Hay ocasiones en la vida en las que nos dejamos llevar por la fantasía y experimentamos pensamientos que nos hacen soñar con situaciones y cosas que deseamos muchísimo. Por ejemplo, ¿Quién no ha fantaseado alguna vez con verse en la cama con ese actor o actriz que tanto te pone? ¿O con hacerlo en algún lugar concreto que te resulte excitante?

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Hay tantas fantasías como personas, cada uno tiene las suyas. Y en mi caso, había una que siempre me había fascinado: el trío. Siempre me pareció el culmen de las experiencias sexuales, la fantasía definitiva. ¡Ay, el trío! Lo imaginaba tremendamente excitante, extremo, compartir esa pasión y ese deseo con más de una persona parecía algo desenfrenado y emocionante. Por eso, cuando con veintiséis años una pareja de amigos me propuso acompañarles a un local de swingers, me pareció el momento perfecto para intentar hacer realidad mis fantasías.

trio

Ellos estaban acostumbrados a ir a este tipo de sitios. Eran algo más mayores que yo y llevaban juntos siete años. Con el paso del tiempo, al caer en la monotonía, decidieron que debían hacer algo distinto o se irían a pique. Desde entonces tenían una relación abierta y de vez en cuando experimentaban con eso de meter a otros en su cama. A mí me parecían de lo más revolucionario. Para ellos, hablar de sexo era algo habitual, y es por eso que les conté mi fantasía. En cuanto se enteraron me propusieron hacerla real, pero no con ellos. Si algo tenían claro es que las amistades no las mezclaban con su relación. Su primera regla es que siempre debían ser personas externas a su círculo. Les dije que me lo pensaría.

Dos sábados después me recogieron en coche para ir al club de swingers. Yo no tenía pareja, así que me presentarían como una amiga de ellos que iba buscando nuevas experiencias.

Lo cierto es que aquel lugar era bastante elegante y había más gente de la que esperaba encontrar. El ambiente era relajado, con música de fondo bastante suave. La gente charlaba con total normalidad. Nadie habría dicho, de entrada, lo que se estaba cocinando allí. Pero poco a poco observé cómo el ambiente iba cambiando. Se estaba cargando de tensión sexual. Estábamos los tres charlando con otra pareja. Evidentemente, mis amigos y ellos se interesaban mutuamente, porque vi cómo empezaron a tontear, a rozar o tocar con delicadeza y como quien no quiere la cosa partes del cuerpo de los otros: el muslo, la espalda, el pelo, etc. Supe que era hora de dejarlos solos y les dije que iba a la barra a pedir algo.

flirteo

Fue allí donde me abordaron. Una pareja bastante atractiva que estaba sentada en la barra se me presentó. Los dos eran rubios, altos y guapos. A decir verdad, me sentí un poco intimidada ante tanta belleza estética. Pero decidí no cortarme y empezamos a hablar. Poco a poco, ese mismo contacto que había observado entre mis amigos y la otra pareja, comenzó también entre nosotros. Entonces ella me besó. Me pilló por sorpresa y sentí un hormigueo nervioso en el estómago. Cuando nos separamos, él se me acercó al oído por detrás y me susurró que si me apetecía seguir la fiesta en un reservado que habían cogido. Asentí y sonrieron, mientras me cogían de la mano y me llevaban hacia dentro del local.

Una vez en el reservado, él me pidió que besase a su mujer. Allí estaba yo, iniciando la que esperaba que fuese la experiencia sexual más liberadora y excitante de mi vida. Pero desgraciadamente, la fantasía fue mucho mejor que la realidad.

trio

Después de besarnos e irnos quitando la ropa la una a la otra, su marido entró en el juego. En mi cabeza, los tríos tenían una dinámica perfectamente equilibrada y todos estaban pendientes de hacer disfrutar por igual a las otras dos personas. Pero en la realidad, al menos en la que yo viví, no fue así. Poco a poco fui notando cómo la balanza del protagonismo se iba inclinando hacia ellos dos. Me sentía cada vez más en segundo plano, hasta el punto de sentirme como si estuviera invadiendo un momento íntimo entre ellos dos. De vez en cuando uno de ellos me besaba o acariciaba mientras el otro se centraba en darle placer a su pareja, pero yo siempre era una especie de estímulo externo. Intenté involucrarme más para sentirme más parte del encuentro pero en mi interior empecé a analizarlo todo y se me fue cortando el punto. Me empecé a comer la cabeza pensando en que quizás no lo estaba haciendo bien, que a lo mejor no sabía moverme en un trío o si estaba pareciendo una torpe. Entre una cosa y otra, me di cuenta de que no estaba disfrutando en absoluto. El encuentro terminó en cuanto él llegó al orgasmo, por supuesto penetrando a su mujer, que fue con la única que tuvo sexo como tal realmente. En cuanto vi la ocasión, me vestí y me despedí rápidamente para marcharme. Le envié un WhatsApp a mis amigos, que supuse que estarían ocupados, para decirles que me iba a casa y me pillé un Uber.

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Esa noche no pegué ojo. Me sentía confusa. Años y años queriendo cumplir esta fantasía, y un momento que debería haber sido una experiencia brutal había resultado un chasco absoluto. Quizás tuve mala suerte y no di con las personas adecuadas, pero hoy por hoy aún no tengo ganas de volver a intentarlo. O quizás simplemente los tríos no son para mí, quién sabe. Lo que está claro es que, en ocasiones, no todo lo que suena increíble en la teoría resulta serlo cuando lo llevas a la práctica. Porque si algo tienen las fantasías, es que son perfectas, y la realidad de perfecta no tiene nada. Quién sabe, quizá algún día le de otra oportunidad a la fantasía, pero por ahora, mejor la dejo fuera de mi realidad.

Escrito por Carol M., basado en un testimonio real anónimo.