Jugando con la ley. Cap 10: Una pared fría y sospechas confirmadas.

Posted In: Relatos

  • Ilenia
    Ilenia on #239553

    Prólogo https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley/
    Capitulo 1: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-2/
    Capitulo 2: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-2-una-no-oferta-y-una-fantasia/
    Capitulo 3: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-3-un-sirope-y-escalofrios/
    Capítulo 4: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-4-control-de-alcoholemia-y-el-salto-del-tigre/
    Capítulo 5: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-5-un-deseo-desvelado-y-ojos-dilatados/
    Capítulo 6: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-6-un-hombre-de-champions-league-y-ajustar-cuentas/
    Capitulo 7: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-7-una-orden-y-un-limite/
    Capítulo 8: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-8-un-trago-de-cerveza-y-una-detencion/
    Capítulo 9: https://weloversize.com/topic/jugando-con-la-ley-cap-9-una-risita-y-una-noche-divertida/
    .
    .
    .

    Capítulo 10: Una pared fría y sospechas confirmadas.

    Comencé a despertarme lentamente, me estiré debajo de las sabanas lo suficiente como para que mis piernas y brazos crujieran.
    Algo húmedo recorría mi cuerpo, era agradable pero extraño, con gran esfuerzo conseguí abrir los ojos para ver qué era lo que mojaba mi piel. Era él, estaba encima de mí, pero apoyaba sus piernas y manos en el colchón para no aplastarme con su cuerpo. Pasaba sus labios con suavidad por mi hombro. Recordaba que nos habíamos tapado con una sábana, pero ya no estaba. Siguió besando mi pecho desnudo hasta bajar a mi vientre. No pude evitar sonreír, aquello sí que eran buenos días.
    Cuando se percató de que ya había abierto los ojos y estaba observando cómo me acariciaba con su boca, subió lentamente por mi cuerpo hasta llegar a mis labios, me besó despacio, sin prisas, siendo tierno con cada caricia. Su lengua acarició la mía con suavidad, como si me estuviera pidiendo permiso. Era maravilloso. No necesitaba que sus labios devoraran mi boca para que consiguiera quemarme la sangre.
    –El desayuno está preparado–dijo en mis labios. Pasaron unos segundos antes de que sus palabras atravesaran el banco de nubes y llegaran a mi cerebro. Asentí y volví a besarlo con la misma lentitud, él me correspondió profundizando un poco más aquel contacto.
    Se apartó de la cama en dirección a la puerta, por como resopló, diría que estaba un poco acalorado. Me fijé en que llevaba el uniforme de policía, le quedaba maravillosamente bien, se veía poderoso. Era la fantasía sexual de cualquier mujer. Más bien la tuya. Estás obsesionada con los trajes.
    – ¿Puedo darme una ducha?
    –Solo si me dejas mirar–me sonrió socarrón. Consiguió que me ruborizara y por supuesto se rio de la reacción de mi cuerpo. –Claro que puedes, en el mueble del baño hay toallas y tu ropa está aquí–señaló la silla del escritorio donde se encontraba toda mi ropa, incluyendo la interior, perfectamente doblada.
    Sabía que estaba completamente desnuda pero no fui realmente consciente hasta que salí de la cama y él me seguía atentamente con su mirada, fue entonces cuando mi cabeza hizo clip y con rapidez recogí la sábana del suelo para taparme. Por unos segundos me ardieron las mejillas, por suerte Daniel pareció percatarse y no prolongó mi momento vergonzoso marchándose de la habitación.
    Me metí en la bañera y corrí la cortina. Él agua salía fría pero apenas se notaba cuando impactaba en mi cuerpo. Dentro de la ducha, había una estantería donde había varios botes de gel de cuerpo, champú, maquinillas de afeitar y una esponja. Demasiadas cosas se me estaban pasando por la cabeza, intenté apartar todo aquello y ducharme rápido.
    Dentro de la ducha, en la pared interior había un toallero donde coloqué la toalla con la que enrosqué para poder salir fuera de la ducha.
    Retiré la cortina y me quedé helada. Daniel estaba allí mirándome. Al salir de la ducha la toalla se aflojó dejándome desnuda antes sus ojos. Intenté taparme con las manos mis partes íntimas, si hubiese podido hubiera hecho un agujero en el suelo para meter la cabeza
    –No te tapes–dijo con la voz ronca, justo esa voz que me traía de cabeza. Me quedé quieta mientras él se acercaba a mí y recogía la toalla del suelo. Dejé caer mis brazos, Daniel recogió la toalla del suelo y comenzó a secarme el cuerpo con delicadeza, con mimo, siendo muy tierno y suave en los puntos clave de mi cuerpo. No pude evitar estremecerme.
