Amadas Lovers, vengo con un dramita de madre.

Mis hijos, mis angelitos, han decidido que pegarse es el nuevo juego de moda. Y no, no me refiero a pegarse con pegatinas o pegamento, sino a pegarse de verdad. Y claro, la gente me mira como si fuera la madre de Godzilla.

Todo comenzó hace unas semanas. Mis pequeños, que hasta ahora se llevaban más o menos bien (uno tranquilo, el otro un terremoto, pero en general en armonía), descubrieron que pegarse era más emocionante que jugar al fútbol. Y yo, que siempre he pensado que un poco de rivalidad entre hermanos es normal, no le di mayor importancia.

Porque lo que empezó como un juego en casa, pronto se convirtió en el espectáculo del siglo en el parque, en el supermercado, en la cola del colegio… En todas partes. Y claro, las miradas de desaprobación no tardaron en llegar.

Y yo, que siempre he pensado que cada uno debe ocuparse de lo suyo, me encontré sintiéndome como una delincuente. ¿Estaba haciendo algo mal? ¿Debería intervenir más? ¿Estaba permitiendo que mis hijos se convirtieran en unos pequeños monstruos?

Así que decidí buscar ayuda. Hablé con la profesora de mis hijos, con la pediatra, incluso con una psicóloga infantil. Todos me dijeron lo mismo: es normal, es una fase, es su manera de expresar sus emociones y de aprender a resolver conflictos.

Pero, ¿y las miradas? ¿Y los comentarios? ¿Y esa sensación de estar haciendo algo mal? Porque, seamos sinceras, a nadie le gusta que le miren mal, y menos cuando se trata de tus hijos.

No, no les prohibí pelearse. Ni les castigué. Ni les grité. En lugar de eso, decidí hablar con ellos. Les expliqué que, aunque es normal tener conflictos, hay otras maneras de resolverlos que no implican pegarse. Les enseñé a expresar sus emociones con palabras, a pedir lo que quieren sin recurrir a las manos, a respetar el espacio del otro.

Y, ¿sabéis qué? Funcionó. No de la noche a la mañana, claro. Pero poco a poco, las peleas fueron disminuyendo.

Pero lo más importante es que aprendí algo. Aprendí que ser madre no es fácil, que siempre habrá gente dispuesta a juzgarte, que siempre te sentirás cuestionada. Pero también aprendí que lo más importante es confiar en ti misma, en tus instintos.

Porque, al final, nadie conoce a tus hijos mejor que tú. Nadie sabe lo que necesitan mejor que tú.

Y sí, mis hijos se pegan. Y sí, la gente me mira mal. Pero también sé que mis hijos están aprendiendo, que están creciendo, que están descubriendo el mundo a su manera.

Y si alguien tiene un problema con eso, pues que mire para otro lado.

 

WillyMami

 

Envía tus movidas a [email protected]