Mi novio y yo llevábamos juntos 5 años. Nos habíamos ido a vivir juntos hacía poco y los dos éramos músicos de la misma banda en nuestro pueblo, aquí se conoce como xaranga, y nos solían contratar para eventos y fiestas populares. 

💖 Únete a nuestro canal de testimonios exclusivo

Yo soy una chica muy tímida. Jamás me ha gustado destacar ni ser el centro de atención. Siempre me he mantenido en un segundo plano y, de hecho, lo paso fatal cuando nos toca dar algún concierto o subirnos a un escenario a tocar porque me siento más expuesta y tengo la sensación de que todo el mundo me está mirando. 

El caso es que, durante unas fiestas patronales, el Ayuntamiento nos propuso dar un concierto durante el concurso de paellas para amenizar el cotarro. Iba a ser algo informal, mientras la gente cocinaba las paellas nosotros estaríamos arriba del escenario tocando para ambientar un poco. 

Los días previos al evento yo noté a mi novio más nervioso de lo normal. Él que, por lo general, solía ser una persona bastante tranquila y que no le tenía vergüenza a nada, estaba como ansioso por que llegase el concurso de paellas. Yo pensé que eran nervios por el propio concierto, aunque, ya os digo, él solía llevar los eventos de este tipo mucho mejor que yo. Ilusa de mí. 

 

 

El caso es que ese día vinieron mis amigas a por mí por la mañana para ir a almorzar antes del concierto. Mi novio se quedó sólo en casa acabando de arreglarse y quedamos en vernos ya a la hora del concierto. Todo parecía normal, un día cualquiera, pero mi vida y mi relación estaban a punto de dar un giro de 180 grados. 

Cuando llegó la hora del concierto yo estaba algo nerviosa, como siempre, pero como me solía colocar en las filas de atrás pensé que pasaría desapercibida, además, la gente estaba a lo suyo: que si la paella, que si controlar el fuego, que si una cerveza por aquí… nadie estaría pendiente de la xaranga tocando en el escenario. 

Llevaríamos una media hora de concierto cuando, contra todo pronóstico, mis compañeros empezaron a tocar una canción que yo no tenía anotada en el repertorio. Tardé unos segundos en darme cuenta de que la canción que estaban tocando era nuestra canción, la de mi novio y mía. No tuve tiempo de reaccionar, cuando quise darme cuenta tenía a toda la banda a mi alrededor tocando y a mi novio en el centro hincando rodilla con un anillo en la mano. 

Me quedé en shock. Recuerdo que viví ese momento como si estuviese viendo una película. Primero creí que era una broma y, cuando ya fui consciente de la realidad y de que mi novio me estaba pidiendo matrimonio en ese momento, sentí un tremendo calor recorrerme entera y empecé a hiperventilar. Tuve ganas de llorar, de reír y de desmayarme, pero, al final, lo que hice fue salir corriendo. 

No me había dado cuenta de que todo el mundo había dejado de cocinar y estaban gritando y aplaudiendo como locos. Fui consciente de ello cuando bajé a toda prisa del escenario y tuve que apartar a la gente a empujones para que me dejasen pasar. 

Recuerdo aquello como un sueño porque ni yo misma podía razonar con claridad. Llegué a mi casa de aquella manera y me encerré en el baño a llorar como una loca mientras tenía una crisis de ansiedad. Mis amigas, que me habían seguido después del espectáculo que acababa de vivir, estuvieron conmigo y se quedaron hasta que se me pasó el disgusto un poco. 

Me contaron que mi novio llevaba preparando la pedida desde que nos habían propuesto dar aquel concierto. Ellas, que sabían cómo era yo y cuál era mi carácter, le advirtieron que, igual, pedirme matrimonio arriba de un escenario delante de todo el pueblo no era la mejor de las ideas, pero se ve que en su cabeza quedaba espectacular y acabó haciendo lo que le dio la gana sin pensar en mí y en cómo me podía sentar aquello. 

Me fui a casa de mis padres y estuve bastante tiempo sin ver a mi novio. No podía ni mirarle a la cara porque me venían a la mente flashes del ridículo que me había hecho pasar. Creo que no es necesario aclarar que acabamos rompiendo, no hubo boda, ni la habría jamás, y a mí me costó horrores salir de nuevo a la calle y no sentirme observada porque, durante una buena temporada, fui la comidilla del pueblo. Sin duda, la peor experiencia de mi vida. 

 

envía tus movidas a [email protected]