    Comenzó a descender y sustituyó la toalla por sus dedos, abriendo mis labios e introduciendo un dedo en mi interior. Las piernas me flaquearon y pensé que me caería al suelo, pero con su mano libre me sostuvo por el vientre y me apretó contra la pared del baño, estaba helada pero mi cuerpo estaba lo suficientemente caliente como para apenas notarlo.
    Introdujo otro dedo más y aceleró el ritmo, un gemido escapó de mis labios, estaba disfrutando demasiado lo que me estaba haciendo. Abrí los ojos como platos y el aire les faltó a mis pulmones cuando sustituyó los dedos por su lengua. Me estaba entregando momentos de placer que nunca antes había experimentado. No quería que parara, aferré su pelo con una mano y con la otra acaricié unos de mis pechos. No podía estar quieta, me iba a volver loca. Me rozó con su lengua, despacio, para después lamerme con mayor intensidad y acabar mordiendo justo en el punto clave consiguiendo que mi cuerpo comenzará a convulsionar sin control. No podía parar de gemir, pero él seguía lamiéndome, haciendo el orgasmo interminable, me iba a desmayar de puro placer.
    Se puso en pie y continuó secándome el cuerpo mientras yo intentaba llenar mis pobres pulmones de oxígeno.
    Me dejó sola en el baño para que me vistiera, creía que era demasiado tarde como para pensar que necesitaba intimidad para vestirme. Daniel había visto, explorado y tocado cada milímetro de mi cuerpo, ya no había sitio para la vergüenza.
    Abrí el armario que colgaba encima del lavamanos en busca de un peine con el que cepillarme el pelo. A ese hombre le gustaba cuidarse, cremas, exfoliantes, máquina de afeitar, espuma, y unas cuantas colonias, ahí estaban las culpables de su aroma tan delicioso. Tantas cosas y juraría que solo lo había visto peinado una vez, tampoco se podía decir que llevara la barba perfectamente delineada pero tampoco era un desastre,
    Una vez vestida y con el pelo en condiciones, bajé a la cocina donde estaba él sirviéndose un café.
    – ¿Café?
    –Sí, gracias–me sirvió una taza y me acercó la leche y el azúcar mientras yo me sentaba en un taburete de la isla.
    –También hay zumo de naranja– se sentó en el taburete que había a mi derecha. Señaló hacía la jarra azul de cerámica que estaba a su lado.
    No recordaba haber tenido un día tan perfecto en los últimos dos años. Me sentía tan satisfecha que conforme pasaban los minutos y era más consciente de lo que había pasado, comenzaba a asustarme, lo perfecto no solía durar demasiado.
    Parecía un sueño, había pasado una noche extraordinaria y lejos de estropearse por la mañana con silencios incómodos, seguía siendo perfecta. Primero me había regalado un orgasmo descomunal en el baño y después me había preparado el desayuno, café, zumo, una fuente de bollería y otra de fruta, incluso había tostado pan y sacado un bote de mantequilla y mermelada de fresas que para colmo era mi preferida.
    –No tenías por qué molestarte–me serví dos tostadas y comencé a untar una con mantequilla.
    –No es ninguna molestia–se acercó a mí y cuando iba darle un bocado a mi tostada, se adelantó y la mordió él. Noté como mi corazón se revolucionaba, era como si nunca fuera a desaparecer ese sentimiento de deseo hacía él.
    Desayunamos tranquilamente. Me contó como seria su día. Primero le tocaba patrullar con su compañero, un hombre seis años mayor que él que se pasaba las horas muertas contándole sus planes de futuro: conocer a una mujer, enamorarse y tener dos hijos. Después le tocaría arreglar todo el papeleo atrasado.
    Hablaba de todo el trabajo que tenía como si fuera agotador e inacabable pero sinceramente a mí no me pareció para tanto.
    A pesar de ir bastante justo de tiempo para llegar a la comisaria, no me permitió irme en taxi, estuvimos un rato discutiendo sobre ello, finalmente mis pocas ganas de discutir un tema tan ridículo acepté que me llevara a la casa.
    Paró el coche justo delante de la puerta, cosa que me puso nerviosa. No quería que ninguno de mis padres, más bien mi padre nos viera, siempre había sido muy raro con esas cosas.
    Me agarró por el brazo y tiró siendo suave, me volteó hacía él, su rostro estaba demasiado cerca. Asaltó mi boca con fiereza, dejé fluir toda mi frustración y lo besé. Sentí su mano posándose sobre mi muslo, acariciándolo de arriba abajo, agarré su rostro con las dos manos para intensificar más el beso, esta vez era mi lengua la que buscaba la suya con desesperación.
    –Te llamaré–susurró en mis labios.
    Me bajé del coche y observé cómo se alejaba. Nunca me había gustado que los hombres me dijeran “te llamaré” el noventa y nueve por cierto de las veces era mentira.
    A penas eran las nueve de la mañana y ya María había hablado por un grupo telefónico que teníamos las tres para avisarnos que esa tarde sin falta quedaríamos para hablar de su problema.

