Lo he vivido dos veces. Dos pospartos. Dos sacudidas hormonales. Dos veces con el cuerpo roto y el alma en pedazos.
El coño me sangraba y la teta me goteaba sin pedir permiso. Puntos que tiran. Sueño inexistente. Hambre y el más extremo cansancio a todas horas y una sensación constante de no reconocerte en el espejo. Lo más triste: no reconocerte por dentro.
Más testimonios reales en whatsapp
Nos hablan mucho de las hormonas. Y sí, existen. El cóctel hormonal del posparto es brutal. Pasas de estar inundada de estrógenos y progesterona a caer en picado. El cuerpo intenta recolocarse y curarse de su mayor trauma hasta la fecha, mientras tú haces malabares para sacar adelante a tu bebé.
Pero hay algo de lo que se habla menos.
La segunda vez que lo viví, empecé a hacerme preguntas incómodas. Porque mientras yo estaba con compresas tamaño pañal, con sujetadores empapados y ojeras hasta el suelo… él estaba en el sofá. Con el móvil. Scroll infinito. Instagram. Reels. Risas. Vida normal.
¿Me vacilas? El coño me sangraba y la teta me goteaba… yo no podía tener ni algo que se semejara a mi vida normal. Tampoco lo esperaba, sabía los cambios que llegaban con la maternidad, lo que no esperaba es que mi marido no tuviera ni idea.
Yo tenía un bebé pegado a la teti y una casa que debía seguir funcionando. Lavadoras. Comidas. Citas médicas. Mensajes sin contestar.
De mientras, tenía a una persona adulta a mi lado que cada vez que yo le pedía ayuda, tenía unas ganas imperiosas de ir a cagar. No he visto cagar mas veces a nadie en mi vida: 8 veces al día cagaba el muy miserable.
Y ahí empezó mi rabia.

Porque claro que hay desequilibrios hormonales. Pero ¿Qué pasa cuando a ese cóctel le sumas cero descanso? ¿Qué pasa cuando la carga mental se multiplica por diez? ¿Qué pasa cuando te sientes sola aunque no lo estés físicamente?
Yo pasé por dos depresiones postparto, y sé que las principales causas de una depresión postparto suelen estar relacionadas con hormonas y químicos. Pero que quieres que te diga, yo creo que en muchos casos, la depresión postparto son los compañeros de mierda que a algunas nos ha tocado soportar.
Porque cuando tú sangras, amamantas, limpias, organizas y encima intentas recomponerte emocionalmente… pero tu pareja sigue viviendo casi igual que antes, algo se rompe. No solo por las hormonas. Por la injusticia. Por el egoísmo. Por la soledad.
La primera vez pensé: “Estoy mal. Debe de ser químico”.
La segunda vez pensé: “Estoy sola. Y eso también enferma”.
Y aquí lanzo la pregunta incómoda: ¿Cuánta depresión posparto es hormonal… y cuánta tiene que ver con la irresponsabilidad paterna y el machismo estructural que nos deja a nosotras sosteniéndolo todo?

No estoy negando la salud mental. No estoy negando la biología. Estoy señalando el contexto.
Porque si a una mujer recién parida la dejas aislada, agotada, sobrecargada y sin apoyo real, lo sorprendente no es que se deprima. Lo sorprendente es que no lo haga.
El coño me sangraba, la teta me goteaba. Y mi marido tenía tiempo para Instagram. Piénsalo, es fuerte.
Ahora tengo claro algo: el posparto no debería vivirse en soledad ni en desigualdad. Y criar es precioso, pero es muy sacrificado.
No sé…mientras sigamos llamando “ayuda” a lo que es responsabilidad compartida, muchas seguiremos preguntándonos si estamos enfermas… cuando en realidad estamos exhaustas de sostener lo que no es solo nuestro.