Tras varios años de relación, en 2017 decidí casarme. Mi novio era un hombre respetuoso, cariñoso y nuestra relación era muy tranquila, no solíamos discutir mucho. La verdad que siempre me pareció una exageración eso que la gente dice de las mariposas en la barriga, de la ilusión y los nervios de la boda… Creía que era de esas cosas que la gente dice pero que no tiene que ver con la realidad, pues yo quería mucho a mi novio pero jamás había sentido nada de eso.
Tras la boda todo siguió igual, sin mayores problemas, sin mayores emociones. Tras dos años de casados decidí escuchar a esa voz de mi interior que llevaba tiempo diciéndome que me había equivocado. Nuestros objetivos comunes eran maravillosos, sin embargo, no me hacía ilusión en absoluto seguir avanzando a su lado. Sentía pánico cuando me planteaba separarme y verme sola, pero estaba segura de que casarme había sido un gran error.

Como no sabía cómo salir de esa situación comencé a hacer terapia. Mi infancia había sido muy dura y creía que mi incapacidad para sentir esa emoción en el amor tenía algo que ver con el abandono de mi padre. Con la psicóloga trabajé un montón y admití haber sido maltratada psicológicamente por mi madre. Empezar a sanar aquello fue el mayor acierto de mi vida. Sentía como si mis cimientos empezasen a ser más estables ahora. Al fin alguien me decía que nada de aquello había sido culpa mía. Mi psicóloga me recomendó empezar a hacer algo de ejercicio físico para ayudarme a dejar de sobre pensar y calmar mi ansiedad. Siempre lo había hecho con el único objetivo de adelgazar a la vez que me ponía una dieta estricta, y por eso siempre había abandonado antes del segundo mes. Esta vez sería diferente, esta vez quería estar bien, quería dormir mejor y que la cabeza dejase de darme vueltas día y noche.
Es increíble el efecto emocional que tiene e deporte. Me motivó tanto que empecé a conseguir el objetivo que me había planteado las veces anteriores, pero sin darme cuenta. Pronto mi cuerpo empezó a tomar una nueva forma, mi terapia seguía mejorando y verme mejor en el espejo no hacía más que levantarme la autoestima cada día un poquito más.

Mi matrimonio seguía siendo el elefante en la habitación, esa bola enorme que me incomodaba, pero de la que no quería ni hablar. Él era tan bueno, me apoyaba tanto y me daba tanto cariño que no podía concebir racionalmente no quererlo de verdad, pero efectivamente no lo hacía. Él se había enamorado de mí siendo una persona inestable emocionalmente y ahora podría parecer que al verme bien ya no me interesaba, pero la realidad era otra, la verdad era que no debía haberme casado nunca, pues nunca había estado realmente enamorada. No sabía cómo expresarle toda mi gratitud y cariño mientras le decía que debíamos alejarnos porque lo que yo sentía no se parecía a lo que debía sentir.
No quería hacerle daño, eso era lo último, así que me centré en mi trabajo y mis horas de gimnasio. Entonces apareció J.
J era un nuevo cliente del gimnasio. Era un chico alto, guapo y que dedicaba muchas horas a su físico. Cuando me habló por primera vez noté electricidad, noté conexión, noté algo que no había sentido antes.
Íbamos siempre a la misma hora y solíamos usar máquinas contiguas, así que pronto empezamos a charlar, nos dimos los teléfonos y supimos que teníamos una química increíble. La tensión sexual aumentaba cada día y hacía mi vida mucho más excitante, pero juré que no dejaría que pasara nada. Juré y mentí, pues tres meses más tarde me descubrí planificando un encuentro entre ambos.
Quería mucho a mi marido y no quería romperle el corazón, así que me quitaría aquel deseo de encima como quien se quita una tirita y luego todo volvería a la normalidad. Eso creí, de ingenua. Me convencí de que sería lo mejor para mí y también para él.
Obviamente no se quedó todo en un encuentro único y que nos relajase entre nosotros. En dos semanas yo estaba metida en una aventura muy compleja que me llevó a tener el sexo más apasionado que había tenido hasta el momento. Y cuanta más pasión había, menos cuidados poníamos… Hasta que, una noche, al llegar del gimnasio, mi marido me esperaba con la bolsa del día anterior abierta en la que había una caja de preservativos abierta y un boxer que, claramente, no era suyo.

Fue una noche dura de muchas lágrimas y confesiones. No debí haberlo hecho, me arrepiento un montón del daño que le hice porque no se lo merece, pero en realidad fue liberador para los dos saber la verdad.
No estábamos en posición de vivir solos, así que durante un tiempo tuvimos que compartir piso “como amigos” estando ya divorciados, pero las cosas se ponían muy tensas y lo que era una relación cordial pasó pronto a ser una pesadilla de control.
Él no quería que me fuera del piso y siempre me pedía algo más de tiempo, creo que tenía la esperanza de “Reconquistarme”, pero no se daba cuenta de que, para eso, debía de haberme sentido enamorada antes y no había sido así. Mi relación con J seguía avanzando, nos veíamos con más frecuencia y yo me estaba pillando mucho por él.
Fue en una de las conversaciones con mi ex que él confesó haber estado espiándonos y me contó que J también estaba casado. Sabía que lo había estado, pero creía que se habrían separado por cómo hablaba de ella y el poco cuidado que tuvo siempre de que no nos vieran juntos.

Cuando enfrenté a J y le dije que sabía que aún estaba casado me dijo que qué pretendía, que hasta que yo no fuese totalmente para él, él no se arriesgaría a quedarse solo. Y ahí empezó mi tortura. Se celaba de todo, mi ex y yo dejamos de convivir y jamás tuvimos más contacto, pero no era suficiente, no le gustaba que quedase con mis amigas, no podía salir de noche sin él, pero con él tampoco porque solamente podía hacerlo con su mujer. Cuanto peor me trataba y más desprecios me hacía, más me iba enamorando yo como una idiota. Estaba totalmente prendada de él. Ahora sí sabía lo que eran esas mariposas y sabía, sobre todo, cuanto dolían.
Pero entonces, ya dos años después de relación y de esperar a que se separase con promesas diarias de amor y de futuro, supe que estaba embarazada y conocí su verdadera cara…
Escrito por Luna Purple, basado en la historia de una seguidora.
(La autora puede o no compartir las opiniones y decisiones que toman las protagonistas).
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