    Entré a la casa y justo mi padre pasó por delante, llevaba un café y un par de napolitanas de chocolate. En la última analítica de sangre que se hizo, el médico le dijo que tenía que cuidarse y dejar los dulces o acabaría por darle azúcar.
    Intentó esconder la bandeja disimuladamente, pero fui inútil, yo ya había visto el contenido, seguro vio mi gesto de desaprobación pues inmediatamente me sacó tema de conversación.
    – ¿Cómo te fue la noche con las chicas? –no recordaba en que momento le dije que iba a pasar la noche con ellas en casa de Tania.
    –Bien, pero no acabo de irme cuando ya me estas pidiendo ir a almorzar.
    –Últimamente nunca estas en casa.
    –Es verano–intenté excusarme ¿Qué pretendía? No me iba a quedar allí en esa casa con la muda de mi madre en su estudio, él en su despacho o en su taller con su trabajo y yo siendo golpeada por todos los recuerdos pasados.
    –Ya, pero podrías intentar pasar más tiempo en casa.
    –Sí, y tú podrías hacer caso al médico y cortar con los dulces–me acerqué a él y le quité una de las napolitanas, se quejó al instante.
    –Te dejo una y no debería–era divertido regañar a mi padre. Se fue hacía su estudio refunfuñando algo por lo bajo que no entendí.

    Fui a la cocina y me serví una taza de café a pesar de que no hacía ni media hora me había tomado uno en casa de Daniel. A diferencia de otras personas, el café no me activaba, lo que consideraba una suerte porque me encantaba y solía tomar entre dos y tres tazas diarias.
    Me senté en un taburete de la cocina a ojear mis redes sociales con mi café al lado.
    No me percaté de que eran casi las diez de la mañana, sobre esa hora mi madre solía bajar a desayunar. Por un momento pensé en marcharme, pero no tardé ni un segundo en desechar la idea. No tenía por qué hacerlo, no estaba haciendo nada malo. Me resultaba ridículo el modo de huir cada vez que yo estaba cerca, como si oliera a mierda. Muchas veces cuando ella entraba a una habitación y automáticamente le cambiaba la expresión de la cara al verme, yo simulaba olerme la axila para comprobar si olía tan mal. Por supuesto me aseguraba de que ella lo viera, era un intento de que comprendiera que su actitud ya me resultaba graciosa.
    La realidad era que no era para nada divertido sentir el rechazo continuo de tu madre.
    Allí estaba a las diez clavadas. Me observó de reojo, para mi sorpresa no puso cara rara ni pareció entrar en tensión, se dedicó a prepararse su café mañanero y un par de tostadas. Todo lo hacía con bastante tranquilidad. Terminó de prepararse el desayuno, lo colocó en una bandeja y se marchó.

