Había leído tanto por aquí como por redes sociales casos de chicas que se enteran de que su novio les está siendo infiel cuando otras chicas les enseñan capturas de pantalla con mensajes en los que intentan ligar con ellas, o cuando les confiesan que han sido ‘’la otra’’ de su relación durante un tiempo.

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He conocido incluso un par de casos relativamente cercanos y creía que podía hacerme una idea de lo duro que puede llegar a ser enterarse así de que tu pareja te está engañando, desde la negación del principio hasta la confrontación, la ruptura y el duelo. Pero cuando fui yo quien se vio en esa situación me di cuenta de que no tenía ni idea de lo doloroso que iba a ser.

Yo llevaba un par de años saliendo con un chico al que llamaremos Juan, y estábamos en nuestro mejor momento. O al menos eso creía yo. Pasábamos bastante tiempo juntos y no había nada que pudiera hacerme pensar que me estuviera siendo infiel: compartíamos aficiones, teníamos bastantes amigos en común, disfrutábamos de una complicidad maravillosa y el sexo con él era increíble.

No puedo decir que fuera desatento conmigo, que le viera más enganchado de lo normal al móvil, que le notase desganado conmigo…absolutamente nada que me pudiera hacer sospechar de que se estaba viendo con otra chica y desde hacía bastante tiempo.

El gran error por su parte, habiéndolo ocultado tan bien durante tanto tiempo, fue sin duda ponerme los cuernos con una chica de nuestra misma ciudad, una ciudad pequeña en la que todo el mundo acabamos conociéndonos antes o después. Y quiso la casualidad que esa chica a la que llamaremos Laura estuviera estudiando el primer año de diseño gráfico con una de mis mejores amigas, con la que acabaría congeniando divinamente.

Así que fue una cuestión de tiempo que todo saliera a la luz.

Aún tengo guardado el mensaje que llegó a mi bandeja de solicitudes de Instagram aquella tarde: ‘’Hola, perdona que te moleste, me llamo Laura y tengo que hablar contigo, es importante. Voy a clase con tu amiga Inés y creo que hay algo de lo que tenemos que hablar, ¿podemos vernos en persona?’’.

Como podéis imaginar, su mensaje me impactó muchísimo y corrí a ver su perfil. Lo tenía privado, pero sí que teníamos bastantes seguidores en común, amigos y conocidos míos entre los que estaba Inés, así que le pregunté a ella directamente y le mandé la captura de pantalla. Inés me confirmó que era compañera suya de clase y que era muy maja, pero no tenía ni idea de a qué se refería. Se ofreció a venir conmigo si aceptaba quedar con ella y eso fue lo que me decidió a decirle que sí.

Le propuse quedar a la mañana siguiente, ya que era sábado y las tres teníamos el día libre, y ella contestó que genial, que cuanto antes mejor, y me pidió que por favor, excepto a Inés, no le dijese A NADIE que habíamos quedado, que lo que tenía que contarme implicaba a terceras personas y no quería que se enterasen.

Claro que aquello me mosqueó, pero fuera lo que fuera lo que tenía que contarme no quería cagarla. Además íbamos a vernos en un parque bastante transitado e iba a acompañarme una de mis mejores amigas, así que no tenía nada que temer respecto a mi seguridad.

Cuando la vi a la mañana siguiente después de toda la noche sin pegar ojo me di cuenta de que su cara me sonaba de haber coincidido con ella más de una vez. Inés nos presentó, nos dimos los dos besos de rigor y paseamos un poco hasta el banco más cercano.

Ella se retorcía las manos, visiblemente nerviosa, y mantenía la cabeza agachada ante nuestras miradas inquisitivas. Le pregunté qué era eso tan importante que tenía que contarme y me miró a los ojos: ‘’creo que he estado saliendo con tu novio’’. 

Reconozco que por un momento quise creer que era una broma de mal gusto, me quedé tan descolocada que fui incapaz de reaccionar, de preguntar, de decir nada. Ella se apresuró a sacar su móvil, abrió Instagram y me enseñó un perfil creado unos ocho meses atrás, con pocos seguidores y lleno de fotos de mi novio.

Un perfil que yo no conocía y que no aparecía al buscarlo yo desde mi cuenta.

