Primera parte del relato

Segunda parte del relato

 

27 de noviembre. Llevamos hablando muchos días. Sin parar. Siento contigo un feeling que no me imaginaba, ni me esperaba. Me gusta esta sensación de dejarme llevar porque muestras tu interés hacia mí haciendo crecer el mío. De vez en cuando sueltas algún comentario de tipo sexual que hace que me salten las alarmas. Yo me pongo nerviosa con nada y eso te encanta. 

Me vas cogiendo mis puntos débiles y cada vez que te vacilo y no sabes por dónde salir, sueltas algo para ponerme nerviosa. Te lo digo, no soy de esconder nada. Ni siquiera el interés y en feeling que ahora mismo siento por ti.

Hoy es sábado 1 de diciembre. Sorprendentemente tengo boda. Y es que cada vez se estila más casarse en invierno, la gente que viaja a Australia o Nueva Zelanda se asegura el buen tiempo. La verdad que no me apetece mucho, te digo que no soy ni de maquillarme ni de llevar tacones. En mi cerebro creo que ya te estoy avisando de lo que te puedes encontrar. 

Mientras estoy en la peluquería pienso que debería tener más seguridad en mi misma. Y ¿qué más da si no te gusto? No vas a ser el primero. Esto lo he de tratar la próxima vez que vaya a mi psicóloga: aumentar mi amor propio. Es una cosa que tengo pendiente desde hace mucho tiempo. Me tengo que gustar yo y si a ti no te molo, ya vendrá alguien a quien realmente sí le interese.

Me vengo arriba y te mando una foto con mis mejores galas, con el vestido que me he comprado para la ocasión. No sé qué tipo de respuesta me espero de un chico que no conozco y que vive a 56 km. Me sorprendes diciendo que estoy fea y yo te digo que la borres. A veces me enervas. Dices que te equivocas, que en realidad estoy muy fea.

¿Cómo consigues sacarme de mis casillas?¿por qué me mola tanto hablar contigo? Te has vuelto adictivo. Y para “castigarte” decido no escribirte durante el día de la boda. Sé de sobra que soy incapaz de hacerlo. Llevamos varias semanas escribiéndonos y cuando no contestas porque estás en el curro o en la cama, te echo de menos.

Como ya preveía, te escribo cuando entramos al banquete. Y me contestas de la misma. Estás de comida con los del fútbol sala y quieres no liarte mucho porque entras a trabajar de mañana. Eres de los míos, te lías a la primera de cambio. Yo te digo que lo voy a dar todo y que pronto no podré escribir porque he bebido todo lo que ha llegado a mis manos.

 

Una de las veces que voy al baño, veo tu mensaje pidiéndome un favor. Como yo ya conozco tu voz y viendo que no voy a poder escribir (y estás en lo cierto), me pides un audio. Yo que voy con un ligero puntillo (por no decir que ya no veo ni el punto, jajaja), pulso el micrófono del whatsapp sin ni siquiera saber qué te voy a decir. No sé ni qué te cuento pero termino proponiéndote quedar cuando estés libre.

No me puedo creer lo que estoy haciendo. Yo, la persona más insegura del planeta. Respiro cuando veo que me escribes corazones y aplausos. Menos mal, creo que no he hecho tanto el ridículo en mi vida. Es más, me retas un poco más. Ya te he dicho que conoces mis puntos débiles y sabes que voy a hacer todo lo que pueda por no dejarme ganar. Me dices que sin tan valiente que soy, te llame. 

Suspiro varias veces antes de marcar tu número. De verdad, lo estoy haciendo. Cuando pienso que no vas a contestar, oigo un “joder, pensaba que no te ibas a atrever”. Yo, hoy, puedo echarle la culpa al alcohol pero realmente era algo que quería hacer desde hace tiempo.

Nos pasamos más de 20 minutos hablando, ambos estamos muy a gusto pero nos damos cuenta que podemos levantar sospechas, que nos pueden echar de menos y decidimos colgar. Y es que aún eres un secreto. Yo no se lo he contado a nadie. Tengo la sensación de que algún tipo de maldición hay, que cuando hablo de un tío, la cosa se termina. Y contigo no quiero que termine.

Domingo 2 de diciembre. Me levanto pensando en que ayer me bebí hasta el agua de los floreros. Cómo me duele la cabeza. Tengo varios mensajes, entre ellos algunos tuyos. No recuerdo muy bien qué te conté ayer. Espero no haber hecho mucho el ridículo. Recuerdo que me reí mucho contigo, y aunque estuvieses a 56 km, te sentí más cerca que nunca.

56 km han dejado de ser muchos kilómetros y es que cada vez estamos y te siento más cerca…tanto que sigo manteniendo lo que te dije ayer. Quiero conocerte. Quiero saber si el feeling que he sentido por Tinder y Whatsapp es real. Ya te he puesto cara por tus fotos y voz por tus vídeos pero quiero ponerte el resto. Ya es hora de que deje mi timidez en casa y coja al toro por los cuernos.

Quiero conocer a mi match de 56km.

 

Continuará…

 

Científica Empedernida