    Subí a mi habitación y comencé a descartar ropa, no estaba muy segura de que me pondría para el almuerzo con mis amigas. Ya estaba un poco cansada de los pantalones cortos y las camisetas de tirantas, eran los mejores atuendos para combatir el calor infernal del verano, pero verme día tras día con el mismo tipo de ropa me aburría.
    Mientras elegía que ponerme puse la máquina de aire acondicionado para combatir el calor. Mi habitación siempre había sido la más calurosa por su posición, el sol siempre la iluminaba. En invierno, cuando los pasaba allí, se agradecía la ubicación pues usaba hasta el último rayo de sol antes de encender la luz, pero en verano era simplemente mortal.
    Finalmente, y sabiendo que moriría de calor, en lugar de unos vaqueros cortos, opté por unos pantalones de pitillo largos azul claro y una camisa blanca muy fina, no me gustaban las camisas de manga corta, por eso me las compraba de manga larga y después la remangaba hasta los codos.
    Me miré en el espejo y me gustó mucho mi conjunto, me veía diferente y bonita. Los colores claros siempre fueron una debilidad, solo me faltaba una aureola encima de la cabeza.

    Según me dijo Ross, se encargaría de que mi coche estuviera aparcado cerca de la casa antes de la una y media. Cuando la policía me detuvo, mandaron llamar a la grúa para que se lo llevase y ya no supe que más pasó con él y la verdad, hasta que Ross no me envió un mensaje informándome que ya lo tenía en su poder, no me había acordado. Fue una suerte que a mi padre no se le hubiese perdido nada en el garaje, si me hubiese preguntado por su coche no habría tenido una mentira preparada.

    Tania me dio un toque al móvil, eso significaba que ya estaba lista y me estaba esperando. Cogí mi bolso, me miré por última vez al espejo y bajé las escaleras a toda prisa.
    –Olé las chicas guapas–escuché decir a mi padre que salía de la cocina con una botella de agua.
    –Gracias–le sonreí. No podía negar que me encontraba de buen humor, y sabía quién era el culpable.
    –Que bien te hice–comenzó a reírse a carcajadas. Me giré y le miré desconcertada de que aquello hubiese salido de sus labios. No pude evitarlo y yo también comencé a reírme mientras salía por la puerta de la casa.
    Me dirigía a los aparcamientos de un parque cercano donde Ross había dejado el coche de mi padre. En la rueda izquierda trasera estaban las llaves. Seguir conduciendo el coche de mi padre sin los papeles en regla era arriesgarme a acabar nuevamente en comisaria, pero la verdad era que si la noche iba a acabar igual que la anterior no me importaba lo más mínimo regresar una y otra vez.
    Arranqué y me dirigí a la casa de Tania. Seguro ya estaría echando chispas, me estaba retrasando demasiado, pero no era ella quien me preocupaba, sino María, parecía estar enfadada con nosotras, desde hacía un par de días quería hablar y parecía ser algo serio, pero yo tampoco tenía la culpa de que la policía me hubiese detenido.
    Por fin llegamos al restaurante donde almorzaríamos las tres. En la puerta, esperándonos estaba nuestra amiga. Tenía un aspecto apagado y triste que no me gustó nada. Fue en ese momento cuando de verdad me creí que la cosa iba en serio. La verdad pensaba que se trataría de alguna pelea absurda con Álvaro, me sentía mal por no haberle dado la importancia que ella se merecía.

