Mi hijo tiene casi tres años y sigue usando chupete. Y no, no estoy buscando métodos para quitárselo. No quiero calendarios de pegatinas, ni cuentos sobre ratones que se llevan los chupetes para dárselos a los bebés.

Canal de mamis en whatsapp, vente!

No pienso quitárselo. Al menos no ahora.

Y me da exactamente igual lo que me diga su pediatra, su profe, mi madre o la señora desconocida que lo mira con cara rara por la calle y me suelta: “¡Uy! Tan mayor y aun con chupete…”

Pues sí, tan mayor y con chupete. Y lo va a llevar hasta que a su madre, que soy yo, le dé la real gana.

Y hay un motivo para ello: mi hijo es intensito. De los que te montan un pollo por casi cualquier cosa. Si llora, llora con ganas. Se entera hasta la vecina del noveno. Dormir una noche del tirón no va con él. Se despierta llorando, pidiendo agua o quiere que te acuestes con él, eso unas diez o doce veces por noche.

Y es bastante cabezón. De esos niños que cuando se les mete algo entre ceja y ceja, no paran hasta conseguirlo. Mi madre siempre dice “Si este niño dice cubo, es con asa”. Que no sé si es un dicho popular o no, pero ella lo dice y me hace mucha gracia. Porque es la mejor definición de mi hijo.

Si encima le quito el chupete, ya os digo yo que nos pasamos la noche en vela.

Y si a todo esto le añadimos otro hijo de siete años, que necesita mi ayuda para hacer los deberes del cole, que también necesita mi atención, que está en esa edad en la que te pregunta cosas profundas o que quiere contarte todo lo que ha hecho en el día. Pues más de mí no puedo dar.

Yo estoy sobreviviendo como puedo a esto de la maternidad. Y si para ello le tengo que dejar el chupete hasta los ocho años, pues que así sea. El chupete es de las pocas cosas que lo calman y a mí me dan paz.

Así que no me parece tan grave que aún lo utilice. Pero como la gente se tiene que meter en todo, pues tengo que aguantar ciertos comentarios. Que ya he empezado a contestar. El otro día una señora, con un pitillo encendido entre los dedos, me suelta aquello de que aún con chupete y tan mayor. Y le solté: “Y usted fumando, que eso si que es malo”. Pues me miró con cara de rancia y se fue ofendidita, eso sí, dándole una calada a su cigarro.

La pediatra el otro día, que le tenía que ir quitando el chupete al niño que eso es malísimo para los dientes, que, aunque tenga los de leche, que le va a estropear los otros también. “Pues cuando sea mayor le pongo un aparato” le dije. Y la tía me miró con una cara…

Creo que la gente está muy acostumbrada a meterse en lo que no le importa, pero muy poco a que les contestes. Y cuando eres madre de dos niños, agotada física y mentalmente, que estás llevando la maternidad lo mejor que puedes, ya no te callas y te la empieza a pelar todo.

He llegado a un punto en el que priorizo las batallas importantes. Y quitarle el chupete no lo es. No cuando tengo un niño que todavía necesita contacto constante, que se regula con dificultad, que llega agotado al final del día y encuentra calma en ese trozo de silicona.

Porque eso es lo que nadie entiende: el chupete no es el problema. El chupete es la solución. La solución para que se duerma sin montar un espectáculo. La solución para que pueda ir en el coche sin gritar durante los veinte minutos que dura el trayecto.

Y sobre todo, es la solución para que yo conserve un mínimo de salud mental después de un día entero escuchando “mamá, mamá, mamá” desde las seis y media de la mañana que se levantan, hasta que se acuestan.

Todo llega. No conozco a ningún adolescente que aún lleve chupete. Así que relajaos. Ya lo dejará.

De todas formas, da igual lo que hagamos las madres, nos van a criticar igual. Te van a criticar si le das biberón en lugar de lactancia materna, pero es que como tengas a tu hijo con más de dos años enganchado a la teta, también te van a decir que está mal.

Si os molesta ver a un niño que ya anda, come filetes y habla haciendo frases completas, con un chupete en la boca, o con la teta de su madre, pues el problema lo tenéis vosotros.