Toda la vida, desde que tengo uso de razón, he sentido que no era capaz de conectar con la gente, adaptarme al medio y a las personas que me rodeaban.

Desde pequeña he sentido cierta exclusión por esto, a veces me excluían por ser “rara” y otras tantas era yo la que prefería estar sola e ir a mi ritmo. Me sucedía incluso estando en familia, mis padres siempre han sido muy cariñosos y cercanos y mi hermano también, sin embargo, yo siempre he sentido cierto rechazo a tanta efusividad física y nunca me he sentido parte de la familia como estoy segura que sienten ellos. Mi sentimiento de pertenencia siempre ha estado un poco bloqueado de alguna manera y he sentido a mi madre sufrir mucho por mi actitud.

En el instituto todo esto se agudizó, porque aunque en principio intentaba esforzarme algo en forjar amigos, por algún motivo que nunca he tenido claro, ellos sentían que mi actitud no era natural o normal, pero era algo que no podía evitar, siquiera sabía identificarlo. Quizás era esa distancia personal, no sé. Se supone que la gente reacciona de una manera concreta y yo lo hago de otra. Por ejemplo, toda la vida me han acobardado mucho los ruidos fuertes y las luces y era incapaz de estar en una discoteca, por lo que cuando estaba en la etapa en la que tocaba eso, volvía a quedarme en mi casa sola, mientras todo el mundo me decía que era una aburrida. Mi rutina me daba calma y era en el sitio donde me sentía en cierta manera a salvo.

Ya de adulta, he sentido que mis “rarezas” se agudizaban y la historia de mi vida ha sido del estilo: muchos nervios cuando estoy en el trabajo, mucha presión por las responsabilidades, sensación de angustia continua en grupos de gente. Depresión, ansiedad, desconexión y sobre todas las cosas me he sentido siempre muy incomprendida.

Decidí ir a una psicóloga ya con casi 30 años porque esta situación me tenía muy preocupada. Ésta me dijo sutilmente que muchos de los rasgos que le contaba eran características de autismo. Dentro de mi cabeza, el autismo era algo muchísimo más extremo que lo que yo sentía, y además, desde mi desconocimiento, las personas con autismo no podían hacer vidas aparentemente normales como la mía.

Qué equivocada estaba. Me bastó informarme un poco para saber que el trastorno del espectro autista implica un gran abanico de condiciones y que dentro de ello, hay muchísimos tipos y niveles o grados. Me tomé en serio lo que me dijo mi psicóloga y me hice diferentes pruebas que indicaron que efectivamente, estoy dentro del espectro autista.

Desde entonces, en cierta manera he encontrado paz, porque llevo toda mi vida creyendo que podía cambiar algo que me hacía diferente y que estaba en mi mano hacerlo, encontrándome fuertemente frustrada porque no lo conseguía. Y es que, sencillamente, era imposible cambiarlo. Esas características venían conmigo, como el que es rubio o moreno. En mi casa en aquellos años nunca se plantearon que esto pudiera suceder, precisamente porque a efectos académicos y demás, era una niña aparentemente normal.

A día de hoy agradezco conocer mi condición porque ahora comprendo muchas cosas de mi vida y me miro con respeto y aceptación, algo que antes era incapaz de hacer porque desconocía qué era eso diferente que había en mí.

 

Anónimo

Envía tus movidas a [email protected]