Tengo que contarlo. Quizás hasta que cada [email protected] no tenga esa experiencia no lo vaya a ver así, pero yo puedo decir que lo he comprobado: no todos son iguales.

Llevaba una temporada conociendo a un chico. Hablábamos a diario, nos conocíamos, quedábamos a menudo, nos gustábamos, estábamos a gusto, el sexo era genial, nos reíamos, nos vacilábamos…a mí me gustaba, había encontrado lo que quería, no necesitaba nada más y además desde un principio las cosas estaban claras: sabíamos lo que no queríamos y lo que sí, disfrutábamos el uno del otro sin cerrarnos a la posibilidad de nada, ni tampoco abrirnos la posibilidad a algo, simplemente vivíamos la vida. Hasta que de repente, de la noche a la mañana algo cambia. Las conversaciones no fluyen. Después de unos días sin saber nada de él me apetece verle y en un intento por mi parte de decidir qué hacer (si todo volvía a fluir, o si seguía todo distinto) hablo con él con normalidad con intención de vernos y sucede. LO DICE. No deja la conversación en leído. No desaparece. No te ignora. No te evita. No se va por las ramas. Me dice que está quedando con otra persona y le gusta y ha tomado la decisión de conocerla.

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¿Y cómo me siento? Pues es raro. Es como si tuviera dos sensaciones a la vez. Por un lado estoy triste. Bueno, quizás la palabra no sea triste. Siento como un vacío. Estaba a gusto con él. Me lo pasaba bien con él. Tenía lo que quería. Y siento que he perdido algo. Y por otro lado me siento bien y contenta, porque he conocido a alguien sincero, a alguien que no mira por su ombligo y que le da igual hacer daño a alguien, sino que muestra que tiene valores e ideales. Muestra que es persona y que quiere hacer las cosas bien. De manera que desde hoy no puedo decir que todos son iguales. Esto me ha hecho confiar un poco más en el mundo, me ha ayudado a creer en las personas y que es posible. Ahí fuera hay gente que es sincera, que va con la verdad por delante. Lo difícil es encontrarla…

ElMar