    Al no ser fin de semana, el restaurante no estaba muy lleno lo que nos libró de tener que hacer cola. Un camarero bastante joven y muy guapo nos llevó hacía una de las mesas junto a la ventana, según el camarero que no paraba de sonreírnos, esa era la mesa con mejor ubicación de todo el restaurante ya que la brisa llegaba por diferentes zonas.
    Especialmente ese chico miraba a Tania, y ella parecía encantada pues le sonreía ampliamente. El chico era alto, tenía el pelo castaño con algunos reflejos rubios, era una maraña de rizos con una buena cantidad de espuma, los ojos marrones oscuros y la vestimenta de camarero le quedaba bastante bien, se notaba que iba al gimnasio.
    Regresó con nuestras bebidas y nos tomó nota de lo que comeríamos, además de guapo parecía ser un listillo, mencionaba primero los platos más caros con un tono meloso, muy convincente, pero no, mi economía no estaba como para caer en la tentación de una pluma ibérica de dieciocho euros por más a la brasa que fuera.
    Tania me miraba y movía ligeramente la cabeza hacía María, quería que rompiera el hielo y preguntara a mi amiga que era eso que tenía que contarnos ya que María no terminaba de arrancar. Hice como que no entendía lo que quería decirme, se rindió y fue ella la primera en hablar.
    –Cuéntanos que te pasa.
    –Es complicado. Aun no entiendo cómo ha pasado–se llevó las manos a la cabeza.
    –Explícate–pedí con amabilidad.
    Justo cuando María iba a hablar, el camarero llegó con los primeros platos. Nos deseó buen provecho con una sonrisa que me pareció bastante seductora, más de lo que su trabajo requería, sobre todo cuando le dio su plato a Tania, hubo un choque de miradas bastante raro.
    –La otra noche pasó algo–María volvió a hablar sacándome de mis pensamientos. Esperamos a que siguiera hablando, pero no lo hizo, por lo que Tanía tuvo que darle un último empujón.
    –Estamos en confianza. Sabes que puedes contarnos lo que sea.
    –Me acosté con Álvaro–se llevó de nuevo las manos a la cara. Parecía muy avergonzada.
    Al final mis sospechas eran ciertas. No se lo diría a María, pero su reacción me parecía exagerada solo por haber tenido sexo con un hombre. ¿Enserio, lo dices tú? A veces odiaba los pensamientos de mi maldita cabeza.
    A Tania si pareció cogerla totalmente por sorpresa pues comenzó a bombardear con miles de preguntas a María. Algunas más fáciles de responder que otras.
    –¿Cómo surgió? ¿Qué paso para llegar a la cama? ¿Te gusta Álvaro? ¿Es bueno en la cama? –cuando escuché esa última pregunta casi escupo el tinto de verano. Yo podía responder a eso.
    –Estábamos discutiendo por la limpieza, el muy guarro llevaba tres días sin cumplir el horario de limpieza que establecimos. De repente la discusión subió de tono, mezclamos temas y antes de que me diera cuenta estábamos en la cama.
    – ¿Y cómo está la situación entre vosotros? –pregunté intentando calmar un poco la situación.
    –Mal, no puedo mirarlo, ha intentado hablar un par de veces conmigo, pero le he evitado, ¡me odio!
    –Solo fue un polvo, no te puedes odiar por ello–Tania no parecía enterarse de la película.
    –Tania, me odio porque quiero repetir. Me atrajo desde el primer día que le vi, pero su entorno no me gusta. Sin mencionar que cuando se lo propone es un verdadero imbécil que me saca de mis casillas.
    –Creo que deberías poner en una balanza los pros y los contras, y lo que más te pese pues… ya sabes–no sabía si ese era un buen consejo, pero fue lo único que se me ocurrió.
    La situación era más complicada de lo que parecía, no se trataba de unos chicos normales que podían decidir estar juntos o no, sino de dos personas totalmente diferentes, sería muy egoísta por parte de María pedirle a Álvaro abandonar a sus amigos, igual sería injusto que María por él, entrara en un mundo que odiaba, del cual había intentado alejarse lo máximo posible. Para mí su postura ante mis amigos era exagerada, pero la respetaba. Sabía que no se consideraba superior, simplemente no tenían nada en común.
    Estaba totalmente segura de que Álvaro se moría por mi amiga, había contemplado en más de una ocasión como la miraba cuando ella estaba distraída. Era una mezcla entre deseo y admiración.
    – ¿Si él te pidiera que no te marcharas, te quedarías? –preguntó Tania, no creía que fuera una pregunta acertada, en el estado de confusión en el que estaba María, no era bueno plantearle cuestiones tan duras.
    –No lo sé–abrió los ojos como platos–¡Madre mía! No lo sé. Estoy más pillada de lo que creía–las tres estábamos alucinando. Eso no me lo esperaba para nada. Pensaba que se trataba de una atracción física fuerte.
    No quisimos presionarla más e intentamos cambiar de tema, en concreto intentamos enfocarlo al coqueteo que tenía Tanía con el camarero.
    El cambio de tema nos duró cinco minutos. María no hacía más que pedirnos una solución, como si nosotras fuéramos Dios y supiéramos que era lo mejor para ella.
    Mi solución era que ambos se sentaran y hablaran sinceramente de sus sentimientos y de hasta donde serían capaces de llegar por aquello que ambos sentían.
    Estaba tentada a hablar con Álvaro, éramos muy amigos y teníamos la confianza suficiente para hablar de cualquier tema, pero no creía que fuera correcto meterme en una relación ajena. Por otro lado, no era meterme, solo quería saber sí Álvaro también estaba confundido o solo había sido sexo.
    Terminamos de comer y nos marchamos. Cuando salimos fuera, María nos abrazó con fuerza, primero a mí y después a Tania a la vez que nos daba las gracias por escucharla e intentar ayudarla.

