De Noche Buena a Noche Prometedora en un café
Hace un tiempo, en Noche Buena, decidí quedar con un chico de Tinder. Apenas habíamos cruzado cuatro palabras por la app, pero yo había salido recientemente de un confinamiento preventivo (me metí en mi cuarto porque tuve contacto con un positivo, pero resultó no ser nada) y mi cuerpo me pedía salsa. Bueno, me pedía un paseo para desentumecer los músculos, la verdad. Tirarse una semana larga metida en la cama puede parecer un sueño. Pero yo prefiero llamarlo vacaciones forzosas, en las que ni siquiera eliges tú qué hacer.
Pues quedamos en un bar céntrico, que dispone de terraza, porque todo el mundo sabe que, entre el virus y la primera cita con un desconocido, hay que buscar un lugar público, ventilado, concurrido y cómodo. Personalmente pongo más requisitos para un sitio de primera cita, que para buscar piso.
Aproveché que tenía la tarde libre para quedar antes con una amiga y dedicarnos a ponernos monas, cada una para una cosa. Así que aparecí mejor peinada en esa cita de lo que fui luego a la cena de fin de año. Qué queréis que os diga, a mí me vale cualquier excusa para quedar con una amiga y ponernos guapas mientras arreglamos el mundo con cuatro conversaciones.

Cuando llegué me estaba esperando en una de las mesas de la terraza, bebiendo un refresco. Yo hice lo propio y empezamos con la típica charla informal de estudios, trabajo, aficiones y toda esa información necesaria para conocer a alguien. Yo de verdad que no sé cómo se ligaba hace 60 años porque, según mi abuela, aquello era bastante más paulatino y natural. Pero esto que hacemos ahora me suena a rellenar una checklist. No obstante, hay que decir que el chico la rellenó muy bien (la lista, digo) y yo me fui a mi casa con la sensación de que estábamos empezando algo que podría acabar teniendo cierta relevancia en mi vida.
Pasé de lo que parecía que iba a ser una NocheBuena, tirando a aburrida por las restricciones de aforo, en casa de mis padres, a lo que acabó siendo una Noche Buenísima con más ilusión que la Noche de Reyes.
¿Que dejé volar demasiado mi imaginación? Totalmente consciente de ello. ¿Que ha pasado ya un tiempo en el que he ido controlando mi cerebro sentipensante para no pegarme la hostia? También os lo digo. Y por ahora seguimos conociéndonos. Sin etiquetas, pero muy agradable todo.