Me he sentido gorda desde que tengo uso de razón, y he vivido a dieta más tiempo del que me enorgullece aceptar. La primera vez que vi un libro de dieta fue “La Antidieta”: con 69 kilos pensé que podría ser una buena solución para perder los kilos que creía que me sobraban. Por años rechacé mezclar carbohidratos y proteínas, menuda barbaridad. Cuando esto se hizo insostenible en el tiempo, migré a todas las dietas milagro que os podáis imaginar.

Tras la antidieta hice la dieta Atkins, la dieta Scarsdale y la dieta de la sopa de col. Hice la dieta de la manzana, la dieta de South Beach y me salté el desayuno (muriendo de hambre) mucho antes de que se volviera popular el famoso “Ayuno Intermitente”. A lo largo de todos los años que estuve a dieta fui subiendo de peso. Bajaba mientras hacía a la dieta pero, en cuanto la dejaba y volvía a comer «normal», recuperaba el peso y ganaba un cachito más. Fucking metabolismo, pensaba. Y vuelta a hacer dieta una vez más. Hace casi diez años descubrí la Dieta Dukan, y con ella adelgacé mucho y fui capaz de mantener mi peso a raya durante un par años. Al mismo tiempo, dejé de hacer ejercicio porque no tenía la energía, y desarrollé un miedo irracional a los hidratos de carbono. No comí fruta por más de dos años, y el pan era peor que Satanás.

Cuando dejé a Dukan y todo lo cetogénico (me sentía, literalmente, agotada todo el tiempo) empecé una dieta donde un día podías comer un alimento, al día siguiente no, al día siguiente sí, al otro día ni se te ocurra. El control absoluto por cada comida hizo mella en mi psicología, por lo que al dejarla me sentí bastante perdida en cuanto a la alimentación. No sabía cómo organizar la compra, no sabía qué o cuánto comer, y el enorme miedo a los carbohidratos o a comer algo “que no debía” seguía ahí. En mi nevera había lechuga y pechuga de pollo casi exclusivamente, y los fines de semana salía a cenar tratando de convencerme de que no lo estaba haciendo tan mal ( aunque al día siguiente, con seguridad, me arrepentía de todo lo que había comido). Hace unos meses me subí a la báscula y pesaba la friolera de 94 kilos, y lo único que pude hacer fue echarme a llorar. Recuerdo abrazar a mi novio y, entre lágrimas, decirle que lo único que quería era no vivir a dieta. Que sólo quería ser normal, comer como todo el mundo, poder tomarme unas cañas como cualquiera y que eso no significase un kilo de más al día siguiente. Me sentía absolutamente derrotada.

El primer paso hacia liberarme de la cultura de las dietas fue conocer WeLoversize. WeLoversize me ayudó a querer mi cuerpo y a buscar cuidarlo desde el amor y no desde el odio. Aprendí que siempre había odiado mi cuerpo, sus michelines y su grasa extra, intentando eliminarlos con dietas descabelladas. Gracias a WeLoversize inicié el camino hacia el amor propio (un camino muy difícil, con sus altos y bajos) y a tratar mi cuerpo con todo el amor y respeto que se merece.

El segundo paso fue leer el libro “The Fuck it Diet (traducido como “La dieta de mandarlo todo a la mierda”). A través de estudios científicos y muchísima información basada en evidencia, la autora Caroline Dooner describe el impacto que tienen las dietas en las personas. A medida que iba leyendo no podía sentirme más identificada: cómo vivir a dieta me hacía sentir verdadera obsesión por la comida; cómo cualquier desliz en la dieta me provocaba un enorme sentimiento de culpabilidad; cómo tras los periodos de dieta el hambre era insaciable y aunque comiera el doble de lo normal, siempre me sentía insatisfecha. Lo que más me impactó fue leer que las dietas generan un trauma en el cuerpo, y que ese trauma es difícil, pero posible, de superar. En este momento tiré mi libro de Dukan a la basura.

El tercer paso hacia liberarme de la cultura de las dietas fue aprender a comer. Me sentía absolutamente incapaz de alimentarme de manera equilibrada por mi misma, así que busqué la ayuda de Corporis Sanum, un servicio web con un equipo de nutricionistas que te mandan menús semanales para lograr los objetivos que busques, sea cual sea tu situación. Las seguía hacía un tiempo en Instagram, me molaba su rollo y me gustaban sus recetas bastante completitas y que incluían a todos los grupos de alimentos. Mi consigna: nada que prometa milagros ni que esté basado en prohibir comida, y ellos me encajaban a la perfección. Pagué una cuota trimestral a través de su página web y empecé un camino interesantísimo donde he aprendido cómo:

  • Organizar mi compra y mi menú semanal
  • Relacionarme con la comida (tanto la “buena” como la “mala”)
  • Nutrir mi cuerpo para sentirme lo mejor posible
  • Hacer mejores elecciones en cuanto a la comida
  • Manejar la frustración, enfrentarme sin miedo a mi peso y aceptar que cada cuerpo pierde kilos de manera diferente (al mío, traumatizado después de tanta dieta, le cuesta mucho… pero ¡no pasa nada!)
  • Sobre todo, he aprendido la diferencia entre estar a dieta y perder peso. Para lo segundo no necesitas someter a tu cuerpo al sufrimiento de lo primero.

He estado tan contenta con Corporis que hemos decidido colaborar con ellos desde Weloversize para contaros sobre cómo funciona su sistema y por qué son una excelente opción. Porque cuidar nuestra alimentación no sólo se traduce en kilos perdidos: se traduce en mejor sueño, mejor piel, mejores ánimos… y sobre todo, la satisfacción de saber que estás tratando a tu cuerpo con todo el mimo que se merece. Corporis Sanum ha sido el empujoncito que necesitaba para lograrlo.

Pincha aquí para conocer más sobre ellas :)

 

Este post es una colaboración con Corporis Sanum :)