Yo no soy la tía solterona, yo soy una PANK
Apuesto a que muchas de las que me leéis tenéis en la familia a la típica tía solterona. Entiéndase lo de ‘Tía solterona’ así como concepto. La tía solterona que había en todas las familias, esa que no se había casado ni tenido hijos. Normalmente por uno de los siguientes motivos:
- Porque había sido una pionera, se había dedicado a estudiar y a su carrera y ‘se le había pasado el arroz’ (véase dedo índice en la boca, amago de arcada. Cómo odio esa expresión).
- Porque se había dedicado al cuidado de algún familiar desde muy temprana edad.
- Porque le habían roto el corazón y nunca lo había vuelto a entregar.
Dejemos al margen a aquellas tías solteronas que lo eran porque les salía del pepe serlo, esas no preocupan a nadie porque, sin su dosis de drama, la cosa genera menos interés en los cotilleos de sociedad. Históricamente se ha catalogado a las mujeres solteras sin hijos dentro de esas tres tipologías. Y, contra todo pronóstico, progreso y sentido común, el estigma de las mujeres que optan por salirse del camino del matrimonio y la maternidad sigue ahí.

Yo soy una de ellas, y a mucha honra.
Soy una mujer de 42 años soltera y sin hijos. Pero, ojo, yo no soy la tía solterona, yo soy una PANK. ¿Qué es una PANK? Pues una Professional Aunt with No Kids. Un término que hace referencia a esas mujeres independientes que se han labrado una carrera profesional, con un poder adquisitivo más alto que la media y que dedican gran parte de su tiempo a sus sobrinos, ya sean estos hijos de sus hermanos o de sus amigos.
He de reconocer que lo del poder adquisitivo alto se me escapa un poco, pero lo cierto es que me da para vivir e incluso ahorrar unos cuantos euros. Algunos de los cuales, como toda buena PANK, me gusta dilapidar en regalos y experiencias para con mis sobrinos.
Porque no tengo ni he tenido nunca la más mínima intención de ser madre, pero adoro a los hijos de mis hermanos, tanto los que me dio mi madre como los que fui eligiendo a lo largo del camino.

Soy feliz quedándome con ellos un viernes noche para que sus padres puedan tener una cita a solas. Soy feliz llevándomelos de excursión. Así como viéndolos crecer, trasmitiéndoles mis aprendizajes y valores, formando parte de sus vidas.
Yo escogí ser la tía solterona. Porque mi instinto maternal nunca se presentó ni se le espera ya. Porque mi ambición laboral primaba más, porque adoro mi independencia y porque… sí, leches, porque me da la gana. No porque se me haya pasado el arroz ni porque algo ajeno a mi voluntad me obligara a renunciar.
Yo no soy la tía solterona, yo soy una PANK
Yo soy una PANK convencida, una PANK que ama a esos enanos cuyos padres me permiten disfrutar, consentir por momentos e, incluso, participar en su educación. Lo cual es todo un privilegio que les agradezco cada día.
La tita Pank
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