Mi padre falleció hace 5 meses tras una larga y dura enfermedad. Toda la familia lo vimos apagarse, y mi madre, sobre todo, sufrió muchísimo con su partida.

Mi madre y mi padre eran uno, eran una pareja que a pesar de llevar juntos más de 40 años, sólo miraban aún por los ojos del otro. Siempre juntos, felices, enamorados como el primer día. No recuerdo una mala palabra entre mi madre y mi padre. Una pareja de esas tocadas por la magia, de las que ya apenas quedan.

Con la muerte de mi padre, mi madre pensó que su vida prácticamente acababa también. Apenas comía, se sumió en una gran depresión, y mis hermanos y yo, además de transitar nuestro propio duelo, estábamos preocupadísimos por ella.

Pasados 3 meses y medio desde el fallecimiento, una mañana me llamó al trabajo y me dijo que había estado hablando con mi padre, sin paños calientes. Lo primero que pensé era que se había confundido, que lo mismo quería referirse a mi hermano o algo así.

Cuando le pregunté y me lo repitió por segunda vez, me entró un miedo profundo a que, para rematar, ahora estuviera perdiendo la cabeza. Me decía insistentemente que estaba muy feliz por poder haber hablado con él y que estaba llena de paz. Que se habían abrazado y que él le había dado un mensaje.

Por la tarde fui a verla y me contó el episodio completo. Mi madre siempre ha sido una persona muy escéptica, pero en cambio asegura, tajantemente, sin lugar a la más mínima duda, que mi padre aquel día fue a verla en sueños y que no fue un sueño como tal.

Parece ser que ella soñó que llamaban a la puerta y era él. Al abrirla y verlo, ella se puso muy nerviosa y se puso a llorar. Nos cuenta la ropa que llevaba, con detalle, y que no estaba demacrado y consumido físicamente como en sus últimos días, sino apuesto y galán como él siempre había sido.

Ella le preguntó llorando qué hacía aquí, a lo que él respondió que venía a verla para que dejase de sufrir, que él estaba muy bien, que sentía mucha paz y se encontraba en un sitio muy feliz donde había mucha luz y muchas flores….

Ella le pidió que se la llevase con él, a lo que él le dijo: “no es tu momento, aún tienes muchas cosas que hacer”.

Ella le dijo que no se sentía capaz de seguir la vida sin él y él le dijo que claro que podía hacerlo, que tenía que seguir cuidando de los niños (nosotros), que fuera feliz y que aún no era su momento, pero que cuando llegase, que no tuviera miedo, que él la estaría esperando. Se abrazaron y mi madre se despertó con la cara mojada de llanto, el alma en paz y el corazón repleto de amor (así lo define ella). 

Desde entonces es otra, ha vuelto a la vida. Vuelve a ser la persona alegre y vital que era. Siempre tiene presente a mi padre pero no con tristeza, sino con paz. Dice que ha perdido el miedo a la muerte, que quiere aprovechar al máximo los años que le queden, pero que cuando llegue su momento sabe, sin género de duda, que mi padre estará allí con ella para cruzar al otro lado, lo cual la mantiene con esperanza y alegría.

Mis hermanos y yo al principio tuvimos nuestras dudas, pero es tan abrumador el cambio en ella, su forma de contarlo…. está tan absolutamente convencida de que no fue un sueño, que no nos queda más que creerla. Sea como sea, sueño o no, lo cierto es que a todos nos ha dado paz, nos ha reconciliado un poco con la muerte y sobre todo ha hecho que mi madre quiera volver a vivir.

Anónimo

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