La virginidad es un concepto de mierda y, por desgracia, las mujeres lo sabemos mejor que nadie.

Plantarte con veintidós años y no haber experimentado absolutamente nada en el ámbito sexual puede generar ansiedad ¿Por qué? Yo te explico.

Las que hemos crecido rodeados de novelas románticas, es decir, Crepúsculo, como referencia de amor ideal adolescente (A/A es todo mentira, no penséis que el amor o el sexo es eso), sabemos la cantidad de expectativas con las que tenemos que lidiar las mujeres. Que si no tengas un pelo en todo el cuerpo, que si no sudes una gota no vaya a ser que, gime delicadamente o, lo mejor de todo, no va a dolerte.

Chato, que sea virgen no significa que no sepa que voy a ver las estrellas y no precisamente por placer ¿por qué crear esa fantasía alrededor del sexo?

El cine, la literatura o algunos miembros de la sociedad, más animales que mi perro, dan por válido que con dieciséis años tienes la edad ideal para follar como un cosaco.  Y cuidado, quizá sí que estés preparado para “perderla” (como si alguna vez la hubieses encontrado, pausa para risas) pero no generalicemos.

Entonces, ¿si no pierdo la virginidad en ese idilio de instituto es que me pasa algo en la cabeza?

Por qué sí, hay personas que piensan que no haber perdido la virginidad a una edad prudencial (por dios, leed esto con ironía) es porque algo turbio tiene que haber ocurrido. Pues no “mi ciela”, no te pasa nada, no tienes un fallo, te lo aseguro.

Solo es una putada que los medios de referencia actuales (películas, series, libros..) no reflejan a mujeres  que se conozcan lo suficiente para saber que quizá es un poco pronto para hacer ciertas cosas. Por no hablar de que, si tocan esa realidad, cuentan la gran mentira de que al ser más adulta, ya controlas perfectamente la situación como en “Cincuenta sombras de Grey” (gran referencia para todo ¿verdad?).

¿Y a qué viene todo este rollo? ¿Por qué creo importante hablar de la virginidad? Porque sería egoísta guardarme el secreto: la virginidad no existe.

No tienes un velo sagrado que custodia tu honor. El sexo es confianza, tanto en la otra persona como en ti misma y forma parte de las muchas decisiones que puedes (o no) tomar a lo largo de tu vida.

No tiene fecha de caducidad y se practica por diversión, no por obligación. El día que te mires al espejo, mires a tu pareja y tengas ganas reales (ese picorcillo, ya me entendéis), será perfecto. Con pelos, con sudor, con gritos (y no suspiros que parecen doblados por Michelle Jenner de lo bonitos que suenan) será perfecto.

Con dieciséis, con veintidós o con los que el cuerpo, el tuyo, decida.

 

Rocío Torronteras (@rocio_tor16)