Por el título del texto ya os podréis imaginar por dónde va lo que os voy a contar. Hace 1 año empecé a salir con un chico al que conocía del colegio. Nos habíamos perdido la pista durante años y un día me lo encontré en el restaurante donde trabajo. Intercambiamos los teléfonos y después de algunas semanas viéndonos bastante de continuo, formalizamos nuestra relación.

Ambos coincidíamos en que queríamos ir despacio, teníamos 27 años por entonces y ya no íbamos “lanzaos” como años atrás. Aun así, él alguna vez se había unido a los planes con mis amigas porque para mí no era incompatible ir despacio con que tuviéramos una relación de amistad, de pasarlo bien con otra gente…En fin, lo normal para mí.

Sin embargo él nunca me avisaba cuando quedaba con sus amigos. Nunca me lo tomé como algo personal porque entendía que quizás a él le gustaba separar amistades de pareja y él siempre me comentaba que sus amigos eran bastante suyos, todos solteros y solo hablaban de videojuegos, series anime y derivados. Con el tiempo me empezó a extrañar porque ni siquiera quería que celebráramos su cumpleaños todos juntos, ni me quería presentar a su familia en momentos importantes como bodas o celebraciones. Él conocía a toda mi gente, para mí era algo súper normal y no entendía tanto secretismo casi un año después de que empezáramos a salir.

Cada vez que hablábamos del tema él salía con evasivas y me contaba historias para no dormir: que si era muy reservado, que si su gente no era como él…Lo que no se esperaba era lo más normal del mundo: que en algún momento nos encontráramos. Y así fue. Él había quedado con sus amigos pero yo no sabía dónde. Hasta el momento nunca había pasado porque nos movemos por entornos muy distintos pero ese día, casualidades de la vida o no, nos encontramos en el mismo centro comercial. Mira si el espacio era grande, que nos tuvimos que encontrar de cara en uno de los pasillos. Cuando vi la cara que puso, tuve claro que estaba pasando algo muy raro. Parecía que en vez de ver a su novia hubiera visto a un Dementor: Se puso pálido y rojo a la vez, los ojos se le pusieron como platos y ni siquiera se acercó a darme un beso.

Mis amigas y yo flipamos. Evidentemente tampoco me presentó a ninguna de las personas con las que iba y cuando nos despedimos me quedé un rato callada con lágrimas en los ojos. Me recordó a cuando te enrollabas con un chaval del instituto y luego os encontrabais por el pueblo y se cruzaban esas miradas de vergüenza, de secretismo. Aun así, nunca hubiera imaginado lo que me contaría después.

Cuando llegué a casa, después de barajar todas las posibilidades con mis amigas, le escribí un mensaje pidiéndole vernos lo antes posible. Vino a mi casa al poco rato y, sin ni siquiera mirarme a la cara, me confesó que todo este tiempo no me había presentado a nadie porque le daba vergüenza lo que pudieran decirle sobre mi cuerpo. Como si mi cuerpo fuera algo de lo que avergonzarse. Os juro que jamás hubiera pensado que ese sería el motivo por el que todo eso estaba pasando.

En ese momento lo único que supe hacer fue ponerme a llorar. Sentía rabia y a la vez me sentía pequeña, solo tenía ganas de esconderme y que nada de eso hubiera pasado. ¿Cómo podía alguien avergonzarse del cuerpo de su pareja y esconderlo durante casi un año? Él conmigo siempre fue un encanto, nunca tuvimos problemas en ningún aspecto que pudieran hacerme entender que no le gustaba mi cuerpo, por eso estaba tan flipada.

Evidentemente, pese a lo mal que estaba y todo lo que sentía por él, le dije que se fuera de mi casa y que no volviera a dar señales de vida. Así lo hizo, no os penséis que hizo por disculparse más de lo necesario o por ganarse de nuevo mi confianza. Casi lo prefiero, porque ya había demostrado la clase de persona que era así que ¿para qué más?

Al contrario de lo que pensaba, lo que pasó solo reforzó más en mí la idea de que nada ni nadie puede hacerme sentir mal por quien soy. Pensé que me afectaría a mi autoestima y que empezaría a sentirme incómoda por estar gorda pero fue todo lo contrario: me sirvió para empoderarme y ver mi valía por encima de todas las cosas.

 

Anónimo

 

Envíanos tus experiencias a [email protected]