Tengo que admitir que soy lectora habitual de weloversize, desde hace años. Pocas cosas he recomendado más (incluso más que el Satisfyer) tanto para reír, como para sentirse identificada, como para quererse un poco más. En este tiempo, he leído cientos de historias y, en mi cabeza, he respondido a muchas de ellas con este texto. ¿Por qué me he animado ahora a escribirlo? En parte, porque soy Psicóloga (de profesión y, todavía más importante, de vocación) y, por otro lado, porque hay un aspecto en común en muchas de las historias que he leído sobre el que me gustaría aportar mi granito de arena.

Un día, mi mejor amiga (también Psicóloga) me dijo: “El amor, si algo debe de ser, es fácil” y me pareció una apreciación inocente, casi infantil. Ella lo repetía como un mantra y tanto valía para justificar que si tu ligue que te da señales contradictorias simplemente está jugando contigo como para animarte a romper una relación que cada día te hace más pequeña e insegura.

Sin embargo, [email protected] sabemos que el amor no es fácil, se parece más a un campo de minas o a una travesía por el desierto, con algunos oasis, ¿no?. Quizá, son estas creencias, tan poco racionales y tóxicas, las que provocaron que años después de escuchar esta frase estuviese totalmente inmersa en una relación que era, cualquier cosa, menos fácil. El 80% del tiempo, como él mismo repetía, era bastante idílico, ¡hasta me traía el desayuno a la cama los sábados!, pero el 20% se caracterizaba más por la convivencia con una bomba de relojería, que consumía alcohol para no sentir, que convertía todas sus emociones negativas en un castigo de silencio y que cuando me veía llorar tras una bronca injustificada, me decía con voz cruel: ¿vas a dejar de llorar de una vez?

Aquello no era fácil, tenía todas las señales que indicaban que no era fácil, probablemente y por momentos, era solo una pesadilla, pero dentro de ella descubrí el motivo por el que escribo esta historia, porque nadie nos ha enseñado dónde están los límites: los del amor, los del maltrato, los del respeto, los de la intimidad, los de la confianza, etc.

Ahora lo veo claro, el amor tiene que ser fácil, si quiere escribirte, lo hará; si quiere pasar tiempo contigo, lo hará; si te quiere, te respetará sin condiciones; si te quiere, te apoyará en tus decisiones; si elige amanecer cada mañana contigo, es porque no hay otro sitio en el que desee estar. Todo lo que se salga de esta “facilidad”, es una señal de alarma: no me escribe nunca porque se está haciendo el interesante, no quiere que me vean con él, me controla, me cuestiona, me menosprecia, me da señales contradictorias…

Si alguna vez has dudado si es normal que tu ligue haga comentarios sobre tu peso que te duelen, que tu pareja te levante un poco la voz cuando se enfada, que tu marido te castigue con su silencio cada vez que algo no está a su gusto, eso debería de ser una señal de alarma.

Si cuando te sientes fatal, decides no contárselo a nadie porque “son cosas de pareja”, “no lo entenderían porque no lo conocen”, “hay que estar dentro para comprenderlo”, “el 80% del tiempo estamos genial, todas las parejas tienen malos momentos”, eso es una señal de alarma enorme. El amor no consiste en querer incondicionalmente, en perdonarlo todo, en depender de otra persona, en hacerte pequeñita a su lado, en renunciar a ser tú “por amor”, el amor es otra cosa.

El amor es compartir, es crear una relación sin colorantes ni conservantes, es ser naturalmente “tú” y naturalmente “yo” y, aún así, que cada día nos elijamos el uno al otro. Por si alguien lo duda, el amor es apoyarse en cada decisión, es adaptarse sin dejar de ser tú, es tener cada uno su espacio y que exista un espacio (calentito, cómodo, reconfortante y de paz) que sea común.

Si al leer este post has sentido presión en el estómago, si reconocer las excusas que te pones al mantener una relación (o matrimonio, o relación sin compromiso, etc.) que te hace daño, elije la libertad para ser tú, rompe con las personas que no te ayuden a crecer y dedícate más tiempo. Apóyate en la gente que te quiere y busca ayuda si es necesario.

Estoy convencida de que muchas mujeres hemos pensado que nos faltaba una clase sobre los límites admisibles de una relación y os diré que, si creéis que los límites se han sobrepasado, seguramente lo hayan hecho hace tiempo. Comentadlo con la gente a la que queréis, tal vez con un/a profesional, pero tened por seguro que el amor es fácil, que cuando se quiere de verdad, se hace siendo uno mismo y sintiéndose tan feliz como libre.

Antía Blanco.