Los hombres tienen fama de hablar de sus conquistas. De alardear de lo que han hecho o han dejado de hacer con una u otra chica. Pero seamos sinceros, eso no son conversaciones, la mayoría de las veces son fanfarronadas. Comentarios medio velados que se hacen entre ellos intentando hacerse de más o dar envidia.  Pero ellos no saber hablar de sexo, entre ellos al menos. Las verdaderas conversaciones sobre sexo, las intensas, interesantes y casi peligrosas, son las que tienen las mujeres.

Sí, las mujeres hablamos de sexo entre nosotras y no lo hacemos para alardear. Cuando lo hacemos compartimos sabiduría y experiencia, trucos y, por qué no, quizás las habilidades (o torpezas) de algún que otro amante. Entre nosotras no hay tabúes, ni secretos ni pelos en la lengua. Por eso no necesitamos presumir de las conversaciones que tenemos ni compartimos con los demás esa información, la claridad con la que hablamos y lo que nos contamos es para nosotras y para nadie más.

Yo he aprendido muchísimo de esas conversaciones. La verdad es que cuando era más joven y muy inexperta, hubo momentos en que algunas de aquellas historias me dejaron sorprendida y bastante confundida.

Cuando conocí a mi grupo de amigas yo solo había tenido tres parejas sexuales y estaba a punto de casarme. Recuerdo como si fuese ayer cuando mi amiga Susana me preguntó: ¿Qué tipo de pene tiene tu chico?

“Pues un pene, ni grande ni chico, normal” contesté sin entender la pregunta. Supongo que esperaba que le dijera que tenía una herramienta como la trompa de un elefante o algo así, pero su respuesta me dejó trastocada.

“Pues mi marido tiene un pene de carne.” Respondió ella resuelta.

Le dije entre risas que “como todo el mundo” y se ve que no esperaba mi respuesta porque casi se cayó al suelo de la risa.

Aquel día aprendí que no todos los miembros masculinos eran del mismo tipo o tenían la misma forma. Cosa que me sorprendió porque los que yo había conocido hasta el momento eran bastante parecidos, como si me hubieran venido todos de serie.

Me explicaron que “los de carne” es el que no cambia demasiado su tamaño cuando está “contento” mientras que los de “sangre” son esos que ves y piensas “Bueno, mientras que lo sepa usar…” pero que de repente pegan un estirón y te llevas una sorpresa.  Yo nunca me había fijado en eso porque siempre que había visto el de mi chico ya estaba “listo para jugar” y claro, no tenía referencias.

Pero la cosa no quedaba ahí, no solo era el tamaño, el grosor y lo que cambiaba cuando empezaba la partida, también había de formas diferentes.

Ahí hubo diversidad de opiniones, pero en lo que estaban casi todas de acuerdo era en que existía el pene gancho. Ese era fácil de distinguir porque al parecer estaba torcido. El pene seta es cuando el glande es más grande que el resto. El pene cono sin embargo se trata de un pene que va de más gordito a menos, es decir, tiene más grosor en la base que en el glande, donde se afina significativamente.

El pene plátano se trata de un pene más fino en la base, que adquiere mayor grosor en la zona media y que se vuelve a estrechar en la punta o glande, que además presenta cierta curvatura y el pene lápiz se trata de un pene fino y alargado, recto (es decir, con el mismo grosor, o similar, tanto en la base como en la punta).

Pero eso no era lo más curioso, lo verdaderamente interesante es que según la forma de cada herramienta había ciertas posturas que eran más recomendables que otras y claro, entre formas, grosores e instrucciones me dio la sensación de que para saber manejar semejantes artefactos había que hacer un master. 

Desde aquel momento no paré de darle vueltas a la cabeza intentando averiguar el tipo de aparato que tenía mi futuro esposo. Lo había visto cien veces, bien de cerca y en todas las posiciones, y no era capaz de clasificarlo en ninguna de las modalidades que me habían estado explicando. Tampoco recordaba diferencias significativas en los miembros que había conocido hasta ese momento.

Así que pensé que lo de conocer tantos tipos diferentes de penes era como lo de cazar pokémon. Ves muchos y todos se parecen, pero de vez en cuando encuentras uno extraño y ese tienes que cazarlo.

Categorías aparte y en lo que a penes se refiere siempre he pensado que sea como sea y cualquiera que sea su forma, lo importante es que lo sepan usar. Aunque no todo lo que importa es el pene para disfrutar.

 

Lulú Gala