Cuando me quedé embarazada, me convertí en una esponja humana. Leí todo lo que caía en mis manos sobre crianza. Me empapaba de todo: investigue sobre la crianza respetuosa, el BLW, el colecho, el porteo y, por supuesto, la lactancia materna exclusiva forever, el biberón es caca.

Pensaba que lo tenía todo más o menos bajo control. Pero no fue así.

Porque una cosa es la teoría, y otra muy distinta es tener a tu bebé de días llorando a las tres de la mañana con el pecho fuera, los pezones en carne viva y sin haber dormido en dos días. Entonces empiezas a pensar que darle un biberón no es tan mala idea.

Lo mismo me pasó con el colecho. Compramos una minicuna de colecho, la acoplamos al lado de la cama, en mi lado, porque, claro, para dar el pecho es más cómodo. Pues resultó que mi hijo no quería estar allí.

Probamos a meterlo en la cama con nosotros. Y el bebé dormía, pero entonces la que no pegaba ojo era yo. Toda la noche con un ojo abierto y el alma en un hilo pensando que uno de los dos íbamos a aplastar a nuestro hijo. Especialmente mi marido, que caía en la cama en coma, sin preocuparse de nada, y me daba pánico que ni supiera que tenía una criatura de días al lado y se girara sin ningún temor.

 

Al final decidí separar la cuna de nuestra cama y que el peque durmiera allí. Se seguía despertando cada tres horas para el biberón (porque sí, finalmente opté por darle leche de fórmula al ver el tamaño de mi grietas en los pezones), pero al menos esas horas entre toma y toma yo dormía a pierna suelta en mi cama, sin miedo a matar por accidente a un mini ser.

Así que, puedo decirlo con convencimiento y experiencia: NO ME GUSTA EL COLECHO. Te lo pintan como algo super bonito, un vínculo de amor entre padres y bebé, piel con piel, respirando al mismo ritmo, despertando con una sonrisa y una manita de bebé en la cara. Pues a mí me generaba mucho calor, estrés y ansiedad.

Yo necesito mi espacio. Necesito mis sábanas sin olor a vómito, mi almohada con mis babas y no las babas de otro, y poder darme la vuelta sin miedo a hacer un sándwich mortal entre el niño y mi marido.

Soy una madre que necesita descansar. Por salud mental. Por autocuidado. Me da igual ir con unas ojeras de oso panda por la vida, pero no gritar a mi marido o querer arrancarle la cabeza porque ha dejado tirada en el suelo del baño la ropa que se quitó para ducharse. O ponerme a llorar y sentirme una fracasada porque no consigo que mi bebé se calme a la hora de la siesta.

Y también creo en cuidar a la pareja. A mí me gusta dormir con mi marido, tener ese momento de intimidad. Reírnos bajito por algo absurdo que nos pasó en el día, abrazarnos dormidos, y, por supuesto, echar un polvo. Aunque sea un polvo ninja sin hacer ruido para no despertar al bebé. Porque ¡oh sorpresa! La pareja no desaparece con el nacimiento de un nuevo miembro. No se expulsa y se desecha como la placenta.

Y hacer el amor con un mini ser humano metido en la misma cama como que es bastante asqueroso, enfermizo y hasta denunciable. Mejor cada uno en su cama y cada uno en su cuarto.

No me gusta el colecho, no lo hago, y me da igual si otras lo hacen. Viva la diversidad, la crianza libre, y cada uno con su colchón y sus decisiones. Pero lo que me molesta es esa superioridad moral con la que muchas buenas madres te miran cuando dices que no haces colecho (introduzca aquí “lactancia materna” y tienes el mismo resultado).

Pues mirad: mi hijo duerme en su cuna. Y está bien. Más que bien. Está amado, mimado y también tiene apego. Lo cogemos en brazos, lo acompañamos a dormirse, le contamos historias, y luego lo dejamos en su cuna, donde duerme del tirón (cuando le da la gana, tampoco voy a mentir).

Y yo, en mi cama, descanso y hago cositas con mi marido cuando surge.

Así que, si tú haces colecho y te va bien, ¡ole tú! De verdad, mis respetos. Pero si no lo haces, si tienes cuna, habitación propia para el niño, barrera anticaídas y ritual nocturno, o una enfermera contratada que se levanta por ti por las noches (lo leí en el foro) pues está bien.

No estás criando peor. No estás fomentando un trauma. Estás haciendo lo que te permite sobrevivir y cuidar a tu familia de la mejor manera posible.

Porque madre feliz = bebé feliz

Madre que duerme = madre funcional

Madre que no practica el colecho = madre normal.

Y no, no me lo discutas. Que precisamente este noche no he dormido tanto como para ponerme zen.