Como os contaba en mi anterior texto, tras dos años de relación furtiva, supe que estaba embarazada de mi amante y éste me demostró quien era en realidad.
Sin ningún tipo de anestesia me soltó “O abortas o te olvidas de mí ahora mismo”. Yo me sentí destruida, devastada, estaba sola ante todo eso y él, el único hombre del que me había enamorado en realidad me iba a dejar para siempre. Me llevó a la puerta de una clínica y me dejó sola. Supe en ese momento que, me dijese lo que me dijesen mis mariposas del estómago, ese sería nuestro último día juntos. Allí me dieron una pastilla y yo, más preocupada por cómo afrontar lo que pasaría con J entonces, me fui sin prestar mucha atención a lo que me decía la doctora.

Dos semanas después supe que aquella pastilla no me había hecho nada y que estaba embarazada de dos garbancitos a los que, en cuanto pude ver en la ecografía, amé incondicionalmente. Salí de la consulta decidida a tener a mis bebés yo sola. Había desterrado a J de mi vida, sin ningún tipo de resistencia por su parte. Estaba dolida, pero sobreviviría.
Al día siguiente llegué a mi trabajado con unas enormes ojeras, pues estaba decidida pero eso no significa que no estuviera totalmente preocupada y asustada. Mi compañero nuevo, P, se acercó a saludarme y se preocupó por mi aspecto pues siempre acudía a la oficina bien peinada y maquillada y esa mañana me había hecho un moño en un minuto y mi cara lavada dejaba al descubierto todas las horas que había dedicado a llorar en las últimas semanas. Le sonreí como pude y agradecí su preocupación, pero no quería contar todavía lo que había pasado. La culpa por haber intentado deshacerme de mis bebés me estaba comiendo por dentro. Sabía que tenía pocas alternativas, que me había aterrado la idea de criar a un bebé que se sintiese abandonado como lo había estado yo, pero ahora sabía que yo podía ocupar aquel espacio, sabía que mi problema había sido más la falta de amor de mi madre y yo ahora podría querer a esos bebés como nunca me habían querido a mí.

Una amiga se acercó más tarde. Se reía y me preguntaba si me estaba quedando ciega, pues el nuevo de la oficina llevaba desde el primer día mirándome obnubilado y se veía claramente interesado en conocerme de verdad. Yo le dije que no estaba en absoluto interesada en saber nada de ningún hombre, además estaba segura de que cualquiera que pudiese cruzarse en mi camino entonces, saldría huyendo cuando supiera de mi embarazo. Ella me escuchó y me apoyó mucho desde entonces. P le preguntó unos días más tarde si creía que podría invitarme a un café, ella le dijo que yo ahora tenía demasiadas preocupaciones, pero él insistió.
“Merche me dijo que tenías muchas cosas que te abrumaban ahora mismo, pero yo pienso que, si tomamos un café, puedes descargar alguna de esas cosas conmigo y, entre los dos, llevamos la carga más ligera”. Yo sonreí por primera vez en semanas y él me devolvió el gesto. Sus pequeños hoyuelos me deslumbraron, así que le dije que no, sabiendo que él insistiría. Me negué durante varios días a tener contacto visual con él, hasta que apareció en el área de descanso mientras yo me tomaba una infusión caliente, se sentó a mi lado y me pidió que le dejase conocerme. Pasamos la media hora del descanso charlando y yo, que jamás cometería de nuevo los mismos errores, comencé mi biografía por el final y le dije que esperaba mellizos, que estaba sola y que empezaba a afrontar mi situación. A él se le iluminó la mirada, decía que le encantaban los niños y que, si finalmente nos hacíamos amigos, él me ayudaría en todo lo que yo necesitase.

Sus intenciones eran buenas y me pareció un hombre muy cercano, así que no me opuse a empezar a vernos después del trabajo. Había dejado de ir al gimnasio y tenía mucho tiempo libre y demasiadas preocupaciones como para estar sola.
Noté cómo me empezaba a enamorar de verdad de un hombre bueno, suponía que era un castigo del destino por haberlo hecho tan mal hasta el momento, pero no podía evitar sentir esa admiración, ese cariño, ese deseo por aquel hombre que me trataba como a una reina y me daba tanto cariño y comprensión.
Merche, mi compañera, me había regalado una sesión de eco 3d para saber el sexo de los bebés y podía ir acompañada. Mi familia estaba lejos y, desde el divorcio de mi marido, me habían dejado bastante de lado, así que se lo ofrecí a P. Él se emocionó tanto que, con un brillo en los ojos que jamás había visto, me besó con la mayor ternura del mundo. Me sentí más grande, más fuerte, amada, respetada… Pero también sentí que no lo merecía, así que le dije que no debía volver a hacer eso, que yo no era lo que él merecía para la vida y que quería criar a mis bebés tranquila sin sobresaltos. Él me miró a los ojos sonriente, me puso la mano sobre el vientre y me dijo “Si me dejas entrar en tu vida prometo amarte como en realidad te mereces y ayudarte a criar a estos bebés como míos”.
No me lo podía creer. Dejé pasar unos días. En la eco me dijeron que serían un niño y una niña, estaba feliz y me imaginaba a mis pequeños en mis brazos… Y en los de P.
Merche me aconsejó que me dejase llevar por mis sentimientos. Podíamos probar un tiempo y, cuando se acercase el parto, decidir qué hacer.
Dos meses más tarde, mientras mi nuevo novio me ayudaba a montar las cunas y el resto de muebles de la habitación de los bebés, me pidió matrimonio. ¡Dos meses! Una locura…
Una preciosa locura que os cuento desde mi luna de miel. Mis bebés tienen ya un año, esperamos a que naciesen para la boda y así poder disfrutarla de verdad. Él le puso sus apellidos y pocas personas saben que no son hijos de sangre. Pero no es padre quien engendra…

La mujer de J me contactó tiempo después de nacer los mellis. Me llamó de todo y me deseó cosas horribles, cuando yo jamás quise saber nada más de aquel ser horrible. Supongo que encontró algún mensaje. Sinceramente, me da bastante igual, yo solo quiero centrarme en mi familia y disfrutar de esta oportunidad maravillosa que me dio la vida.
Escrito por Luna Purple, basado en la historia de una seguidora.
(La autora puede o no compartir las opiniones y decisiones que toman las protagonistas).
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