Sex & Love

Follodrama: De cómo una mamada acabó en potada

Le conocí en un concierto. Lo típico, amigo de mis amigos, nos hacemos megaíntimos porque somos unos freaks de Harry Potter. Chupito por aquí y cubatazo por allá, jiji jaja, ay qué mona eres, ay qué bueno estás. Sonaba Arcade Fire y ahí estábamos, perdiéndonos el directo porque decidimos comernos las bocas con todas las ganas y pronto esas ganas dieron paso a la urgencia y la necesidad de comernos algo más que la boca.

Nos despedimos a la francesa, pillamos un taxi y nos plantamos en su piso. El subidón se nos había bajado un poco por culpa del frío y de estar esperando a nuestro transporte, así que cuando llegamos a su habitación el ambiente no era igual que el del concierto; por eso él decidió romper el hielo y traerse la botella de jagger a los aposentos. “Brindemos, por Harry Potter”. Y lo hicimos, pero unas 3 veces y cuando nos dimos cuenta los chupitos estaban haciendo de las suyas y los cubatas anteriores volvían a resurgir de las cenizas uniéndose a la fiesta.

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Yo llevaba una mierda fuerte, pero controlaba; él iba mucho mejor que yo y decidió tocarme. Pero me puse tan nerviosa por no haberme pasado ni una toallita ni nada, que le aparté la mano rollo esquizo y le empecé a comer la polla. Una buena mamada ayuda a relajar el tema y seguro que al acabar podría ir al baño a “refrescarme” el potorro y recibir una buena comida por su parte.

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Debí haberlo intuido, pero iba tan pasada que ni pensé. Me metí demasiado en el papel y quise demostrarle que mis mamadas eran mejores que las de las pelis porno; empecé a darle a la lengua a tope, y él me dijo que prefería tenerla entera dentro de mi boca. Accedí a ello y él cada vez estaba más empalmado y duro. Empezamos a pillar un buen ritmo y él me cogió de la cabeza como si mi boca fuese un coño enlatado. Y pasó.

Me la metió tan hasta el fondo que en vez de una arcada lo que salió de ahí fueron todos los chupitos y los cubatas que me había metido. Le vomité en toda la polla, pero es que no podía parar de hacerlo y parecía la niña del exorcista. Él gritando de tal manera que pensé que era una mujer, y yo como una manguera sin control que necesita ser apagada. Acabé, y él se fue gritando al baño bañado en mi vómito y escuché lo que no debía escuchar, a él vomitar.

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¿Sabéis la peli de los Goonies, cuando Gordi explica que gasta una broma en el teatro tirando una vomitona por el palco y que al final consigue que todo el público acabe vomitando del asco de verse los unos a los otros vomitar? Pues me sentí igual porque me pasó lo mismo, empecé a vomitar de nuevo y él de escucharme vomitaba más. En cuanto me recompuse pillé mi bolso, mi dignidad y me fui sin hacer ruido, con la esperanza de seguir siendo recordada como la fan de Harry Potter y no como la Pottah que le eché en la polla.

Autor: Ari Pottah.

Imagen destacada.

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