¿Habéis roto con alguien últimamente? ¿Habéis sido capaces de hacer contacto cero? Porque yo no… ¿Cómo voy a tener contacto cero con mi ex si vivimos en una sociedad que lo publica todo en redes sociales?

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Hace unos años rompí como mi pareja, una ruptura muy difícil que me llevó a visitar a un psicólogo. Sentía que no podía continuar con mi vida, estaba metida en un hoyo del que yo sola no era capaz de salir. Suele pasar, cuando has estado en una relación apasionada y tóxica a partes iguales.

Pues lo primero que me dijo la psicóloga fue que bloqueara su número de teléfono, que eliminara nuestras conversaciones en los chat de WhatsApp, que borrara sus fotos y que, sobre todo, dejara de saber de él. Que contacto cero, me dijo.  

Podría ser una buena idea si aún viviéramos en los 90, cuando la única forma de enterarte de la vida de alguien era cruzártelo por la calle o preguntarle a un amigo en común.

Yo lo intenté. De verdad que lo intenté. El primer día bloqueé su número de teléfono y de redes sociales. El segundo día borré las fotos publicadas en las que salíamos juntos. El tercer día ya estaba metiéndome en su Instagram desde una cuenta secundaria, solo “para comprobar que estaba bien”.

El contacto cero suena muy bonito en la teoría, pero en la práctica es imposible de cumplir. Tú puedes no volver a hablar con tu ex nunca más, pero no vas a dejar de saber de él. A no ser que tu ex sea un espécimen de esos raros que no tiene redes sociales porque vive en una cueva, entonces sí, podrás hacer contacto cero para olvidarlo.

Pero si busqué en Facebook a mi noviete de cuando era niña y lo encontré. Típico amor de verano, de cuando tienes 13 años y conoces a un chico en la playa, que lo máximo que haces es ir cogiditos de la mano y darte algún pico.

Pues cómo me acordaba de su nombre, porque durante aquel primer invierno nos estuvimos mandado cartitas de amor, lo busqué y ahora es mi amigo en Facebook. Está casado, tiene dos hijos, nada de pelo en la cabeza y parece una persona completamente distinta al claval de 13 años que me robó el corazón.  

Si soy capaz de stalkear el perfil de un señor que fue mi novio hace más de veinte años, cómo no voy a mirar lo que está haciendo mi ex más reciente.

Dejar de saber de una persona es muy difícil. Es que, aunque se haya ido a vivir a Brasil, si lo publica en su Instagram, vas a cotillear sus stories haciendo capoeira o tomándose una caipiriña en las playas de Río de Janeiro. Y encima, te vas a enfadar, porque él está en una playa paradisiaca y tú sentada en el sofá de tu casa arropada a una manta vieja llena de pelotillas.

A veces te aparece hasta sin buscarlo. Aunque lo hayas borrados de todos lados, como tenéis amigos en común, Facebook e Instagram te lo sugieren como “persona que quizás conozcas”.

¡Coño si lo conozco! Lo conozco a fondo, de lado, encima, debajo y detrás.

Ya para colmo, hasta me lo sugiere LinkedIn. Me meto a buscar ofertas de trabajo en mi sector y, ¡pum!, ¡mi ex! Ni siquiera tenemos la misma profesión, pero debe ser que LinkedIn tampoco quiere que yo haga contacto cero.

Y luego están tus propios perfiles en redes sociales, que sabes seguro que él está también mirando. Un buen día te descubres publicando una foto en la que te ves monísima, tomando café en la que fue vuestra cafetería favorita, junto a una frase cargada de indirectas.

Decides que lo vas a publicar en Instagram que tienes el perfil abierto. Con el único objetivo de que él lo vea. De que se acuerde de ti, que piense que estás estupenda o para que sepa que tú también te acuerdas de él.

Tú te lo imaginas como al de la serie de You, obsesionado contigo. Y lo mismo él está en su playa de Brasil, pasándoselo de puta madre y ni se acuerda ya de tu existencia.

O se ha ido a vivir de ermitaño a una cueva y no tiene internet.

Superar a alguien no es fácil. No es bloquear un día y olvidarte al siguiente. Es un proceso irregular, lleno de contradicciones. Un día estás fuerte y al siguiente estás viendo sus stories a las tres de la mañana. Un día te sientes liberada y al siguiente le echas de menos, han podio pasar meses, pero tú te sientes como si hubierais roto ayer.

Pero llegará un momento, aunque ahora te parezca imposible, en el que dejarás de mirar. No porque te obligues, sino porque deja de interesarte. Te olvidas de meterte a cotillear su Instagram porque, sin darte cuenta, su vida dejará de ser relevante para la tuya.

Así que tú mira sus redes, cágate en sus muertos, ríete del corte de pelo que se ha hecho o enfádate porque tiene nueva novia. ¡Haz lo que sientas! Porque toda sanación tiene un proceso. A veces es mejor para tu salud mental pasar página sabiendo de él, teniendo toda la información, que pensar que se lo ha tragado la tierra.