Lee aquí la parte 1
Ya ha pasado casi un año desde que decidí darle los detalles de mi desgracia a mi amiga Luna para que contase mi historia de una forma algo más digna de lo que yo se la conté y sacarme una parte de la espinita que tenía atravesada en el corazón. Hoy nos volvemos a juntar para poneros al día de cómo han ido las cosas con mi exitosa tienda y el estúpido de mi ex.
La verdad que las semanas posteriores a la ruptura fueron muy duras, seguir viéndolo día sí y día también subiéndose la bragueta al salir de enseñarle el almacén a cada nueva empleada o empleado, a algún cliente o a cualquier persona que se le cruzase por el camino, se me hacía repulsivo. Poco a poco fui transformando la pena en decepción, la decepción en asco y el asco en indiferencia. Y es que había invertido mucho dinero y mucha energía en esa tienda que estaba dando muchos frutos como para renunciar a ella después de todo, solo porque ese señor no supiera controlar su lívido.

Pusimos nuevas normas para la buena convivencia:
-Trabajaríamos en turnos opuestos en la medida de lo posible y el personal que decidiéramos contratar se repartiría en ambos turnos de forma equitativa.
–No habría sexo con nadie en horario laboral ni en el lugar de trabajo. Estaba cansada de coger el material del almacén pensando en qué pasaría si vinieran por allí los de CSI con sus lamparitas, ¿sería aquello un cuadro abstracto de fluidos fluorescentes por todas partes? No quería averiguarlo, pero si evitarlo.
-Cambiaríamos la sociedad, 50% cada uno, ya que en las últimas modificaciones yo había invertido más y durante bastante tiempo había trabajado más horas que él por un porcentaje de ganancias menor.
Él estuvo de acuerdo a regañadientes, creo que le entró miedo de que yo pudiera arruinar el negocio con mala prensa si me iba. Me encargué de trabajar en el turno de mañana cuando entraron las dos chicas nuevas. Llegaron al turno de mi socio sabiendo perfectamente que su jefe era un sinvergüenza sin escrúpulos y que en caso de que les tocase un pelo, o simplemente mencionase la posibilidad de soñar con tocárselo, no solo tendrían mi apoyo para una denuncia por acoso, sino que yo misma lo denunciaría. Estaba harta de perder buenas empleadas por sus mierdas. Porque, aun encima, les prometía el cielo pero, como conmigo, en cuanto tenía lo que quería, su interés se evaporaba y ellas dejaban el trabajo entre avergonzadas y dolidas.
Aunque pareciera increíble, conseguimos tener un buen ambiente en la tienda. Nosotros seguíamos evitándonos al máximo, pero cuando coincidíamos ya no había esa horrible tensión. Las ventas aumentaban y logramos seguir produciendo nuevos artículos a muy bajo coste, por lo que el margen de beneficios era amplio.
Pasados un par de meses ni recordaba qué había visto en ese tío si, en realidad, se le veía a la legua la intención, si usaba siempre las mismas tácticas, las mismas frases… En fin, que logró incluso darme pena.
Yo jamás hablé en el trabajo de mi vida privada, por lo que no fue de extrañar su cara de sorpresa al ver cómo se despedía de mi en la puerta mi nueva pareja. ¡SI! Me estaba ilusionando con un chico que conocía en realidad de hacía tiempo y con el que llevaba ya un mes quedando. Al entrar, el saludo de siempre, chocamos el puño (algo que empezamos a hacer cuando dejé de odiarlo, a modo de gesto conciliador), pero entonces él me agarró la mano y tiró de mí. Estaba serio, preocupado… “¿Te puedo preguntar quien era ese chico?” No pude evitar reírme. “Puedes preguntar lo que quieras, pero si no tiene que ver con la tienda, no pienso responderte” ¡Estaba alucinando! ¿De verdad, después de todo lo que me había hecho pasar, iba ahora a controlar con quien estaba yo? Pues menuda chapa me soltó, que si estaba preocupado por mí, que si no quería que nadie me hiciera daño (claro, tenía él la exclusividad), que si era por el bien de la tienda… Como pude, me zafé de él y me puse a trabajar. Él se fue, pero de noche, como hacía en mis primeros tiempos en la empresa, me escribió un mensaje deseándome buenas noches. Obviamente lo ignoré. Pasados unos días me envió un texto enorme donde ponía las razones por las que se había dado cuenta de su error, lo arrepentido que estaba de haberme hecho daño y juró que nunca nadie lo había hecho sentir como yo (y no será que no buscó). Finalmente me vi obligada a encararlo y ponerme seria: no iba a tolerar ni una sola de sus tonterías, si seguía así, tendría que tomar medidas.

Desde entonces apenas me hablaba, siempre estaba triste, taciturno, diría incluso que lloroso. No me lo hubiera imaginado jamás. Una de las empleadas me dijo que lo había visto llorando en el almacén con una chaqueta mía en la mano. Pero nunca me volvió a hablar del tema. Hasta que, el día de mi cumpleaños, mi novio me envió al trabajo un ramo de rosas azules, yo me emocioné muchísimo y, al salir, no esperé a doblar la esquina para abrazarlo, como solía hacer.
Al día siguiente mi socio no vino a trabajar. Dos días más tarde avisó a una empleada de que estaba enfermo.
Al tercer día me llegó un burofax de su abogado, en él me decía que me ofrecía su parte del negocio por mucho menos de lo que valía y que me pusiera en contacto con el bufete. Y así, sin más, desapareció. Llevo meses sin saber de él, sus amigos no lo han visto y nadie sabe nada en los lugares que frecuentaba.
Me parece alucinante que, después de todo lo que me hizo pasar y de no haber mostrado ni un poco de piedad por mí, realmente no fuese capaz de soportar verme feliz con otra persona. Supongo que, en su retorcida cabeza, si era especial para él.
Escrito por Luna Purple basado en una historia real