    Apenas dejé a Tanía en su casa, me dirigí al parque en el que había quedado con Álvaro. Durante el postre, sin que ellas se dieran cuenta, le envié un mensaje. Le dije que quería hablar con él y aunque me insistió bastante para saber de qué se trataba, no le dije que el tema de conversación sería su noche loca con mi amiga.

    Nos saludamos con dos besos en la mejilla y él me miró como si me estuviera pidiendo perdón. Esos dos eran demasiado extremistas, eran maestros de armar drama. Lo liaban todo en vez de sentarse a aclarar las cosas como dos personas adultas y maduras.
    –Ya lo sabes ¿verdad?
    –Sí ¿Qué piensas hacer?
    –He intentado hablar un par de veces con ella, pero me huye–eso ya lo sabía, quería escuchar novedades.
    –Tienes parte de culpa de que no soporte ciertas cosas. Amenazarla con llamar a tus amigos para destrozar su habitación no da buena imagen–aquel episodio fue muy divertido pero mi amiga no lo entendió como una broma.
    –Lo sé–apartó la mirada. Parecía haberse avergonzado.
    –Pues díselo–dije con obviedad.
    –No es tan fácil. No puedo dar la espalda a todo lo que me rodea por una persona, son mi familia. Sin ellos no sé dónde estaría ahora mismo.
    –No te estoy diciendo que le des la espalda a nadie. Solo intenta que entienda que no eres un delincuente y que tus amigos no van a destrozarle nada pedazo de tonto–me sentía como si estuviera regañando a un niño pequeño. Apenas era capaz de sostenerme la mirada. Empezaba a creer que ponía a nuestros amigos como excusa para no enfrentarse a sus sentimientos.
    –Sigo pensando que no es tan fácil–se levantó del banco donde estábamos sentados. Parecía nervioso, caminó unos pasos, pero rápidamente se volvió y se sentó de nuevo.
    –¿Sabes que ella se va de viaje?
    –Te gusta atormentarme–no pude evitar reírme. No quería hacerlo sufrir, solo quería que comprendiera que no hacer nada no era una opción.
    –No debería decirte esto, pero…–esperaba que aquella confesión no me trajera problemas, no solía meterme más de lo necesario en los problemas ajenos, pero cuando se trataba de dos personas tan importantes como ellos, lo veía más que necesario. El fin justificaba los medios, al menos en esa ocasión sí–quizás eres más para ella que un simple polvo–eso sí que captó su atención.
    – ¿Le gusto? – Resoplé. Tenía que estar haciéndose el tonto, era una indirecta demasiado directa como para que no sacará conclusiones por su cuenta.
    –Puede ser–no le iba a decir exactamente las palabras que había empleado mi amiga para describir sus sentimientos por él. No era a mí a quien le tocaba hacer eso, sino a ella, yo simplemente le había dado una pista a ese bruto.
    No me dijo nada, pero cuando nos despedimos me dio las gracias y pareció marcharse con las ideas bastante claras. Le pedí que no le contara nada de aquella conversación a María, me dio su palabra de que no lo haría.
    También comentamos que sería mejor que ella nunca supiera lo que pasó entre nosotros, haríamos como si nunca hubiese pasado, total juraría que nadie a parte de nosotros sabía que habíamos mantenido relaciones sexuales, pero solo fue una vez y fue un error.

