Hay una frase que me saca de mis casillas. La he escuchado más veces de las que puedo contar, y cada vez que alguien la suelta, con esa sonrisa condescendiente, me dan ganas de gritar.
“Disfrútalo, que crecen muy rápido.”
¿Disfrutar de qué, exactamente? ¿De las noches en vela, de los cólicos a media tarde, de los llantos sin explicación, o del olor a vómito en mi ropa? Porque si eso es lo que hay que disfrutar, lo siento, pero yo no estoy hecha para esto.
Los primeros años de vida de mi hijo están siendo un auténtico infierno. Ya sabía que el bebé podría no ser fácil; hay niños que duermen mal, otros que no comen, otros que lloran a todas horas, pero, es que el mío viene con todo el pack.
Mi hijo no duerme. Nunca. Ni de día, ni de noche, ni cuando lo paseo en el cochecito, ni cuando le canto veinte nanas seguidas. Tiene el sueño ligero como una pluma, y cualquier ruido —el clic del mando, el ladrido de un perro, mi respiración— lo despierta. Y ahí empieza otra vez la función: lloros, brazos, mecer, paseos por el pasillo, intentos de calmarlo con chupetes, biberones o canciones que ya odio profundamente. Hay noches en las que nada funciona.

Además, es un bebé que odia su cuna y su carro. Como lo dejes sobre cualquier superficie, llora como un loco. En la hamaca a veces me aguanta un rato, pero no mucho. Lo único que me funciona es la mochila de porteo.
Y mientras tanto tú, con el niño encima todo el día y con el cerebro frito. Porque no dormir no es solo estar cansada. Es una forma de tortura silenciosa. Te hace más irritable, más sensible, más torpe. Lloras por todo. Te olvidas de lo que ibas a decir a mitad de frase. Te miras al espejo y no te reconoces. Eres un cadáver con moño mal hecho y ojeras.
“Estás muy sensible, son las hormonas”
Y lo peor es que, en medio de esa desesperación, llega siempre alguien, que suele ser una vecina, una tía, o mi madre, y te suelta alguna frasecita de esas que te tocan mucho la moral.
Pues mira, no. No son las hormonas. O puede que sean las hormonas unidas a la falta de sueño y al agotamiento. Pero soltándome una frase de mierda, no me ayudas.

“Aprovecha ahora que es pequeño y no se mueve”
No sabéis la de veces que he escuchado esto. Mi hijo ahora mismo tiene 5 meses y obvio, aún ni anda, ni gatea, pero moverse, se mueve. Y sí, también me han dicho lo de que cuando ande me voy a cagar. Pero es que yo ahora mismo ya estoy hasta arriba. Si me pongo a pensar en todos los problemas y escenarios catastróficos que voy a vivir de aquí a siete u ocho meses, entonces me tiro por la venta.
“Ya verás cómo echas de menos esta fase, cuando de mayor no quiera ni mirarte”
Otra de las clásicas. Y no dudo que sea cierta. Un buen día me levantaré por la mañana y me encontraré jugando a la Play, no me querrá dar un beso y se avergonzará de mí delante de sus amigos.
Pero ahora mismo estoy desbordada y lo que necesito es que crezca un poco más rápido y empiece a dormir por las noches.

“Ser madre es lo mejor que te puede pasar”
Y es cierto, ser madre es algo hermoso, pero extenuante. No me malinterpretéis. Amo a mi hijo. Lo amo con todo mi ser, incluso cuando me hace perder la cabeza. Pero eso no significa que me esté gustando esta etapa. Amar a tu hijo y odiar su fase de bebé pueden coexistir.
El problema es que está mal visto quejarse de la maternidad. Es algo que yo elegí, y no me arrepiento, pero quiero poder hablar de ello, de cómo me siento, de lo mal que lo estoy pasando sin miedo a que me aparezca el coro del “disfrútalo”.
Hay madres que disfrutan de los primeros meses. Que conectan rápido, que tienen bebés tranquilos, que se adaptan bien al cambio. Qué suerte la suya. Pero también hay muchas otras que lo están pasando fatal. Que aman a sus hijos, pero odian el caos que vino con ellos. Que se sienten solas, cansadas y, sobre todo, culpables.
Cuando mi hijo sea mayor y mire atrás, seguramente recordaré con ternura algunas cosas: su risa sin dientes, sus ojos enormes mirándome con devoción, su primera palabra. Pero eso no quita que ahora mismo, en el barro, lo que siento es un agotamiento extremo.
Así que sí, crecerán rápido, y me arrepentiré de no haberlo disfrutado. Pero yo ahora solo puedo soñar con un futuro, espero que próximo, donde dormiré ocho horas del tirón.