Como una conversación intensita puede llevarte al éxtasis y a la vez a la distancia más profunda
Mi ex y yo lo dejamos hace muchos años, hemos ido teniendo contacto a temporadas y siempre sentí que aún había algo entre nosotros. Algo en mí me decía que era él y siempre iba a ser él, el hombre de mi vida y mi alma afín, por muchos años y distancia que hubiera.
Hace unos meses, retomamos el contacto y esta vez fue distinto, hablábamos hasta altas horas de la madrugada y muy a menudo, sentí que entre nosotros volvía a surgir la chispa de entre las cenizas que en el fondo sentía que nunca se habían apagado.
Pero hace unas semanas lo empecé a notar cada vez más distante y le propuse vernos para hablarlo en persona. Quedamos en su casa y cuando nos vimos y tuvimos una conversación sobre la situación, me dijo que es que estaba conociendo a otra chica y que aunque no tenían nada estable, sentía que le podía doler a ella y por eso estaba poniendo distancia entre nosotros.
Le dije que si eso era lo que quería, lo respetaría aunque me doliera. Él me dijo que tampoco era una situación agradable, que me apreciaba y me quería, pero que sentía que todo era complicado todo entre nosotros por nuestras circunstancias personales y que, además, en el fondo desde que lo dejamos nunca había sido lo mismo y que no creía en las segundas partes.

En ese momento de la conversación sólo alcancé a decirle que yo le seguía queriendo y que para mí, si había sido igual a nivel de sentimientos hacia él, aunque él no pensara lo mismo, todo esto entre lágrimas, como os imaginaréis.
Se acercó a mí y secó mis lágrimas con la yema de los dedos, sus ojos reflejaban tristeza por la situación y a la vez, en ese momento sentí que le importaba de verdad.
Nos quedamos mirándonos por unas milésimas de segundo que parecieron minutos y le besé. Le besé como se besa a alguien cuando sabes que será la última vez, intentando impregnarme de su olor, inmortalizando cada una de sus miradas y recordando el tacto de su piel por última vez.
Éramos como dos imanes evitando separarse, que entre más los separas más inercia toman cuando están cerca, era inevitable lo que sucedió, yo ansiaba estar entre sus brazos y sabía que él sentía lo mismo, llamadle intuición.
Nos quitamos la ropa despacio, con cariño y besos recorriendo la piel que dejaba libre la ropa al caerse al suelo.
Nos quedamos tumbados uno frente al otro, notando el calor de la piel desnuda e intentando memorizar cada instante a su lado.
Levantó mi pierna y se encajó entre mis muslos y sin prácticamente ayuda externa, entró en mí de una embestida. Me estremecí al recordar lo que era tenerlo dentro, nota cada centímetro y llenarme por completo. Me cogí de su espalda mientras entraba y salía de mí, cada vez más profundo, más rápido y más duro.
Su respiración empezó a agitarse y se mordió el labio, me encantaba cuando hacía eso, significaba que estaba disfrutando y me deseaba muchísimo. Entre el roce de mi clítoris con su pubis y sus embestidas cada vez más intensas, no pude resistirlo más y me corrí en lo que casi denominaría un alarido de placer, que hizo que él en pocos segundos también se dejase llevar y se corriera dentro de mí entre gemidos.

Cuando terminamos, la sensación fue agridulce. Decidí irme pronto porque necesitaba digerir todo lo que había ocurrido y asumir todo lo que había escuchado.
Y así es como una conversación intensita puede llevarte al éxtasis y a la vez a la distancia más profunda, me pudieron las ganas de recordarle por última vez, pero algo murió en mí esa noche.
Después de días dándole vueltas, he llegado a la conclusión de que aunque sigo queriéndole muchísimo, no voy a dejar que mis sentimientos me rompan de nuevo.
Si para él nunca ha vuelto a ser lo mismo, ni cree en las segundas partes, es porque no me quiere ni valora lo suficiente como para romper esas barreras y eso me ayuda a pasar página.
A partir de hoy, mis sentimientos van a estar encerrados en el fondo de mi corazón bajo llave, hasta que se acaben disolviendo y queden en un bonito recuerdo sin billete de vuelta, porque ahora soy yo quien me quiero y decido no volver.
Oaipa