    Se había hecho bastante tarde, lo único que quería era llegar a la casa y tumbarme en mi cama, había sido un día bastante ajetreado, me sentía cansada de tantas emociones.
    Miré mi móvil, no tenía ningún mensaje ni llamada perdida de Ross, sabía que no debía hacerme ilusiones ni esperar que él se acordara de mi a cada instante, pero no podía evitarlo, no sabía cómo enterrar aquellos sentimientos que habían aflorado en lo más profundo de mi interior.
    Así me pasé el resto de la noche, mirando el móvil hasta que comprendí que al menos ese día no tendría noticias de él.
    .
    .
    .
    Hola jugadoras/es
    Tengo varias cosas que decir.
    primera: siento el retraso. Estoy teniendo unas semanas muy ocupadas en la universidad. El último año de Derecho va a acabar conmigo.
    Segundo: Hoy he leído un comentario que me han dejado en el capítulo 7 y lo considero tan importante y me siento tan mal que creo necesario dejar aquí la respuesta exacta que he dejado en el capítulo mencionado para dejar claro el tema por si alguien más piensa igual que la persona que me ha dejado el comentario.

    El comentario en cuestión es este:
    A mí, personalmente me empezó a gustar mucho la historia, pero creo que ha sido como muy forzado su primer beso. Pero lo que más me preocupa es el mensaje que a mi me ha transmitido. Dejas que un tío que no conoces de nada (aunque te guste, te ponga o lo que tu quieras) te trate como si él tuviera el derecho a decidir sobre ti y encima te le tiras sin condón y se corre dentro. Yo alucino… Vale que es un cuento, pero si queremos que las cosas cambien deberíamos pensar que mensaje transmitimos.

    Y mi respuesta ha sido esta:

    A Lau

    En ningún momento se especifica que la actividad sexual se realice sin condón, eso no sucede. Entiendo lo que dices, no quería poner lo del condón porque creí que rompía la magia de la escena. En otras escenas si especifico que él va al baño y tal y cual, eso lo hice para que se entendiera que él va a quitarse el condón y asearse. Perdón si no se entendió lo que quise transmitir. (y en el resto del capítulo y siguientes en ningún momento ella hace mención a que esté asustada por haber podido quedar embaraza, tampoco en ningún momento se menciona que ella tome píldora anticonceptiva, por ello creí que se entendía)
    Con respecto al primer beso, lo que pretendo es dar a entender que ella se encuentra en un momento de debilidad por la discusión por así decirlo con su madre, aun así ella no deja que la maneje, si te das cuenta cuando él llega por detrás, ella es firme y le dice que la suelte a pesar de todo el deseo que pueda sentir (más adelante hay una escena donde ella le menciona lo sucedido en el parque), después charlan y él se interesa por saber que le ocurre y el beso sucede en un momento de debilidad que entiendo todo ser humano puede tener.
    Gracias por tu comentario, son detalles que puede que otras personas compartan contigo y me parece importante aclararlos.
    De verdad mil disculpas. Te estoy escribiendo esto y me siento muy mal, no por tu comentario, sino porque soy consciente de que tienes toda la razón del mundo. He dado tan por sentado el uso del condón que no le he dado la importancia que merece. De nuevo mil disculpas a todos.
    .
    .
    .

