Está claro que a todo se acostumbra una, pero jamás pensé que me fuera a pasar algo así, y mucho menos que acabaría aceptándolo. He tenido una vida completamente normal y normativa, con un padre y una madre que se llevaron bien hasta que empezaron a llevarse mal y se divorciaron de manera muy civilizada y me tuvieron muy en cuenta en todo momento. No me quejo.
A partir de ese momento, los dos eran jóvenes y yo era consciente de que estaban totalmente en el mercado. Que si tardeos, que si fiestas de singles, que si citas por tinder, todo me parecía muy normal y estupendo.
Yo soy lesbiana y me rodeo de un entorno LGTBIQ+ en el que se intenta respetar absolutamente todo, lo cual me ha ayudado a abrir la mente hacia otras situaciones, como puede ser tener a tus padres cambiando de pareja cuando les apetece, algo que no todo el mundo lleva bien.
De entre mis amigues, Luis quizá sea al que más adoro. Nos conocemos desde que íbamos al colegio, y muy posiblemente conectamos porque nos sabíamos diferentes al resto y así nos hacían sentir. Fueron tiempos muy duros a veces, y juntos conseguimos tener una adolescencia bastante feliz.
Luis se considera a sí mismo bisexual, pero hasta hace poco tiempo solo se había liado con tíos. Cuando se separaron mis padres, harán unos 5 años aproximadamente, yo me quedé a vivir con mi madre, y Luis no salía de mi casa, se convirtió en un hermano para mí, y para mi madre, el hijo que nunca tuvo. O eso pensaba yo.

Era bastante normal que Luis estuviera en mi casa sin estar yo y me esperara allí con mi madre. La sorpresa vino cuando aparecí yo sin que se me esperara. Me había puesto malísima en el curro, con vómitos y diarrea, y me fui rápidamente a casa sin avisar a nadie.
Al llegar ya vi la moto de Luis y me extrañó, porque no era habitual que fuera él sabiendo que yo no pasaría por casa en bastantes horas, pero bueno, no pasó de sorprenderme un poco, sin más.
Cuando entré no había nadie en las zonas comunes, en el salón ni en la cocina, y empecé a llamar a mi madre mientras me dirigía a su habitación. La voz de mi madre cuando por fin contestó parecía otra, y me decía que esperara, que ahora salía, que no entrara.
Ahí sí que empecé a flipar muchísimo. Pregunté “¿Está Luis?” y ella me dijo que no, que qué Luis. Automáticamente me relajé porque pensé que habría confundido la moto de Luis con cualquier otra, y que mi madre igual estaba con algún rollete que se había echado, así que me fui al salón.
Yo no paraba de ir al baño, claro, fatal con la gastroenteritis, e iba pasando el rato y mi madre no salía de su cuarto. Todo empezaba a ser muy raro y a mí me estaba sentando mal que mi madre, sabiendo que yo estaba malísima (porque se lo había dicho a través de la puerta), estuviera pasando de mi culo. Así que fui un poco cabrona, y dije en alto “me voy a la cama un rato” e hice como que me encerraba en mi habitación.
No pasó ni un minuto y se abrió la puerta del cuarto de mi madre. Os podéis imaginar mi cara cuando veo que sale Luis, con una cara y un pelo de haber follado que vamos.
No sé si fue el virus gástrico ese o qué fue, pero me volví loca y empecé a gritar cosas sin sentido, como “puta mierda”, “puta mierda” todo el rato, mientras ellos dos me miraban con cara de miedo.

Pero bueno, eso fue la primera reacción. Después de decirme que esto llevaba pasando ya un tiempo y que tenían verdaderos sentimientos el uno por la otra, no me quedó más remedio que trabajar por aceptarlo. Aún así, fue durísimo.
Pasé a un segundo plano para Luis porque mi madre estaba en el primero, y hubo ratos horribles en los que yo me comporté fatal por no saber gestionarlo, pero poco a poco fui interiorizando que yo no era dueña de nadie, que no hay planos ni puestos en el amor y la amistad (o no debería haberlos), y me centré en construir mi propia felicidad.
Mucho tiempo después, mi madre y Luis siguen juntos y para mí ya es la cosa más normal del mundo, así que no puedo menos que agradecer que me pasara aquello en la vida para darme cuenta de lo que es realmente importante y lo que no lo es, a pesar de que nos lo parezca.
Anónimo
Envía tus movidas a [email protected]