De como se empieza en Tinder
Y tras meses de hablar del tema sin definirlo, te despiertas con un calentón del quince y pensando que lo tuyo con el “crush” roza la obsesión. Lo has visto, te has puesto malísima y alguien te ha dicho “se te nota un montón”. Tocada y hundida. El crush es amigo, tiene pareja y yo ahí no quiero ni meterme ni romper la amistad. ¿Y si diversifico? Porque toda mi energía sexual se está concentrando en fantasear con él…
Me despierto, miro a mi marido y le digo “¿Qué pasaría si me abro Tinder?”.
Y me lo abrí, a ver qué pasaba. Pero claro, una madre de familia con relación abierta en Tinder tampoco debería enseñar la cara, ¿no? Sobre todo porque mi vida privada es mía y espero nunca afecte a mi familia por la opinión o acciones de terceros. Foto insinuante, escote, es real pero no se me ve la cara. Nombre falso. En unas horas me dice Tinder que tengo más de 99 matchs. Oooookeeey.

Vaya personajes que hay ahí dentro. Los primeros en caer directamente quieren quedar a follar en la tercera o cuarta línea. Uno de los que pasa los primeros filtros y acaba en mi Whatsapp (primer error de persona nueva en Tinder, dar el Whatsapp, mejor siempre Telegram) acaba mal. El tío me recrimina de qué voy y qué me espero encontrar con mi actitud de querer quedar en un sitio público y no querer hacer videollamada con él. Y digo bien, me recrimina que de qué voy y que me va a ir de pena, que se nota que soy nueva y me caerán los casados y los mentirosos. Flipo. Next.
De los primeros contactos aprendo rápido. El Whatsapp mal, tienes que dar tu teléfono, corro a quitar mi foto de perfil, mi nombre completo… uno incluso me busca en google y encuentra una antigua empresa que tuve… Mal. Telegram es bien. Configurar un nombre de usuario, no permitir ver tu número, y las maravillosas fotos con autodestrucción (esas a las que les pones un contador y luego desaparecen) ya que por defecto no se puede ni hacer captura de ellas y si lo hacen, te avisa… algo es algo. Ahora entiendo que los infieles y demás fauna de Tinder sea donde se mueve. Lógico.

De los primeros días ya sólo tengo “algo” de contacto con uno. Es un extraño caso de tipo desaliñado con un rabazo al que me gusta vacilar y que es de lo más guarro que he visto, pero que luego venir a verme no viene. Pero bueno, hay ya casi hasta confianza. No sé si algún día se materializará este polvo, pero la verdad, yo ese tamaño querría probarlo alguna vez en mi vida.
Otro que apareció parecía majo, separado, resultón… Quizás, demasiado majo ya que de sexo no hablamos nada, un poco a lo que surja. Tomamos unas cañas y hablamos un montón, pero ni rastro de picardía o insinuación y yo si no me dan pie, no ataco. Pues nada. Vas teniendo tablas y los nervios de quedar los vas manejando. No veas como impresiona quedar.
Por el camino algunos se van cayendo, algunos supongo que no les gusto. Qué rabia, un canoso rockerillo con un puntazo no fue a más… Paré antes de arrastrarme pero… qué ganas. Pero a mí también me pasa, y otros no me gustan a mí… Llegó un momento en que uno me tenía totalmente eclipsada y no tenía tiempo ni coño para excitarme con nadie más. Así que suspendí Tinder un tiempo y me entretuve jugando con mi Agente de la Ley que da para un capítulo completo.
Próximamente…
Por Bryn the Valkyrie