    Sinceramente os tengo que decir que cuando comencé a escribir mi libro, no lo hice pensando en transmitir ningún mensaje. Yo sólo quería escribir porque me apasiona y conseguir emocionar, hacer reír, llorar, en general, hacer sentir algo a quien lo leyera. Luego conforme fui avanzando si quise transmitir cosas, fundamentalmente que no hay que juzgar a las personas por su apariencia o la vida que hayan tenido. Luego creí poder mandar otros mensajes. Voy a explicar que significa para mí que ella tenga sexo con él en el momento en el que lo hace.
    Ella tiene un dilema interno, se siente muy atraída por él pero siente que hace mal teniendo sexo por el simple hecho de no conocerlo, pero no está mal echar un polvo con quien te de la gana cuando te de la gana.
    Ella va a comisaria sabiendo perfectamente que él está allí, espera a que él salga porque quiere hacerlo. Ella ni está borracha, ni está drogada, ni él la fuerza a darle las llaves de su coche. En el último momento vuelve a decir que no porque se siente insegura a su lado, pero no insegura por miedo, sino porque como dice en varias ocasiones, no cree que un hombre como él se fije en una chica como ella. Decide hacer lo que le apetece porque tiene 23 años y no tiene ningún motivo para negarse a disfrutar, no porque él le robe un beso.
    Me da la sensación de que algunas/os veis que he creado una especie de violador, psicópata y manipulador y no es así por Dios, dadle tiempo, si es un cachico pan.
    Siento mucho todo este rollo (no sé siquiera si me he explicado bien o lo que he hecho ha sido liarlo más) y prometo que intentaré subir capítulo regularmente.
    ¡Nos leemos!

    Respuesta
    Lau
    Lau on #239805

    Muchas gracias por contestarme y aclararme todo. Siento si te hice sentir mal, es sólo que estoy harta de que, sobretodo en televisión, no se cuiden esos detalles donde la gente joven toma referencias. Creo que es algo importante que hay que cambiar. Así que te agradezco millones tu respuesta. Aún eres muy joven y te queda mucho por delante, así que tomate siempre las críticas así, como algo constructivo, que es como tod@s hemos aprendido. Te mando un beso y sigue luchando por tu pasión.

    Respuesta
    Roberta
    Roberta on #239820

    Hola Ile:
    Tu relato sigue emocionándome. Además, hay un matiz de melancolía (eso es lo que percibo yo) que me encanta. Te escribo en los próximos días. Rob

    Respuesta
    Mery
    Mery on #240230

    A lo mejor ya se ha dicho, pero como aquí servidora es un desastre, pregunta, cuantos años tiene el buenorro de Ross??!
    PD. Este capítulo me ha encantado

    Respuesta
    Roberta
    Roberta on #241570

    Hola Ile:
    Tengo algunos minutos libres para escribirte, antes de que empiece mi día.
    Tu relato sigue gustándome, aunque perciba una nota de melancolía… Alejandra se merece un poquito de felicidad y de amor, tras lo que pasó a su hermano y a pesar de la relación con sus padres.
    Tienes un duende especial para hacer latir mi corazón, esa pareja me encanta. Por cierto, me costó un poco entender lo de : “cachico” pan; ¡¡¡ahora conozco una nueva palabra!!!
    Bueno, a esperar el nuevo capítulo.
    Por cierto, te he contestado al capítulo 7, es la última intervención.
    Espero no haber hecho ninguna falta de cualquier tipo.
    Roberta

    Respuesta
Viendo 5 publicaciones - del 1 al 5 (de un total de 5)
Respuesta a: Jugando con la ley. Cap 10: Una pared fría y sospechas confirmadas.

Tu información:




Login