Él quería ser Grey… yo quería salir corriendo

Voy con una de las citas más surrealistas que he tenido en mi vida, de las que no se te olvidan con el paso del tiempo. 

Hice match con un tío que ya de primeras tenía una energía… vamos a decir intensa. Entre otras frases célebres en su bio había perlas del estilo… “no soy como los demás” o “si sabes lo que quieres ve a por ello”. Supongo que las señales estaban claras, pero o no supe verlas o en ese momento decidí quedarme a ver el incendio de cerca en lugar de huir. 

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Las conversaciones empezaron normales, dentro de lo que cabe, aunque de vez en cuando soltaba alguna frase rollo…”me gusta tener el control” o “soy muy dominante”. No eran comentarios muy sutiles, pero tampoco incompatibles con lo que a mi me atrae a nivel sexual, donde hasta podía resultarme interesante. Supongo que me entró curisiodad por saber más y quedé con él. Por si no estaba claro todavía, spoiler: error. 

 

Nos vimos en su piso. Nada más entrar por la puerta, sin siquiera saludar, ni una pequeña conversación inicial me soltó un…quítate los zapatos. Me quedé mirándole pensando que era una broma, pero no…la petición era completamente en serio. Excepto por la brusquedad de la petición, la situación tampoco era ningún problema, así que me quité los zapatos y entré. Al levantar la vista me detengo a observar el panorama: luces bajas, velas mal puestas, pétalos de rosa desordenados por todas partes. En la mesa del salón, completamente cubierta por un tapete de ganchillo que seguramente había tejido su abuela, había una venda de seda y una copa de vino. De fondo sonaba una playlist de Spotify (con anuncios) que entiendo que pretendía ser sexy, pero más bien sonaba a anuncio de perfume de los 2000. 

Me senté en el sofá, con la copa de vino en la mano. Empecé a hablar intentando entablar una conversación normal, con la intención de conocerle un poco más y que todo fluyera con tranquilidad. Apenas había dicho dos palabras cuando puso su dedo índice sobre mis labios como pidiéndome silencio y me dijo: shhhh…necesito que confíes en mí. Os juro que tuve que hacer un esfuerzo por no reírme. 

En ese momento sacó unas esposas de terciopelo azul chillón, que además de poco discretas eran cutrísimas y empecé a ver claro el panorama. Esta persona se había visto la saga de Cincuenta sombras de Grey recientemente y había decidido que era su nueva personalidad. Me muero de la grima. 

Vale, tengo que salir de aquí, pensé. Con toda la calma posible y muy buena intención, le expliqué que no me sentía cómoda y que estaba claro que no estábamos en el mismo punto. Bueno pues…resulta que se ofendió. Se levantó bruscamente y me dejó caer que no estaba preparada para aquello, como si la culpa fuese mía y no de la ridícula performance que había creado. 

No pretendía entrar en debate con él, sólo tenía ganas de salir lo más rápido posible de allí. Cogí mis zapatos y me fui. Mientras bajaba en el ascensor, no paraba de pensar en lo surrealista de la situación, parecía la escena mal ensayada de una obra de teatro cutre. Hay papeles que no están hechos para todo el mundo, y este definitivamente…le quedaba grande.