El paso del tiempo debería tomarse como algo tan natural como que amanece cada día. Y, sin embargo, es una de mis mayores fuentes de estrés.

Recuerdo que, en mis dieci y veintitantos, ni mis amigos ni yo queríamos crecer. Se avecinaban responsabilidades que no deseábamos asumir, y eso que ni siquiera teníamos la percepción que tenemos ahora. La sensación de paso del tiempo es peor cuando eres adulta.

No podemos detener el tiempo, claro. Pero sí podemos emprender ciertas acciones que cambien nuestra percepción de cómo se mueve. Comparto lo que yo hago.

1. Descubrir cosas nuevas

Eso de buscar continuamente experiencias nuevas y lo más intensas posibles para sentir que estás viviendo me parece agotador, no me refiero a eso. Pero asumir cosas nuevas, aunque sean sencillas, te reta, te ayuda a desarrollarte y te da la sensación de estar aprovechando bien el tiempo.

Este año he decidido abrir mi cartera de servicios profesionales y me lancé a dar clases online. Lo primero que logré fue vencer al síndrome de la impostora y a su vocecita perversa: “¡Tú no sabes tanto como para enseñar!”. Sea mucho o sea poco, hay personas que han considerado útil lo que he compartido.

2. Vetar los estímulos externos

Llevaba años sin hacer algo tan sencillo como colgar la ducha y aclararme el pelo dejando que el agua me cayera por la cabeza, la cara y el resto del cuerpo, concentrándome solo en esa sensación. Un momento tan simple y tan cotidiano había perdido todo su poder renovador frente a la omnipresencia de los dispositivos y otros estímulos externos. En el momento de la ducha, casi siempre era un pódcast o música mainstream nada relajante.

Se habla mucho de mantenerse en el presente para detener el tiempo, es decir, concentrarte en el aquí y el ahora. Suena muy etéreo e inespecífico, así que veo más útil escoger momentos que ayuden a conseguir eso de concentrarse en las sensaciones del presente sin pensar en nada más. Como la ducha.

3. Hacer una sola cosa al mismo tiempo

Una de las mejores maneras de “detener” el tiempo es aprovecharlo bien. Y, en contra del mantra moderno del “multitasking”, centrarse en una sola tarea es muy útil.

Si estoy trabajando en una cosa concreta, estoy trabajando únicamente en eso. Tengo una pequeña libreta y un bolígrafo cerca, así que, si me acuerdo de algo que tengo que hacer, no interrumpo la tarea. Solo lo apunto para no olvidar hacerlo más tarde y sigo con lo mío.

4. Desaparecer temporalmente de las redes sociales

Las redes nos parecen ya algo tan cotidiano que entramos por inercia pura. Por matar el tiempo, por ver lo que están haciendo nuestros amigos, por entretenimiento… Las tenemos tan asumidas que no nos paramos a pensar que, en determinadas etapas, nos restan más de lo que nos dan.

En mi caso, a veces noto que me comparo mucho con otras personas. Veo a la gente rodeada de amigos alrededor de una paella suculenta, o haciendo ejercicio al aire libre, y pienso que mi finde ha sido una mierda en comparación. En etapas en las que me encuentro algo vulnerable emocionalmente, por lo que sea, lo mejor es que desconecte y me centre en mí y en mi tiempo.

5. Hacer acopio de experiencias

Escribimos los propósitos del año, pero no siempre hacemos acopio de experiencias vividas o no les damos importancia. Que, como decía en el primer punto, no tiene por qué ser haber cumplido grandes logros.

Me hice un pequeño cuaderno con portadas hechas de cartulina y anillas de bloc en el que voy apuntando cosas novedosas que hago, sea algo tan sencillo como dar una clase de aquagym en el gimnasio, sea visitar un sitio nuevo (que puede ser un pueblo a una hora de mi casa). De vez en cuando los repaso, activo los recuerdos de ese momento y me doy cuenta de lo muchísimo que he hecho.

6. Contactar con mis amigas y familiares

He descubierto que una de las cosas que más me hace sentir el paso del tiempo es llevarme bastante sin contactar con ciertos amigos y familiares. Pienso: “Madre mía, ¡cuánto hace que no sé de [fulanita]! La última vez que la vi fue hace [semanas, meses]» .

A veces le propongo quedar, otras me limito a preguntar cómo le va la vida. Sin culpas si llevo tiempo sin contactar, ¿eh? Que el teléfono funciona de manera bidireccional.

Al final, detener el tiempo no es otra cosa que reconciliarse con él. Si los veranos de la infancia eran interminables era porque no había ninguna preocupación ni necesidades de anticiparse, solo jugar y pasar el rato en la piscina hasta tarde. Ahí está la clave, en encontrar la manera de detener la inercia y quitarle poder al reloj manteniéndonos conscientes de lo que hacemos. No, el tiempo no se te está escapando entre las manos, solo es cuestión de cambiar esa sensación.