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Truquis para mear fuera de casa

Por mucho glamour que tengamos, hay dos que hacemos todas: 1. Mear fuera de casa, y 2. Rascarnos disimuladamente el toto cuando nos pica. Pero hoy vengo a hablaros de la primera: la aventura de mear en un baño que no es el tuyo. Parece tarea fácil, pero ya todas sabemos que NO LO ES.

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Cuando tenemos que usar un baño público, nos enfrentamos a varios peligros: 1. No llevar kleenex y que no haya papel, entonces tienes que recurrir a la técnica ‘sacudida’, que no nos acaba de convencer; 2. que esté tan asqueroso que no sepas ni donde apoyarte, o donde dejar tu bolso y al final tengas que mear de cuclillas, agarrando el bolso y sacudiéndote intentando no tocar nada; 3. que sea de esos que tiene “luz sensible al movimiento” y SIEMPRE se apaga mientras estás meando, así que ahí te quedas, a oscuras, sacudiéndote y moviendo los brazos como una loca a ver si la puñetera luz te detecta. En fin, y esto es en el mejor de los casos.

Cuando estaba en la facultad, un día (sabe dios porque acabamos hablando de esto) salió el tema baños de la uni, y un amigo me dijo: “tía, no te sientes en el wáter ni aunque pongas papel. Yo una vez cogí ladillas”. Nunca pude comprobar si fue una true story, pero yo me fié de su cara de asco y vergüenza, y me dije: vamos a hacerle caso.

Desde ese momento, nunca más volví a ver los baños públicos con los mismos ojos y ahora cada vez que voy a uno me acuerdo de esa historia y os juro que hago de todo cuando meo fuera de casa, porque me pongo hipocondríaca. Las que sufrís de enfermedades recurrentes como cistitis o candidiasis, entenderéis mi obsesión con este tipo de cosas higiénicas. Así que para curarnos en salud, os traigo algunos consejitos.

  1. Escoged siempre los baños que estén en los extremos.

Son los menos utilizados (hasta hay un estudio que lo avala) y además tenéis más privacidad, que parece una tontería, pero se agradece. Los baños públicos son de todo menos íntimos y privados, así que cuanto más os podáis alejar de los demás, mejor.

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  1. Poned papel (a poder ser dos capas) en la taza del váter, vayáis a sentaros o no.

Igual esto es una manía personal, pero yo si la cosa está poco higiénica, aunque no me vaya a sentar, no quiero ni que me roce, fíjate.

  1. Cuclillas ALWAYS

Si os sentáis, acordaos del punto anterior, pero MEJOR QUE NO. Yo no sé si es que soy un poco maniática, que también, pero para las que lo sois: creedme, os quedáis más tranquilas si no os sentáis. Además, así ejercitáis el culo, que estar ahí medio minuto en esa posición infernal es como cuando haces plancha, que de repente un minuto se hace ETEEEERNO.

¿Por qué agacharnos? Pues veréis: así evitáis estar en contacto o exponeros a los gérmenes y los restos de orina de otras personas. Por vuestro propio bien, ladies.

  1. Limpiad vuestras gotitas, bitches

No sé si a vosotras también os pasa, pero de toooodas las vesces que tengo que mear en un baño público, el 99% hay una jodida gotita que alguien no ha limpiado. Y yo me pregunto: ¿pero por qué? ¿Por qué me la dejas ahí marcando territorio? Por favor, hagamos un pacto entre todas para terminar con esto: cada una que limpie lo suyo.

  1. Súper importante lavarse BIEN las manos

Ya sé que este es un punto que no hace falta ni mencionar, pero no basta con mojarlas, sacudirlas un poquito y ala. No amigas, porque parece ser que (también hay un estudio que lo avala, para que veáis que no me invento mis rayadas) las bacterias fecales y demás, están en las puertas, las manillas, hasta en los dispensadores de jabón. Según este estudio, el tiempo aproximado que tienes que estar ahí frota-frota para quitarte la porquería de los demás es de 15 segundos. Así que ya sabéis, chicas: a contar.

Todo por nuestra higiene y seguridad. Compartir es vivir, así que ahí os queda eso pa’ vosotras y pa’ vuestro cuerpo.

 

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