¿Por qué? ¿Por qué? ¿Por qué?

Dos palabras que se repiten en mi casa como un mantra, a todas horas del día o de la noche. A veces, van acompañadas de su fiel amigo, el ¿cómo?

Y es que, en mi casa, parece que por fin hemos terminado la maldita aDOSlescencia, y hemos entrado de lleno en lo que yo llamo la fase filosófica de la infancia. Esa en la que el o la peque te cuestiona todo. Y encima te hace pensar. Que no me malentendáis, la prefiero mil veces. A veces se hace un poco intensa, pero por lo general me parece una fase super mona, y me encanta jugar con ellos y verlos procesar ideas en esas cabecitas.

Empezamos con cositas normales. Llevaderas.

  • Vamos a vestir venga, que nos vamos al parque.
  • ¿Por qué?
  • Porque no podemos salir a la calle desnudos, hay que ponerse ropa.

Y ahí se quedaba la cosa, tan contentos.

Pero poco a poco van cuestionando mas cosas, si no este post sería muy aburrido. Ahora ya las conversaciones van más o menos así:

  • Mami, ¿por qué me has puesto las botas de agua?
  • Porque ha llovido, mi amor, el suelo esta mojado y seguro que vas a querer saltar en los charcos.
  • ¿Por qué?
  • Porque te gusta mucho saltar.
  • ¿Por qué?

¿Mi problema? A veces no se como responder a sus dudas.

¿Por qué llueve mami? Venga, vale. Te lo compro. Explicamos grosso modo el ciclo del agua. ¿Por qué es de día si no puedo ver el sol? ¿Por qué tengo que bañarme? ¿Por qué?

A veces intento redireccionar las preguntas para que las respondan ellos solos. Mami, ¿qué haces? La cena mi amor. ¿Por qué? ¿Por qué crees que estoy haciendo la cena? Y ves a sus pequeñas cabecitas intentar encontrar una razón.  Porque es de noche, porque tengo hambre, porque eres la mejor mami del mundo.

Además, es que lo cuestionan todo, hasta sus propias decisiones. ¿Que me pide agua? Me pregunta por qué le doy agua. ¿Que elige el color verde para pintar porque es su favorito? Me pregunta que por qué es su favorito. Y así con todo.

A veces, si se sienten inspirados, si se cansan del por qué empiezan con el cómo. Y ahí ya me pierdo. ¿Se supone que tengo que ponerme a explicarles las leyes de la termodinámica cuando me preguntan que cómo hace el avión para volar?

He de confesar que a veces les pago con la misma moneda, solo por diversión. Cuando me dicen algo, les contesto ¿por qué? Y sigo y sigo y sigo. Hasta que rompen y me dicen, mami, no hace falta preguntarlo todo.

Últimamente la casa ha pasado de ser un caos con las constantes rabietas a ser el departamento de filosofía de la Universidad, en el que se cuestiona todo de una manera que haría temblar hasta al mismísimo Aristóteles. Y he de reconocer que esta fase, tan cansina como parece, me esta pareciendo una de las mas bonitas.

Andrea M.