DRAMAMA: Me he olvidado a mi hija en la farmacia
El título ya os ha dado suficientes spoilers, así que seré directa. Soy la peor madre del mundo. Me he olvidado a mi hija en la farmacia, y me la olvidé por un buen rato, nada de cinco minutos.
Por defender lo indefendible, os diré que llevo a mis hijos con correas cuando vamos por la calle porque si no son imposibles. No puedo manejar el carrito, y darles una mano a cada uno cuando salimos, así que van con correas, que llevo enganchadas al carro. Así no se pierden.
El día en cuestión empezó como cualquier otro. Nos levantamos, desayunamos, lloramos un poco y nos dispusimos a salir de casa. El plan del día era pasar por la farmacia, coger el bus al barrio de al lado y comprarles zapatos nuevos.
Al salir de casa, ambos querían ir en el carro así que perfecto. Les monté, y nos pusimos en marcha. Al poco de salir, mi hija dijo que quería ir andando. Busque las correas, pero no estaban donde siempre. ¡mierda! Las habíamos usado el día anterior para ir de paseo en familia sin carro y se me olvidó ponerlas. Intenté convencer a la peque de que se quedara en el carro, pero aquello no me iba a llevar a ningún lado, así que la saqué para ir andando. Con una mano manejaba el carro y con la otra agarraba a la enana.

Llegamos a la farmacia, y se sentó en una silla mientras esperábamos. Otra clienta que había allí se puso a decirle cosas y a hablar con ella.
Llegó mi turno, pedí, pagué, guardé la compra, y me marché. ¿Veis que falta en esta serie?
Imagino, que como estoy acostumbrada a llevarlos en el carro o con la correa enganchada, al no ver correas mi cerebro dio por hecho que estaban en el carro. Además, estaban las dos capuchas del carro levantadas, lo que no ayudó a darme cuenta de mi error.
Con las mismas me marché de la farmacia y cogí el autobús. Que, además, ese día estaban los astros alineados y el bus vino nada más llegar a la parada, por lo que no me puse a jugar con ellos ni nada.
Normalmente subo el carro al bus, y yo me quedo detrás del mismo de pie, con mis manos en la barra donde se empuja, por lo que con las capuchas bajadas no los veo.
No fue hasta al menos media hora más tarde que me asomé a mirarlos porque estaban muy callados. Era sospechoso. O igual se habían quedado dormidos.
Mi hijo estaba dormido, y a su lado…nada. ¡NADA! Un asiento vacío. Menudo infarto que me dio. Supongo que os haréis una idea de lo que sentí en ese momento. Saqué el móvil para llamar a la policía y mi telefono estaba casi en llamas. Tenía 29 llamadas perdidas. 17 de mi marido, 3 de la farmacia, y 9 de la chica que les cuida mientras yo voy a trabajar: La niña estaba bien. La tenía la chica que les cuida en su casa.
Por suerte, mis mellizos son famosos en e
l barrio. Esta chica los lleva a muchas actividades, al parque, a festivales, y a cualquier cosa que haya por el barrio, así que les conoce todo el mundo de sobra. Es bastante habitual que vayamos por la calle y desconocidos (para mi), les llamen por su nombre o me pregunten que tal están si voy sola. Yo llevo el pelo rosa, por lo que me reconocen fácilmente también.
Por lo visto, la chica de la farmacia me llamó en cuanto me marché, pero entre mis prisas de coger el bus y que mi móvil vive permanentemente en silencio, pues no me enteré. Al no conseguir localizarme, llamó a la chica que les cuida, que también la conocen. Ésta me llamó varias veces sin éxito y llamó a mi marido, quien puso rumbo a casa a la velocidad del rayo. Curioso que todo fue a pasar el único día de la semana que mi marido va a la oficina, el resto del tiempo trabaja desde casa.
Como no conseguían dar conmigo, esta chica fue a recogerla y se la llevó a su casa. Y todos me estaban llamando frenéticamente, imaginándome con una conmoción cerebral en el fondo de un barranco o algo parecido. Era la única explicación posible para que hubiera abandonado a mi pequeña en la farma, y, sobre todo, la única explicación posible para que no hubiera vuelto a buscarla.
Pero no, simplemente soy una madre horrible.
Por suerte no pasó nada grave. Pero la culpa me reconcome desde entonces. Me costó muchas lágrimas superarlo, y tardé alrededor de dos semanas en atreverme a volver a salir sola a la calle con ellos. Eso sí, las correas no se las quito hasta el día de su boda.
Andrea M.