Chica conoce a chico. Chico conoce a chica. Ella piensa que es jodidamente guapo. Él, que es tremendamente interesante. Y viceversa.  Después de largas conversaciones, él propone una cita. Ella, aún con mil dudas, se autoconvence. ¿Por qué no? Una cena maravillosa, después una copa y otra en ese lugar de la ciudad tan de postureo que todos conocemos.

Sin ningún tipo de reparo, él plantea volver juntos a casa, a su casa. Ella, con mil dudas, acepta. ¿Por qué no? Puede ser divertido y no tiene nada que perder. En el coche, el primer beso. Otro, otro y otro aún más intenso. El ambiente empieza a calentarse. Ella, como siempre, duda. Pero finalmente, sube con él a casa.

Un, dos, tres y la ropa empieza a caer. No hace falta nada más para saber que llegó el momento, ese momento en el que ella, entre besos y caricias, duda. Pero, entre duda y duda, sabe que le encanta. Sigue pensando que está jodidamente bueno, que no pasa nada por disfrutar y que, por qué no, puede ser una bonita experiencia. Pero algo la hace dejar a un lado sus pensamientos y volver a la realidad. Él, tras varios juegos, está totalmente preparado. Es evidente lo que está dispuesto a hacer. ¿De verdad él quiere entrar en su cuerpo sin ningún tipo de protección? Ni siquiera pregunta. Él, lo da por hecho. Y, ella, por supuesto, duda. Y mientras duda, ya está hecho.

Se deja llevar, ¿que más podría hacer ya? Y en ese preciso instante, se autoregaña. Se autocastiga, por ser débil, por no tener valor a decir lo que piensa, por no cuidar de si misma, por no quererse. Y mientras su amor propio disminuye  por momentos y su sentimiento de culpa aumenta, sabe con certeza que jamás volverá a mirarse con los mismos ojos. Y, por supuesto, a él tampoco. FIN

Escrito por: Sonia Ávila 

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/Sonia Avam