Hace unos días me topé con un vídeo de “El consultorio de Berto”. El humorista hablaba sobre la crianza y decía lo siguiente:
“Cuando vas a tener un hijo todo el mundo te dice: ‘Uy, es que ahora no podrás hacer nada de lo que haces’. Vamos a hablar en serio, ¿lo que haces está tan bien? No, en serio, dicen: ‘No vas a poder ir al cine más’. ¿Tú has ido al cine últimamente? Quiero decir, si te lo tomas con una gran dosis de sudapollismo, da igual. Y, además, oye, dedicarle 10 años de tu vida a un hijo, yo creo que vale la pena. Por experiencia, yo creo que a partir de los 13-14 ellos no quieren verte a ti”.
A mí me extrañó la última parte. ¿10 años? No sé, yo tengo 30 y muchos y aún le estoy dando quebraderos de cabeza a mi madre. No porque quiera, sino porque ella siempre encuentra algo con lo que estar preocupada. Su pasión es sufrir por todos nosotros.
Siempre he oído lo de “Niños pequeños, problemas pequeños; niños grandes, problemas grandes”, así que supongo que Berto Romero se refería solo al tiempo durante el cual tienes que cambiar tu ocio y tiempo libre por ellos. Aún así, dudo que sea tan poco tiempo.
El debate que se ha generado en torno a esto me parece interesante. Las opiniones se suelen repetir.
Los padres orgullosos
Muchos se adhieren a la teoría de Berto de que merece la pena sacrificar 10 años de tu ocio y tiempo libre por pasar tiempo con tu hijo/a. Es una posición coherente con el deseo de ser un padre/madre responsable que se hace presente.
Pero los hay que no se limitan a decir que sí, que merece la pena, sino que se enfrascan en largas discusiones para validar sus posiciones y decisiones. Por una parte, están los que afirman que tienen más planes desde que son padres que antes de serlo. Que no paran en casa, que son todos los días distintos y, yendo más allá, que muchos de los que dicen eso de “un bebé te impide hacer cosas”, luego se pasan el día en casa viendo series y ni viajan ni salen.

¿Acaso a todo el mundo le tienen que gustar las mismas cosas? ¿Tuviste tú a tu hijo para que te “sacara” del tedio? Salir y viajar poco se ha convertido en sinónimo de vida triste y aburrida, parece ser. Pero una persona a la que le gusta estar en casa, aunque se tilde de aburrida, no puede ser más feliz que muchas otras, sino que tiene algo que no tienen padres y madres: muchas menos preocupaciones y estrés.
Luego están los que no han renunciado a nada de lo que hacían antes, bien porque son sus parejas las que se han sacrificado, bien porque han seguido haciendo las mismas cosas que antes de ser padres con sus hijos. La opinión de los primeros me importa poco, la verdad. En cuanto a los “papás molones” que se llevan a sus hijos a todas partes desde que es bebé, rebasan la irresponsabilidad demasiadas veces. Hay sitios que no son para un bebé.
Los padres apocalípticos
Después están los padres que reconocen que sí, que los hijos cambian cada faceta de tu vida, y también a ti mismo. Tanto que creen que no les ha merecido la pena embarcarse en la maternidad/paternidad, aunque esto último no todos lo comentan abiertamente.
La verdad es que tiendo a dar más credibilidad a las personas que revisan de manera tan sincera sus decisiones pasadas, sin importarles reconocer que, de volver atrás, harían algo distinto. No me refiero solo a la maternidad, sino también a la no-maternidad y a otras tantas decisiones vitales.
El debate le puede parece estéril a quien no dé tanta importancia a los planes de ocio y tiempo libre, pero hay personas cuya felicidad, propósitos o desarrollo personal dependen de ello y no del trabajo. La cuestión es que lo de ser madre o no serlo en función de los planes de ocio a los que vas a tener que renunciar se polariza mucho, como todos lo que respectan a la maternidad-no maternidad.
—Pues yo viajo más que antes.
—Ya, pero no es lo mismo.
—No, ahora es mejor.
—Pero tienes menos dinero.
—Tengo más que antes.
—Pero más preocupaciones.
—Pero merecen la pena.
—Pero menos tiempo para ti.
—Pero también merece la pena.
Entre tanto ruido, cuesta mucho hacer una introspectiva profunda y sincera que resulte esclarecedora. ¿Qué es lo que verdaderamente te hace feliz? ¿A qué no estarías dispuesta a renunciar durante mucho tiempo? ¿Cómo casa eso con la maternidad, teniendo en cuenta que tu hijo tendrá unas necesidades de atención ineludibles? ¿Y cuántas cosas relacionadas con tu hijo no querrías hacer por nada del mundo: cumpleaños infantiles, tardes en el parque, piscinas de bolas…?
En vuestro caso, ¿tuvisteis que dejar de hacer algo que os gustaba mucho al convertiros en madres? Y, si no sois madres, ¿tiene algo que ver con vuestra decisión algo que no podríais dejar de hacer?