Miré la pantalla y la miré a ella, aún sin comprender pero comenzando a atar los cabos que aún me quedaban sueltos. Y entonces Laura, con lágrimas en los ojos y mirando al suelo, empezó a hablar.

Me contó que se habían conocido en una floristería, ella iba a comprar un ramo de flores a su abuela, que estaba en el hospital, y él le dijo que iba a comprar un ramo para su madre por su cumpleaños.

Eso había sido hacía poco menos de un año, y al enterarme de las fechas me eché a llorar; esas flores habían sido para mí por mi cumpleaños. Hablaron un poco mientras esperaban a ser atendidos, pero cuando ella se iba a ir él le pidió el Instagram con la idea de seguir hablando, y ella aceptó.

Me contó también que había tardado en contactar con ella y que ella había llegado a olvidarse del tema hasta que él empezó a seguirla desde una cuenta bastante reciente. Le dijo que había tenido un problema con Instagram y que le habían quitado la cuenta, de ahí que hubiese tenido que hacerse una nueva, y ella le creyó porque no tenía ningún motivo para no hacerlo.

Habían seguido charlando con frecuencia hasta que él le propuso quedar a tomar un café, y a raíz de ahí empezaron a quedar con cierta frecuencia, al menos una vez a la semana salían a dar una vuelta, a tomar algo o quedaban en casa de alguno de los dos.

También me dijo que era cierto que no solía tener muestras de cariño con ella en público, pero que no le había dado importancia porque ella era la primera a la que no le entusiasmaban.

Su burbuja explotó un día por pura casualidad. Y es que Juan había tenido buen cuidado de mantener su cuenta ‘’oficial’’ privada y con un nombre sacado de un personaje de una serie, de crear una nueva cuenta y de bloquearme en ella, pero no había contado con que mi cuenta sí que era pública y estaba llena de fotos con él. Y resulta que mi cuenta le apareció a Laura en la pestaña de ‘’personas que quizás conozcas’’, ya que como os he comentado teníamos bastantes personas en común, y como a ella también le sonaba mi cara se metió a curiosear en mi perfil.

¿Sabéis cuál fue la foto en la que todo le quedó meridianamente claro?

La foto que subí con él y con el ramo de flores, ese que a ella le había dicho que era para su madre, en la que yo escribí un pie de foto dándole las gracias y diciéndole lo mucho que le amaba y él me contestaba con un largo y almibarado texto en los comentarios.

Me contó que había dado vueltas al tema durante un par de días sin saber si confrontarle a él directamente, pedro consejo a Inés al saber que era amiga mía, dejarlo pasar un tiempo a ver qué pasaba…pero al final había decidido que lo más justo y sensato sería hablar conmigo directamente, sin dar opción a Juan a tratar de manipularnos y sin intermediarios.

Cuando terminó de contarme todo nos quedamos un rato calladas, ella cabizbaja y nerviosa y yo completamente en shock, tratando de ordenar mis sentimientos al no saber si estaba triste, furiosa o decepcionada, o todo a la vez.

Fue ella quien habló primero y fue para pedirme perdón; se sentía dolida y engañada, pero también muy culpable por haber sido ‘’la otra’’. Yo me eché a llorar y le dije que no pensase eso, que había sido una víctima igual que yo y que de no haber sido por su honestidad yo nunca me habría enterado del tipo de persona con el que estaba saliendo.

Tras hablarlo las tres decidimos que lo mejor era que yo quedase con Juan como un día cualquiera y que ella se presentase por sorpresa, para que no tuviera ocasión de escapar, y eso fue lo que hicimos.

Podría decir que me hizo gracia la cara que se le quedó cuando vio que Laura llegaba y se sentaba con nosotros en el banco del parque en el que habíamos quedado, el mismo en el que había quedado con ella unos días atrás para hablar de cómo nos había estado engañando a las dos.

En cierto modo disfruté al verle acorralado, él que se sentía tan seguro y tan listo al engañar a dos mujeres a la vez. Pero ante todo, fue muy doloroso. Lo bueno de todo aquello es que no le dejamos opción a excusarse, su fachada se derrumbó por completo y se fue de allí avergonzado y dolido.

Y lo mejor, después de todo, fue la inesperada alianza que se forjó entre Laura y yo. A día de hoy seguimos siendo buenas amigas y me alegro muchísimo de tener a una persona tan honesta y tan leal cerca de mí.