Según muchos artículos y estudios, las mujeres tenemos una más baja autoestima que los hombres debido a que tendemos a observarnos más a nosotras mismas: nos analizamos y nos juzgamos. Además, en teoría tendemos a dar mucha más importancia a nuestro aspecto físico y esto es algo que nos condiciona.
No podría contarte exactamente cuando perdí esa parte de mí que me hacía especial, que me hacía brillar. Pero sé que tuvo que ver con una subida de peso considerable, una relación sentimental tóxica y un sentimiento de soledad implacable. Y créeme, no he vuelto a ser la misma desde entonces.

Es muy complicado mantener una relación sana contigo misma cuando todos los estímulos externos te hacen creer que deberías estar avergonzada de lo que eres. Lo más duro para mí fue darme cuenta de que aún que intenté no ceder en cuanto a autoestima, acabé dejándome llevar y permití caer en lo que, desgraciadamente, muchas hemos caído.

Estas son las cosas que gané cuando perdí mi autoestima:

1. Incapacidad para reconocer mis virtudes o éxitos
Siempre fui una chica bastante modesta, pero cuando cayó mi autoestima, la incapacidad de ver algo bueno en mí me llevó a rechazar y ser incapaz de creerme cualquier felicitación o alabanza de mis [email protected], compañ[email protected] o de incluso [email protected] Me incomodada mucho que alguien en mi entorno hablara de algo positivo de mí, porque, así entre tú y yo, muchas veces, sentía que me querían tomar el pelo.

2. Susceptibilidad: Tomarme todo de manera personal
Cualquier pequeña crítica me la tomaba como algo muy personal. Como su fuera un ataque directo al centro de mi corazón. Me volví una persona irascible y muy fácil de herir. Esto me llevó a reaccionar de mala manera o de una manera emocionalmente desproporcionada antes comentarios que en realidad, eran una chorrada.

3. Indecisión: Sentía no ser igual que válida que otras personas para tomar decisiones
Esto fue bastante duro, porque tenía un puesto laboral de bastante responsabilidad y por una larga temporada, me daba tanto miedo meter la pata que apenas tenía el valor para tomar decisiones y desarrollar mi trabajo como siempre lo había hecho. De alguna manera que ahora desconozco, debido a la baja autoestima, sentía que cualquier persona de mi entorno podría tomar esas decisiones mejor que yo.

4. Irresponsabilidad: Empecé a sentirme muy cómoda culpando a otras personas
Cuando sentía que no valía nada o que era menos merecedora de felicidad que el resto de mi entorno, me era prácticamente imposible responsabilizarme de conflictos o errores. En mi mente tenía muchos motivos por los cuales las personas debían odiarme o al menos menospreciarme y lo último que deseaba era seguir añadiendo motivos a la lista. Además, para serte sincera, me veía incapaz de ser asertiva y solucionar conflictos. Lo único que deseaba era pasar desapercibida, que nadie me molestara ni me hiciera responsable de nada que no pudiera manejar. Y para ello, des involucrarse de cualquier drama era clave.

5. Envidia: Compararse con los demás
Si, cómo lo oyes. Cuando crees que nada de lo que haces es lo suficientemente bueno, te acaba apeteciendo fijarte más en lo que hacen los demás. Y para que engañarnos, la hierba es siempre más verde en el jardín de al lado. No ser capaz de valorarme me llevó a idealizar las aptitudes de otras personas y esto, a su vez, me llevó a desarrollar envidias insanas que en muchos casos se tradujeron en acabar distanciándome de personas que eran positivas y constructivas para mí.

6. Falta de empatía: Estar a la defensiva
Cualquier comentario que yo consideraba desafortunado (que no quiere decir que en realidad lo fuera) era, a mis ojos, un arma en mi contra. Era incapaz de empatizar con personas que habían estado siempre en mi vida. Comentarios que jamás me hubieran dolido, me habían el alma trizas y por lo tanto acabé alejando a ciertas personas de mí. Todo porque creía que su finalidad existencial era herirme.

7. Falta de autonomía: No sabía decir No
Agradar a los demás era uno de mis objetivos principales. En mi pequeña mente retorcida, sentía que tenía tanto defectos que compensar, que lo único que podía hacer era agradar de todas las maneras que pudiera a las personas que me hacían el favor de permanecer en mi vida. Esto, en mucha ocasiones me llevaba a invitar a la gente a cenas, rondas de birras o simplemente, acababa haciendo cosas con las que no me sentía cómoda, sólo porque quería complacer.

8. El significado de una disculpa: Pedía disculpas por todo
La baja autoestima me llevaba a pedir disculpas hasta por existir. Por cualquier movimiento más brusco de lo normal o cualquier palabra más alta que el resto. Tenía tanto miedo de desagradar que desarrollé una facilidad casi enfermiza para pedir perdón. En realidad no estaba pidiendo perdón por el hecho en concreto, dentro de mí, estaba pidiendo perdón por todas las cosas que estaban mal.

9. Miedo a sentirme desplazada: Fingía una vida social que no tenía
Tenía mucho miedo a sentirme desplazada, a verme sola o marginada. Cuando se formaban grupos de charla y me quedaba fuera, fingía conversaciones por el móvil o llamadas. No era demasiado competente estableciendo conversaciones con personas nuevas, para mí era exponerme demasiado. Sentía que si me abría a hablar con personas que no conocía podrían confrontarme por todas las cosas terribles que yo veía en mí. Prefería fingir una divertida conversación por whatsapp a exponerme a ser marginada.

10. Relación tóxica con el dinero: Comprar cosas que no necesitaba
Creo que comprar ropa o accesorios no era más que una forma de compensar todo aquello que me faltaba. Compraba mucha ropa intentando demostrarme algo que aún no soy capaz de entender. Me gustaba ir de compras con amigas y que vieran que era capaz de comprarme todo lo que deseara, me hacía sentir válida, me hacía sentirme a su mismo nivel.

Creo que estás son las 10 cosas más obvias que se me sumaron al carro cuando me dieron todos los puntos por una baja autoestima. Para [email protected] puede ser una fase y para [email protected] es una constante y lo más peligroso de todo, creo que es, que cuándo más necesitas a personas que te tiendan una mano, más te alejas de lo que necesitas.
Pero hay maneras de salir de toda esa mierda.

Créeme: todo es temporal y serás lo que desees ser, antes o después, pero lo conseguirás.

M.Arbinaga