¿Sabéis quién es Lucía Rivera? La hija de Cayetano Rivera y Blanca Romero. Una chica joven, muy guapa, modelo, novia de Marc Márquez… y que ha tenido acné. (Os cuento algunos datos tipo salseo para que os pongáis al día.)

Resulta que la muchacha se ha sincerado con sus seguidores y les ha contado todo el tema. Que tenía un montón de acné, y que se ha puesto en manos de expertos para tratarlo, y que le ha costado mucho librarse del muy doloroso (en su caso) problema.

Bueno, pues me mola esta noticia.

Y me diréis: «¿Y a ti qué más te da la piel de esta chica?». Vale, tenéis razón, es su piel y es su movida, pero lo que me parece relevante es que hable del tema e intente ayudar a quienes están acomplejados por el acné. También es guay que se haya decidido a dar consejos sobre la piel solo cuando ha visto que la suya estaba bien. No es de esas típicas personas de «consejos vendo y para mí no tengo».

Habría sido mejor, incluso, que hubiese explicado el proceso mientras lo vivía. No obstante, es una chica joven que tiene derecho a la intimidad como todo hijo de vecino, ¿no creéis? Por muy personaje público que sea, hay una parte de su vida que es solo suya.

Por eso, estoy reconociendo el mérito que tiene haber sentido tanto dolor con algo (hay acnés muy bestias como el brote que sufrió Lucía a causa del estrés) y ser lo bastante fuerte como para contarlo. Ella supo tomar las riendas y ponerse en manos de expertos para solucionar lo que no le gustaba, y ahora intenta ayudar a los demás mediante sus consejos.

Dicho esto, el acné, los granos y marcas de estos no deberían ser señales que nos avergonzasen. Todos tenemos o hemos tenido en mayor o menor medida, y hay muchos factores que influyen en este, como el estrés, en el caso de Lucía Rivera. Claro que duele, y sí que deberíamos tratarlo porque es una reacción de la piel y del cuerpo a algo, vale la pena consultar a dermatólogos. Pero nunca deberíamos sentir vergüenza por ello.

La sociedad siempre ha intentado crearnos complejo por no ser perfectos. Surprise, madafacas, nadie lo es. Y estas marcas de «imperfección» como puede ser el acné, las estrías, los michelines o michelacos, los pelos en sitios inverosímiles, una nariz como la de Cyrano de Bergerac, ojos de distinto color, piel a manchas y un largo etcétera, todas estas marcas de «imperfección» son las que nos hacen ser auténticos. Auténticamente imperfectos e imperfectamente auténticos.

A vivir, a cuidarnos y a disfrutar, gente guapa.