Querido diario

No eres peor madre por no dar el pecho a tu hijo

No somos pocas las mujeres que, tras haber dado a luz, optamos por elegir la lactancia materna como principal alimento para nuestros recién nacidos hijos. Durante el embarazo la que más o la que menos se informa (o no) de lo que está por venir, y claro está que son múltiples los beneficios que nuestra propia leche ofrece a un bebé que acaba de llegar al mundo.

Todo parece muy sencillo cuando lees o pides opiniones a mujeres que han lactado o todavía lo siguen haciendo, con sus más y con sus menos. Una siempre piensa que llegado el momento superará cualquier obstáculo y conseguirá hacer de la lactancia materna algo fácil y cotidiano.

Pero los planes en ocasiones se tuercen, y lo que parecía algo natural que sucedería desde el primer segundo de vida de nuestro hijo, se puede convertir en una pesadilla. No vamos a hablar de el por qué se ha llegado a este punto, la situación personal de cada madre en cuanto a su lactancia es diferente y no hay dos casos iguales: hipogalactia, mastitis dolorosa, nacimiento prematuro y falta de agarre… Efectivamente existen grupos de apoyo a la lactancia que pueden prestar una valiosa ayuda en estas ocasiones, pero aunque pueda sorprender son muchas las mujeres que desconocen su existencia y desisten de amamantar ante el elevado nivel de estrés y angustia.

Si a todo esto le añadimos la presión social que se ha creado en torno a dar o no el pecho… es lógico que como madres sintamos ansiedad pensando una y otra vez en por qué nosotras no fuimos capaces de amamantar mientras otras sí que lo han logrado. Y por eso estamos aquí, para recordar algunos motivos por los que dejar atrás esa losa.

La lactancia es temporal, la maternidad es para siempre.

Y así es, en ciertas ocasiones cuando se habla de dar el pecho da esa sensación de que sin dar teta somos mamás incompletas, en absoluto. Vamos a ser madres durante toda nuestra vida, el pecho es cuestión de meses (o algún año).

El famoso apego, existe igualmente.

Ese sentimiento de complicidad y cariño especial que se crea entre madre e hijo no desaparece del día a la mañana por no dar el pecho. Y sino que le pregunten a tantas y tantas madres que desde el primer día han dado biberón a sus hijos.

Con o sin leche materna, tu bebé crecerá sano.

Actualmente las leches de fórmula son de una gran calidad, no hablaremos de comparaciones pero sí subrayaremos todos los exhaustivos controles por los que deben pasar estas leches antes de salir al mercado.

Tu hijo no será más inteligente por tomar teta ni enfermará menos.

Es muy importante desmitificar estos aspectos. Circulan por la red ciertos artículos que resaltan las inmensas propiedades de la leche materna hasta el punto de afirmar que los bebés de pecho cobrarán 98 € más en sus nóminas siendo adultos (no mentimos, aquí tenéis el link). Otros directamente confirman que los alimentados con lactancia artificial son más propensos a alergias y a enfermedades. Cada niño es diferente, y por ello su sistema inmune según crece se hace más o menos fuerte en función de numerosos factores, no solo de la leche con la que se alimente.

Dejemos de cargar con todo el peso de la nutrición de nuestros hijos, los padres son la otra mitad y ellos no lo hacen.

Como pareja se decide tener un hijo, como pareja nos convertimos en padres y, como pareja, deberíamos tomar las decisiones. Parece que los primeros meses de vida de una criatura todo lo que gire en torno a su alimentación depende al cien por cien de lo que decidamos como madres, y seremos nosotras el foco de las críticas o las opiniones. Pues no. Si como mujer sientes presión, siéntate con tu chico y házselo saber, la responsabilidad es de ambos y no es justo que todo recaiga sobre nosotras.

Disfrutar del momento es lo único que debería importar.

Nunca nos cansaremos de decir que la maternidad es nuestra y debemos hacer oídos sordos a todo aquello que nos haga daño. Deja de buscar opiniones en espacios poco recomendados, olvida poco a poco comentarios que aun queriendo ayudar, no hacen más que hurgar en la herida. El tiempo pasa rápido y estamos en la obligación de ser felices por y para nuestros hijos.

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