bastante tenía con estar pasándolo y con no tener ni idea de dónde había venido. Porque en mi entorno no había niños pequeños ni había estado con más enfermos que el chico con el que llevaba unos meses. Aunque lo suyo había sido gripe A… en teoría.

De todas las cosas que te puede contagiar una persona con la que mantienes relaciones sexuales, el sarampión no es ni de lejos la peor. Seguro que no. No se hace aposta ni es la típica enfermedad que te puedan intentar ocultar ni te contagian por negligencia o a mala leche. Sin embargo, ¿por qué me enfadé tanto cuando el chico en cuestión me contagió esa famosa enfermedad infantil? Pues porque me enteré de que tenía hijos porque me contagió el sarampión. Si me hubiera pasado una simple gripe, tal vez aún no se habría decidido a contármelo.

 

Supongo que podría ser peor, podría seguir ocultándomelo. Lo cierto es que cantó en cuanto le llamé para decirle que mi ‘gripe’ había mutado en sarampión, y que no entendía dónde lo había cogido, ya que él tampoco tiene sobrinos, ni trabaja con niños ni nada parecido. Confesó que le habían pasado la enfermedad sus hijos. Esos críos de 5 y 7 años de los que no me había hablado nunca. Esos que vivían con su madre en un piso al que se había ido a pasar la enfermedad para contenerla lo máximo posible y en cuanto empezaron sus síntomas. Por lo visto, estaba bastante seguro de no haber podido contagiarme, por lo que no se le ocurrió ni preguntarme si lo había pasado de niña. Bueno, por eso y porque no estaba todavía preparado para ponerme al corriente de su situación familiar.

Iba a contarme que era padre, pero más adelante. Cuando fuéramos algo más serio, cuando esa circunstancia no me asustara ni me echara para atrás, me dijo. Cuando no me sintiera superada por su condición de padre. Ni me afectara saber que tiene una exmujer con la que se lleva bien y a la que no le une nada más que sus dos hijos.

 

¡Como si eso fuera poco!

En fin… que me enfadé y me bajé de esa relación. Porque la verdad es que me sentía engañada. Y un poco también porque la movida me superaba. No estaba yo para ese tipo de relaciones maduras.

Aunque él ha seguido insistiendo y… bueno, estamos viéndonos otra vez.

 

Erika

 

Envíanos tus vivencias a [email protected]

 

Imagen destacada