Después de veinte años de relación, hay cosas que se han convertido en rutina. En rutinas agradables y cómodas. Los sábados de ir a desayunar a nuestro bar preferido. Ir al teatro una vez cada tres meses. Domingos de comer con la familia. Maratón de pelis Marvel para el día del orgullo friki. Vacaciones de verano en la playa. Fin de semana romántico una vez al año en un balneario. Y el polvete de los sábados (sí, somos así de típicos) y alguno más si hay algo especial que celebrar, como nuestro aniversario o que su equipo suba a primera.
Y el sexo también se ha vuelto rutinario. No es que me desagrade, al contrario, me siento cómoda y confiada. Conocemos cada rincón del cuerpo del otro y sabemos cómo procurar placer. Pero últimamente me he aficionado a las novelas románticas y a las series k-dramas, y sin quererlo, he empezado a idealizar ciertos comportamientos que mi pareja ya no tiene conmigo, o no ha tenido nunca.
Hace un tiempo, en medio de un casquete, me dio por pensar que nos faltaba un poco de pimienta en nuestros encuentros sexuales. Él me dijo que me había notado algo distraída y yo le quise contar lo que se me había venido a la cabeza.
Él cree que son manías mías que se me han metido en la cabeza por leer tanta novela pseudopornográfica y que la realidad no es como la pintan en esos libros. ¡Qué me vas a contar a mí! Según él, nuestro sexo es muy bueno, como siempre.
Y sí, sí es bueno, pero, por poner un ejemplo, mis orgasmos ya no son tan potentes ni devastadores como lo eran antes. Quizás es que me he hecho mayor, quizás es que las hormonas me tienen alterada y por eso no los siento tan fuertes, pero la verdad es que antes eran una verdadera petite mort, como dicen los franceses. Y ahora ya no.
No hace mucho me volvió a contactar un antiguo amigo que en su día me tiraba la caña, y a mi ego no le sentaba mal esa sensación de saber que gusto, más allá de a mi pareja. Hemos quedado un par de veces a tomar café. Y esta tarde me ha dado por fantasear con lo que habría podido ser y nunca fue, y me he puesto súper cachonda.
Tan cachonda me he puesto que le he pedido tema a mi pareja, aunque no sea sábado. Él ha preguntado a qué se debía esa novedad y yo le he contestado con vaguedades. Pero tampoco ha insistido mucho porque no le iba a hacer un feo a un polvete fuera de día y sin nada que celebrar.
Y sí, confieso que no he podido evitar cerrar los ojos muy fuerte y pensar en esa fantasía y, ¡Dios!, qué manera de correrme. Ha sido como antaño, completamente sublime. Cuando me he calmado, me he sentido culpable, como si hubiese sido infiel.
He tenido unos remordimientos increíbles durante toda la semana y, cuando ha llegado el sábado, primero he sido un poco reticente a empezar con los preliminares. Pero me he mentalizado de que no era justo para mi pareja y me he puesto a la faena con ahínco, intentando que no entrasen en mi cerebro pensamientos intrusivos.
Pero el orgasmo tardaba en llegar y ha sido imposible evitar que mi amigo entrase en escena en mi cabeza. He llegado al clímax enseguida y de una manera brutal.
Sospecho que se va a convertir en mi nuevo mantra sexual, mal que me pese. Y si alguna vez se convierte en rutina, tiraré de nueva fantasía sexual echando mano de otro protagonista.
Porque sí, me siento culpable, pero mi cuerpo está satisfecho.
envía tus movidas a [email protected] y nosotras las ponemos bonitas