Tengo arañas vasculares, pues vale

 

Cuando era pequeñita pensaba que mi abuela era una reina.

No porque fuese la mujer más sabia, cariñosa, guapa y amorosa que conocía, que un poco también. Sino porque tenía la sangre azul.

Y todo el mundo sabe que la gente de sangre azul es la realeza…

En fin, bendita inocencia.

Ahora sé que lo que tenía mi abuela eran varices y arañas vasculares.

Y también sé que debe de haber algún componente hereditario para padecerlas, ya que mi madre las tenía y yo… acabo de descubrir las primeras en mis piernas.

Tengo arañas vasculares, pues vale

Imagen de Cottonbro en Pexels

No me lo esperaba, no tan pronto.

Quiero decir, no es que me encuentre yo en shock ni nada parecido, pero lo cierto es que he flipado bastante cuando me las he visto.

Por el momento son pocas, pequeñas y discretas. Qué majas.

Estas primeras (sé que crecerán y que habrá más) me han salido en las corvas.

Las he descubierto gracias a una foto postu que le pedí a mi chico que me hiciera. Una de esas entrando en la orilla del mar. No sé por qué hice zoom y las vi.

Y pensé ‘joder ¿ya?’ y ‘hale, pues mira por qué me pica esa zona a veces’.

Porque de alguna manera tenía asumido que, antes o después, las temidas arañas vasculares harían nido en mi cuerpo.

Mi madre las odiaba.

Las tenía a lo largo de las piernas, en los tobillos y, con la edad, le salieron también en la cara.

Y a ella la acomplejaban muchísimo.

Tuvo que operarse cuando terminó padeciendo dolorosas varices, pero también se hizo tratamientos laser en las del rostro.

Se dejó un montón de dinero en sesiones que solo las atenuaban ligeramente.

A mí nunca me parecieron para tanto. Mi madre era también una reina en todos los sentidos, para mí.

La vi siempre tan bonita como la veía de niña, apenas si las percibía.

Tengo arañas vasculares, pues vale

Cuando he visto esas rayitas en mi piel no he podido evitar pensar en mi madre y lo que me habría dicho si estuviese aquí para verlas.

Estoy segura de que se habría ofrecido a regalarme un tratamiento con el que mitigarlas.

De hecho, he estado investigando un poco en Google al respecto.

Las dichosas arañas vasculares o telangiectasias son muy comunes, no suelen ir acompañadas de otra sintomatología y no suelen revestir ningún tipo de gravedad.

Son simplemente antiestéticas.

También he aprendido las causas de su aparición y las formas de prevenirlas (lo típico, mantener un peso saludable, hacer ejercicio, no estar sentado ni de pie mucho rato, evitar los tacones altos…), si bien no existe un modo de prevenirlas por completo. Vamos, que si te tienen que salir, te van a salir.

Tengo arañas vasculares, pues vale

Imagen de Cottonbro en Pexels

Soy muy consciente de lo que mi madre sufría por las arañas vasculares que se extendían por su piel, en cambio yo, me he quedado un poco… meh.

Como que a cero grados, ni frío ni calor.

Puede que la cosa cambie si de pronto me las veo alrededor de las fosas nasales, supongo que es muy probable.

No obstante, por el momento me la soplan bastante.

Si es que en mi cuerpo hay de todo: cicatrices, estrías, patas de gallo y ahora también arañas vasculares. Pues vale.

Y más cosas habrá.

Porque la vida nos marca, los cuerpos cambian y a mí me gusta ver todas esas evidencias como una especie de mapa.

Uno que no nos dice cómo llegar a ningún lado, sino que nos cuenta de donde venimos y todo lo que hicimos en el camino.

Así que, bueno, es verdad que tengo arañas vasculares y que es posible que acabe por tener también varices.

Pero, mira, yo me voy a quedar con que tal vez en la cabeza de alguna niña inocente, soy una reina.

 

Anónimo

 

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