Os digo desde ya que no es recomendable ir a tomar café con otras mamás del cole. Tú te piensas que va a ser un café rápido, que luego te vas a recoger la casa y poner lavadoras, y al final te vas del bar pensando que eres la peor madre del mundo.
Siempre empezamos hablando sobre temas mundanos: que si a mi hijo ya le han echado la bronca y es la primera semana de clase, que si al mío se le mueve un diente, o que si mi hija ha perdido la agenda. El problema viene cuando, después de hablar de los hijos o de cotillear sobre otras mamás, pasamos a los temas trascendentales.
El otro día, por ejemplo, salió el tema del testamento. Sí, ese escrito que los ricos dejan para decir a quien le dejan su herencia. Se reúne toda la familia y un abogado lee en voz alta las últimas voluntades del muerto, como por ejemplo, que le deja su casoplón y sus millones a su sobrino favorito pero sólo si se casa con una buena mujer antes de cumplir los 30. ¿O eso solo pasa en las películas?

El caso es que yo pensaba que eso de hacer el testamento ya no se estilaba. Pues resulta que sí, y que soy la única del grupo de mamás que no lo tiene.
Además de dejar escrito a quien le dejas tus bienes (si es que los tienes), hay una cosa muy importante que debes deja claro en el testamento: con quien quieres que se queden tus hijos en el caso de que tu marido y tú fallezcáis trágicamente.
Yo, que vivo de alquiler y tengo lo justo en el banco para pasar el mes, pues ni se me había pasado por la cabeza hacer testamento. Y mucho menos, con quien quiero que se queden mis hijos en el supuesto caso de desaparecer de este mundo.
Tampoco tengo separación de bienes, estoy casada en gananciales que por lo visto es lo peor que he podido hacer según las otras mamis entendidas en la materia. Pero ese ya os otro tema que resolveremos otro día.
Lo reconozco, vivo al día y no pienso más allá de lo que vamos a comer mañana, pero es cierto que con aquella conversación entre mamás me vino una bofetada de realidad. Ese día me enteré de que, en España, si no dejas unos tutores legales para tus hijos, es un juez el que tiene que decidir con quién se quedan los niños. Lógicamente, primero tiran de familiares cercanos: abuelos, tíos, si tienen hermanos mayores de edad… Al final, el que mejor posición económica tenga, es el que se hará cargo de los menores. Vamos, que mis hijos pueden terminar viviendo con mis suegros y yo sin poder hacer nada porque estoy muerta. Soy capaz de volver desde el más allá, ya te lo digo.

O peor aún, acabar en un centro tutelados por el Estado porque nadie ha querido hacerse cargo de ellos, o porque varios familiares peleen por su custodia y si el proceso se alarga pues van a un centro de menores hasta que todo se resuelve.
Y claro, ahí estaba yo, sin un plan para mis hijos, mientras las demás mamás ya tenían todo atado. Sólo me aliviaba saber que la familia de mi marido no se iba a querer hacer cargo de unos niños a los que ven una o dos veces al año. A lo que una mamá me debatió mientras le daba un sorbo a su café: “Que no les quede una buena pensión de orfandad o les dejéis vosotros una buena suma de dinero a tus hijos, que entonces igual sí que les interesa quedarse con ellos”.
¡Qué horror! ¿Entonces mis hijos pueden acabar en casa de la hermana de mi marido? ¿Cuándo a mi hijo pequeño, que acaba de cumplir dos años, ni lo conocen porque no se han dignado a ello?
Me fui de allí con el cuerpo revuelto. Yo creo que se me cortó la leche del café del disgusto. Con deciros que en cuanto pillé a mi marido por banda le dije que teníamos que pensar en unos tutores para nuestros hijos.
Y aquí llegó el gran dilema… Lo lógico, al menos para mí, sería elegir a mis padres, porque son sus abuelos y ven a los niños de forma habitual. Pero dejar a dos niños pequeños a cargo de dos personas de casi setenta años, quizás no sea lo más adecuado.

Luego está la opción de mi hermano y mi cuñada, que tienen una casa grande y buenos trabajos, pero no tienen hijos porque no han querido. ¿Qué hago, le encasqueto a los míos cuando ellos decidieron no ser padres?
Tenemos también una pareja de amigos que podrían ser buenos padres para nuestros retoños, pero sería mejor que mis niños se criaran con un familiar.
¡Es súper difícil elegir unos buenos padres para tus hijos! Pero si algo tengo claro, después de aquel café, es que tenemos que dejar por escrito con quien queremos que se queden. Porque, a ver, ¿qué cuesta más? ¿Una cita de media hora con el notario o que tus hijos acaben en un limbo legal o con familiares que te caen mal porque a ti te dio pereza dejar arreglado este tema?
Cómo os decía, es mejor no ir a tomar café con nadie porque te plantean cosas en las que tú no habías pensado. Lo bueno es que me hicieron reflexionar en todo esto, y me di cuenta de que hacer un testamento no es de agoreros ni de ricos, es de ser prácticos y previsores.