Llevaba saliendo con Javi tres años y pico cuando viví la situación más surrealista de mi vida. Hacía casi dos años que vivíamos juntos, desde que me metí en hipoteca y me compré la casa. Digamos que por entonces no atravesábamos la mejor de nuestras rachas. El estrés del trabajo nos pasaba factura a ambos, discutíamos por tonterías y estábamos menos cariñosos que de costumbre. Pero no le di mayor importancia. Todas las parejas pasan por altibajos y no era la primera vez, ya iríamos a mejor, pensaba.

Una mañana de un martes que no olvidaré nunca, estaba cogiendo el coche para ir a trabajar cuando se me acercó una mujer. Se presentó como Vanesa y soltó la frase que cambiaría mi vida: «soy la amante de Javi». Debió verme la cara de pocos amigos que le puse, porque sacó rápidamente su móvil y me enseñó una foto de ellos dos besándose. Mi novio succionando a esa mujer joven, rubia y con cuerpo escultural. No podía creerlo. Tenía la prueba delante de mis ojos y yo, aún así, no podía creerlo. Me apoyé contra el coche y, medio en shock, le dije que no entendía nada. Me dijo que si tenía unos minutos me lo explicaría todo. Iba a llegar tarde al trabajo, pero dadas las circunstancias me daba igual. Solo quería saber de qué iba todo esto.

cry

Vanesa me contó que le conoció en el gimnasio y que le dijo que estaba soltero. De hecho, fue él quien la buscó. Empezaron a salir y llevaban viéndose cinco meses. Pero a ella le parecía extraño que nunca quisiera quedarse a dormir con ella en su piso ni que tampoco la hubiese invitado jamás a su casa. Cuando le preguntó le dijo que tenía un perro que cuidar y que por eso no podía pasar la noche fuera nunca, y que si no la invitaba a ella a ir era porque su casa solía estar hecha un desastre y le daba vergüenza.

Hasta que un día, cansada de sospechar, decidió mirarle el móvil mientras iba al baño y se encontró todo el pastel. Fotos mías, de los dos juntos, con la familia, etc. Entró en el chat de WhatsApp y leyó nuestras conversaciones. Me dijo que se sintió tan engañada que decidió buscarme para contármelo todo. Por eso, después de verse con él la última vez, le había seguido a casa y había descubierto dónde vivíamos. Así que ese martes esperó en frente hasta que me vio salir para abordarme. Yo estaba sin palabras, lo reconozco, solo sentía lágrimas corriendo por un rostro que no parecía ser el mío. Me dijo que comprendía que estuviese en shock y que ahora mismo la odiase, pero que si quería su ayuda para confrontarle, solo tenía que llamarla. Me dio un trozo de papel con su número, y se marchó.

Tenía mucho en lo que pensar, así que me excusé en el trabajo y me quedé en casa, aprovechando que él no llegaría hasta tarde, pues tras su trabajo pasaba por el gimnasio. El maldito gimnasio. No podía creer que me hubiera engañado y yo no hubiese ni siquiera sospechado nada. Estaba claro que mentía de maravilla. Era como si se tratase de otro hombre y no del que vivía conmigo. Del estado de shock pasé a la tristeza, y de la tristeza a la ira. Y entonces decidí llamar a su amante. Ya había pensado lo suficiente y ahora solamente quería venganza.

revenge

Al día siguiente, Javi fue a casa de Vanesa después del trabajo, donde al parecer pasaba las horas cuando yo creía que estaba en el gimnasio, el cual ya había dejado. Cuando ella me avisó, llamé a la puerta. Ella le pidió que abriese él. La cara de imbécil que se le quedó al verme la recordaré por siempre. Entonces intervino Vanesa y dijo «Me pareció que ya era hora de poner las cartas sobre la mesa. Pasa y ponte cómoda».

Lo más fuerte de todo es que intentó justificarse. Y cuando vio que era un callejón sin salida, empezó a culparme a mí por no tenerle contento en nuestra relación y a ella por haberse liado con él. Llegados a este punto, Vanesa le invitó a marcharse y yo le dije que en la puerta de casa le había dejado sus maletas con todo lo que había cabido, que esa noche ya no dormiría en casa. Que no intentase entrar, porque además había cambiado la cerradura esa misma mañana. Suerte que la compra de la vivienda la hice de forma independiente pese a sus insistencias en comprarla juntos.

Decir que Vanesa y yo nos hicimos amigas sería un final típico de película, pero no fue así. No volvimos a vernos. Al fin y al cabo ambas le queríamos y había sido un chasco para las dos darnos cuenta de que vivíamos una mentira. Eso sí, siempre le estaré agradecida por haberme buscado y abierto los ojos, gracias a ella me libré de seguir atada a ese capullo integral.

Escrito por Carol M. Basado en un testimonio real anónimo, con nombres ficticios.

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