La práctica del sexo anal no es ninguna novedad, se remonta a la antigua Grecia y Roma, donde existía una gran libertad sexual. Las mujeres en aquella época tenían la única función de procrear, por lo que a la hora de satisfacer las fantasías sexuales más diversas y probar cosas nuevas, los hombres acudían a prostitutas, esclavas, e incluso a otros hombres, aunque no fueran homosexuales. La idea era follar como si no hubiera mañana y meter el ciruelo donde se pudiera, pero eso sí, con alguien de clase social inferior, no fueran a pensar los vecinos que uno era un ciudadano poco digno. Como bien decía Astérix: “Están locos estos romanos.” 

La manía de los hombres de penetrar todo lo penetrable ya la representó muy gráficamente la película American Pie con aquella famosa escena de la tarta de manzana, y también en la serie Malviviendo el personaje Kaki con su truco de poner los melones al sol, a los que después hacía un agujero. Porque amigas, ya se sabe: en época de guerra, cualquier agujero es trinchera. 

Psicológicamente, el origen primitivo del sexo anal se interpreta como dominación. En los animales ocurre algo parecido, por ejemplo cuando un perro (sea macho o hembra) quiere dejar claro a otro quién manda, o bien mostrar que cierto cojín del sofá o muñeco de la casa es suyo, lo monta. De esta forma pretende demostrar que “le pertenece”, y marcar territorio. Pues con los hombres la mayoría de las veces ocurre algo así, son muy visuales, les encanta ver un par de posaderas meneándose como un flan recién hecho, y por supuesto comérselo. Y quien dice comérselo dice ponerlo, literalmente, mirando ‘pa Cuenca.

Por otra parte, muchos aseguran que prefieren el sexo anal porque la penetración es más estrecha y se siente más placer con esta práctica que con el sexo vaginal. Esto es entendible, puesto que la vagina está hecha para que dilate de tal forma que pueda salir la cabeza de un bebé y sin embargo el culo no está hecho para que salgan por ahí troncos de árbol, por lo que lógicamente, es un lugar más angosto.

Pero sin duda lo que más influye en la percepción del sexo anal en los hombres y fomenta su obsesión es el porno. En primer lugar porque muestran un rabo del tamaño de una tubería introduciéndose en un ojete como si nada, de una, fácil, sencillo y para toda la familia. En segundo lugar, porque todas las chicas parecen disfrutar muchísimo con esta práctica y ni una sola se queja de dolor alguno. En tercer lugar porque todos los culos que salen en pantalla están totalmente depilados, blanqueados e impolutos, que lo mismo se introducen un trabuco que se sacan una fresa brillante y limpita. Y por último, porque se normaliza peligrosamente la tendencia de pasar de penetrar ano a vagina y viceversa sin una mínima higiene. Se intenta mostrar una realidad en la que todo es rápido, fluido, directo y pulcro. Y no, [email protected], no. 

Para empezar, el ano es una zona muy sensible que no tiene lubricación propia, por lo que intentar meter ahí un pene por las buenas, por muy pequeño que sea, es como mínimo incómodo. Es como intentar introducir a presión y a palo seco el corcho de una botella de vino después de abrirla, si empujas mucho entra bien apretado, pero sin lubricante lo más seguro es que duela. 

Como todo en esta vida, cada persona es un mundo, las hay que dilatan mejor y otras peor, por lo que en ocasiones, a parte del lubricante, es necesario utilizar dilatadores, para que la zona vaya relajándose y acostumbrándose a dilatar y esté debidamente preparada. Los puedes encontrar en cualquier sex shop, también llamados plug anales. 

En cuanto a la penetración como si nada de ano a vagina, eso JAMÁS DE LOS JAMASES se debe hacer sin cambiar de condón o asear el pene, puesto que las bacterias fecales existentes en el ano pueden producir graves alteraciones en la flora vaginal e infecciones muy molestas.

Y lo que tampoco te cuentan en las películas porno es que, al tener el culo la función natural que tiene, lo más normal del mundo es que con el mete-saca salga algo de caca a saludar. Y NO PASA NADA. Es algo natural, aunque si es lo que más te preocupa a la hora de probarlo, en cualquier farmacia o sex shop de confianza venden lavativas, para dejar bien limpita la zona antes de cualquier encuentro sexual. 

Hay chicas que disfrutan muchísimo del sexo anal y otras a las que no les gusta nada practicarlo, y las dos opciones son completamente válidas, lo importante es que si decides practicarlo sea porque realmente quieres, y NUNCA porque alguien te insista o te obligue a ello.

Debe ser una decisión personal, si lo has probado y te ha gustado estupendo, si lo has probado y no te ha gustado nada, estupendo, y si estás pensando si probarlo o no y no te decides, estupendo también, porque esa decisión depende única y exclusivamente de ti. Es normal e incluso sano tener dudas, y si al compartirlas con la otra parte se enfada, no te entiende, te presiona o te deja de hablar, créeme que la mejor decisión que podrás tomar es decidir no hacerlo en ese momento ni con esa persona.  

k. Rider