Aquí en Weloversize pocas cosas nos gustan más que las demostraciones de autoestima y la gente que es capaz de superarlo todo, hasta las situaciones más complejas. Por eso mismo, pocas cosas nos gustan más que Audrey.

Audrey Nethery, de solo 6 añitos de edad, padece una extraña enfermedad: la Eritroblastopenia congénita o anemia de Blackfan-Diamond (toma ya el hombrecito) o, más fácil, ADB (DBA en inglés). Esta enfermedad es una «alteración aislada de la serie eritroblástica, concretamente a nivel de los proeritroblastos, con normalidad de la maduración mielocítica y megacariocítica» (sí, Wikipedia). WHAT. Pues, básicamente y en resumen, es un trastorno sanguíneo muy poco común que hace que la médula ósea no produzca suficientes glóbulos rojos para transportar el oxígeno a todo el cuerpo. esto provoca signos y síntomas parecidos a los de otros tipos de anemia (palidez, somnolencia, soplos cardíacos…) aunque lo más llamativo son los rasgos anómalos en la cara, la cabeza y las manos, la baja estatura y el comienzo tardío de la pubertad. Pero no, aunque no lo creas, esto no es lo que más llama la atención de Audrey.

A pesar de su enfermedad, Audrey ama con locura la danza, más concretamente la Zumba. Su seguridad, su desparpajo y toda esa alegría que desprende cuando baila, señoras y señores, la han hecho famosa en el mundo entero.

Y gracias a esos vídeos (los puedes ver todos en el canal de youtube de su padre) que se han hecho rápidamente virales, Audrey se ha convertido en la imagen de la ADB, consiguiendo recaudar mucho dinero para la investigación de esta rara dolencia.

Sin duda alguna, esa mezcla de energía y alegría infinitas que Audrey desprende mientras baila, canta o hace cualquier cosa nos enseña una importantísima lección: da igual que tu situación sea mala o incluso la peor, debes intentar salir adelante, ser feliz, quererte mucho y sentirte orgulloso de tus logros, ya sean estos conseguir la paz mundial o convertirte en un maquinote de la Zumba. Siempre lo decimos, amichis: amor propio, la clave es el amor propio.

Por eso, dejemos que una pequeña monadita de solo 6 años nos dé la lección más importante de nuestras vidas.

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